Al pan, pan, y a los ravioles…
«Pan y pastas deben ser compradas a la luz del día», es la recomendación primigenia de la División Salud y Programas Sociales de la IMM para evitar las crecientes adulteraciones en estos alimentos básicos.
La autoridad municipal efectuó en la semana que concluye 50 inspecciones en panaderías y fábricas de pastas: en ninguna encontró pruebas de que se estuviera empleando bromato de potasio o aditamentos prohibidos. La ecuación es considerada relevante, en tanto el temor público crecía.
«A la luz del día» implica para las autoridades sanitarias municipales el que se eviten desde los panaderos «a domicilio» (aquellos de quienes se desconozca el origen de los productos, que no de los intermediarios acreditados), a las pastas «caseras», cuando no aparezca dato alguno como aval de la IMM. Las autoridades descartan de plano que todo farináceo que se vende en ferias implique riesgos, pero advierten de la importancia que a ese nivel tienen las autorizaciones, permisos y rótulos obligatorios a nivel municipal. Recuerdan asimismo que la mayor cantidad de multas aplicadas por la IMM en materia alimenticia ha sido por adulteración de las fechas de vencimiento de los productos: las ferias son bocas de comercialización vitales de estos alimentos en infracción, particularmente panificados, cuando de industria nacional se trata.
En cuanto al manido tema del ilegal mejorador de harinas, bromato de potasio, las posibilidades para el consumidor de detectarlo «a simple vista» son nulas.
En lo posible se aconseja optar en los casos de las pastas económicas, por las «secas» antes que por las «frescas». En el caso de estas últimas aceptarlas solamente estando en vitrinas refrigeradas. Las pastas rellenas (ravioles, tortelines, etc.) «son de muy difícil producción económica», entienden los técnicos. En buen romance: el ciento de ravioles a veinte pesos merece, al menos, desconfianza. *
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