LA CRISIS EMPUJO A LOS URUGUAYOS A COMER MIRANDO SOLO LOS PRECIOS

Alimentos peligrosos en la mesa uruguaya de cada día

De analizar en profundidad cuánto comemos, transgénicos incluidos, en lugar de un artículo habría que escribir un libro. Acepte el lector que estas páginas sean simple referencia de lo que está ocurriendo en nuestro ámbito informativo más inmediato, las formas de identificar algunos riesgos, y evitarlos.

De atenernos a la faz teórica, los montevideanos (que no los uruguayos), acatamos una normativa bromatológica municipal que sigue al pie de la letra las listas de la Food & Drug Administration (FDA) de los Estados Unidos. También seguimos las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, y de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

Con ello deberíamos estar seguros. Pero en realidad no lo están ni en el norte, así que lo que ocurre alrededor no debería asombrarnos demasiado. Más bien advertirnos.

Si algo nos diferencia con las naciones desarrolladas, es que mientras allí el mayor porcentaje (50%) de situaciones de riesgo con alimentos es por «manipulación hogareña e involuntario», acá es todo lo contrario.

«La mayor cantidad de multas aplicadas en Montevideo en esta materia es por adulteración de las fechas de vencimiento en los alimentos: un 23% del total de sanciones, el año pasado», explica el director de la División Salud y Programas Sociales de la IMM.

Para el doctor Miguel Fernández Galeano, «existe un verdadero mercado internacional de alimentos con fechas vencidas, empleados en otros países para alimentación animal; pero en Latinoamérica suele tener otro destino».

Advirtió que los usuarios deben aguzar sus prevenciones, «ya que actualmente para adulterar los vencimientos se emplean tecnologías de impresión muy sofisticadas».

Recordó a la población que en éste como en todos los demás temas referidos a alimentos, la IMM, a través del Centro de Información al Consumidor (teléfono 1950, interno 2131), atiende todo el año las inquietudes de la población.

«El segundo mayor motivo de multas, un 18% del total, se debe a la no habilitación de quienes producen o expenden alimentos, en régimen informal o semi-informal», dijo Fernández Galeano. Apuntó que esta es un área más vasta y más compleja «donde el consumidor solo, poco y nada puede hacer». Convocó en ese sentido a que los vecinos comuniquen a los teléfonos citados sus alertas, así como a que sean precavidos en extremo. «Tampoco puede decirse que todo lo barato sea malo: hay productos a bajo precio dentro de las condiciones bromatológicas exigidas. Por lo general cuando es así, los productos cuentan con todo el detalle de autorización claramente impreso».

 

Aditivos: cada día más

En 1999, los importadores pidieron autorización a la IMM para ingresar 3.600 nuevos productos alimenticios al mercado capitalino: se autorizaron 2.700.

En 2003 se solicitaron 3.300 habilitaciones; se concedieron 2.200.

El problema mayor que enfrentan estos productos es el de los aditivos prohibidos, capítulo medular de los códigos alimentarios.

Si bien algunos aditivos como el ácido acético (vinagre) se usan desde hace 5.000 años, sin que la Humanidad parezca afectada, otros de más reciente data están acusados desde por tóxicos (los nitritos conservantes) hasta por cancerígenos (el BHA, antioxidante). Estos dos últimos están prohibidos en los países desarrollados, pero se aceptan en Uruguay.

Aunque la Intendencia ha procurado fomentar el consumo de productos sin aditivos, y exige una rotulación clara de los envases que contengan productos con aditivos, la crisis afectó las mejores intenciones.

 

Agua impotable con gas

«Existe una escalada de marcas nuevas en el mercado de bebidas analcóholicas. Y aunque en Montevideo la reglamentación impidió la salida al mercado de algunas, las mismas fueron ingresadas después desde otras intendencias que las habilitaron», afirma Fernández Galeano. Lo peor es esta contradicción es que «algunas de esas bebidas estaban hechas con agua no potable, inclusive».

Descartó de plano que el precio determine con exactitud la calidad del producto, «en tanto algunas de las marcas más reconocidas producen ahora bebidas gasificadas de menor precio, buscando competir en ese sector del mercado».

Apuntó que las limitaciones más fuertes impuestas por la IMM están en las condiciones para el envasado, que difieren para cada una de las diecinueve comunas del Uruguay.

Para el técnico, las posibilidades que tiene el consumidor de detectar elementos potencialmente capaces de afectar la salud, en estas bebidas, son ínfimos, debiendo recurrir a los servicios municipales competentes. *

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