Los de arriba y los de abajo

No será exceso decir que la más republicana de todas las repúblicas de la América Latina fue el Uruguay. Fue.

Una república no es más que un sistema institucional de pesos y contrapesos  en el eje, por ejemplo, de la separación de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial)  de cuya vigencia y equilibrios resulta una realidad que da que todos los ciudadanos son iguales ante la ley y tienden a ser iguales ante las oportunidades de desarrollo individual. Si la ley defiende a unos iguales más que a otros o si el Estado beneficia a unos iguales más que a otros, entonces, lo que se cae es la moral y los valores mismos de una república: su propia razón de ser.

 

La sensibilidad republicana

Una república supone un sistema de garantías operando a través de reglas de juego en cada subsistema de una democracia. Así se debe medir, por ejemplo, lo genuino de la relación entre el elector y el elegido en el sistema de representación política (cómo se elige a los dirigentes, por ejemplo), la ecuanimidad efectiva del sistema judicial (ecuanimidad herida desde 1981 cuando se eliminó el sistema de doble juez y se potenció así el error judicial), la existencia de salvaguardias en el sistema de seguridad pública que nos amparen de la corrupción policial, la eficacia de las políticas sociales que nos garantice un real acceso de los individuos a la ciudadanía no sólo política sino social, la transparencia en el ejercicio de lo público (se trate de gestiones, licitaciones, privilegios de cualquier tipo) así como se deben evaluar permanentemente, también, otros muchos ámbitos de la vida del colectivo.

En eso consiste la sensibilidad republicana: calibrar permanentemente si lo que ocurre en determinado ámbito de la vida de la sociedad  fruto de las reglas de juego en ese ámbito imperantes  juega a favor o en contra de las garantías de los ciudadanos, de los derechos a la igual oportunidad. O, si por el contrario, se enquistan privilegios, o procedimientos no transparentes, alejados del ojo de la «polis», de la gente.

 

República y poder

Básico resulta que en el seno de la sociedad el poder sea visto como un relativo lo más transparente posible. Cuando el poder se acrecienta en demasía, su propia envergadura genera sombras y escondites, zonas opacas desde donde desplumar los derechos colectivos.

La más importante de las contribuciones del Batllismo a la sociedad uruguaya no fue su política socialdemócrata de integración social, como se suele creer, sino un aporte previo, sin el cual no hubiera existido Estado del Bienestar. El aporte más importante fue lograr enlazar al poder político adentro del juego institucional, acotar el poder atrabiliario y absoluto que regía en la América latína toda, y permitir, entonces, la generación de una verdadera república, con equilibrios, garantías y poder acotado. Yo no sé si la propuesta de gobierno colegiado es una buena idea en sí misma. Sí fue un formidable inoculador en nuestra cultura política de una idea muy limitada del poder. El colegiado hizo republicano al subconsciente nacional.

 

La pre-República de fin del siglo XX

No vamos a hacer ahora la crónica de la caída de los valores republicanos en el seno de la sociedad uruguaya. Algunas reglas de juego fueron quedando anacrónicas  las reglas de juego deben modificarse periódicamente para mantenerse al son de los cambios de la sociedad , otras reglas de juego dejaron de funcionar pues así lo lograron grupos de presión que se fueron convirtiendo de a poco en un sistema-establecido-de-privilegios. Privilegio es la palabra a la cual el sentido republicano es más refractario. No sólo dejamos de ser todos iguales, no sólo uno concentra en detrimento de los demás, sino que, sobretodo, una sola excepción anula el funcionamiento del sistema. Caen las garantías de la regla de juego instituida y todo pasa a ser la lucha en la selva, donde se vuelve a la época anterior a las normas sociales, en que las tribus hacían sus pactos y eso era la ley.

Lo cierto es que, como hemos dicho en otras ocasiones, en la última década del siglo XX se dio un fenómeno de acumulación de poderes de hecho o poderes fácticos  poderes de origen no republicano, ni presentes en el organigrama de funcionamiento social republicano  como no se había conocido en el siglo. Acumulación de un poder político ilegitimado pues se había cerrado a los partidos, particularmente al Partido Colorado que había desmantelado su vida democrática, articulados con poderes económicos, mediáticos, ilegales, judiciales, policiales y otros.

 

La República está abajo, no arriba

La realidad cotidiana nos muestra una paradoja. Glosando las categorías de aquella estupenda serie inglesa que se pudo ver en Canal 5 hace unos años y que contaba la vida en los sótanos contrapuesta a la vida en los salones de una señorial vivienda, «Los de arriba y los de abajo», los de abajo parecen tener claro el tema de la demanda de más república. El problema son los de arriba.

Abajo identificaron claramente el fenómeno antirrepublicano de acumulación ilegítima de poder y lo sancionaron: Sanguinetti no puede ser candidato. Es más, abajo la tienen tan clara que juzgan al antirrepublicanismo por sus procedimientos. Stirling no logra instalarse  pese a todo el circo mediático del «establishment»  porque su legitimidad cupular lo hace sospechoso. Los procedimientos, señor, los procedimientos. Después de todo la democracia no es más que un contrato procedimental. Que no dice, por cierto, que las convenciones partidarias están integradas por dos personas.

El tema es arriba. Todos los días uno puede ver republicanismo violado. No me refiero, por ejemplo, a que el Tribunal de Cuentas y la Corte Electoral están mal integradas pues no respetan  triquiñuela mediante  en su proporción la proporción parlamentaria. Justamente dos instituciones centrales dotadoras de legitimidad a todo el sistema.

No, me refiero a otro tipo de cosas que pasan todos los días y que muestran una élite insensible ante los valores republicanos. Ejemplo. Fau no invita al líder de la oposición al cambio de mando militar y sí invita a ex gobernantes de facto. No valora lo que representa gente y sí valora lo que representa poder fáctico. Fau no tiene idea de cómo moverse institucionalmente. Pero, al otro día, el diario nos anuncia que el secretario privado del Presidente  no el secretario de la Presidencia , a cargo de que el café no se enfríe, va de embajador a Portugal. Los cargos botín, no las responsabilidades republicanas.

Podríamos seguir infinitamente. Porque somos un país con barcos piratas, que tiene fuerzas armadas en el Congo sin aprobación parlamentaria, y porque nos hacemos notar en el mundo porque le proporcionamos ingeniería jurídica para el desfalco a cuanto delito hay en el mundo, pasando por los cárteles de la droga y, recientemente, por Parmalat, que venían desde la lejana Parma a recurrir a una SAFI uruguaya para robar miles de millones de dólares. ¿Una república?

La prueba de la crisis republicana es el caso Peri. Fiscal de facción al servicio del Foro Batllista. (Sanguinetti, que está de campaña electoral, lo defendía expresamente por radio este miércoles de mañana). No puede estar un segundo en ese cargo. No hace más que violar la ley y los equilibrios del proceso judicial en la República y el respeto por la separación de poderes.

Lo curioso y preocupante es que parte de la izquierda  no Tabaré Vázquez que parece tener esto claro  apoye a Peri.

La izquierda en el mundo enfrentó la caída del socialismo con la recuperaciÃ

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