El pos-sanguinettismo

Existe hoy día una suerte de subvaloración en el ambiente político respecto del Partido Colorado-Batllismo y, particularmente, referido a sus corrientes renovadoras. No es un fenómeno nuevo. Uno de los mecanismos imprescindibles para entender cómo dicho partido político ha sido tan dominante en la escena nacional es, justamente, la tendencia a subvalorarlo que han tenido históricamente otros partidos. La incapacidad manifiesta de otras culturas partidarias de entender a esta parte de la identidad nacional. La historia de dicho menosprecio empezó, tal vez, en 1855 con el manifiesto de Andrés Lamas. Es una curiosa y larga historia.

Colorados contra colorados

En realidad, la escena política uruguaya presencia la minusvalidación desde todas las culturas partidarias nacionales respecto a las otras culturas partidarias. A los colorados, por ejemplo, les cuesta mucho entender el mérito nacionalista en la construcción de la democracia uruguaya desde la inédita e insalubre posición de 93 años de oposición. A los partidos históricos, por otra parte y pese a que sangre frentista derramada más que legitima la presencia de esta fuerza en el concierto nacional (además del pequeño detalle de que son hoy la primera fuerza política del país), les cuesta increíblemente aceptar el fin del bipartidismo. A su vez, la cultura partidaria frentista sólo ve desaciertos en los partidos fundacionales de manera tal que a veces pareciera que nada bueno hubiere ocurrido en este país antes de 1971. El futuro de la nación requiere, sin embargo, el más difícil de los nuevos diálogos: el de las culturas políticas partidarias en clave de mutuo respeto. Someterse a la simple idea de que el país somos todos.

Una parte de la subvaloración actual respecto del papel del Parido Colorado en el futuro puede deberse a que se identifica la caída de la fuerza política del Dr. Sanguinetti con la caída del Partido Colorado. No se repara, sin embargo, que han sido fundamentalmente colorados los que han deslegitimado con más fuerza al sistema de ideas y de prácticas en que reposaba el sanguinettismo. Dicho de otra manera, colorados han sido los que han talado al árbol.

En muy pocos años se ha hecho la imprescindible tarea. Les llevó cinco años construir el poder desorbitado del Foro Batllista  articulación de poder político descontrolado, sistema establecido de privilegios económicos y mediáticos, manejo tentacular de poder desmedido en el proceso judicial y en la Policía, ramificaciones con el poder ilegal  y llevó sólo cinco años deslegitimarlo. Esto es desenmascarar su verdadero rostro. La historia vuelve a repetirse. Sólo colorados  que comprenden cabalmente los precisos mecanismos de ejercicio del poder del Uruguay de hoy  han podido, a la larga, con colorados.

Y se ha producido entonces este hito histórico, cual ha sido que los ciudadanos uruguayos con su repulsa primero, y Sanguinetti después, no han dejado espacio siquiera para que el líder del Foro Batllista presente su candidatura. Pero esto no significará históricamente una debacle colorada, sino que por el contrario genera los espacios para que la renovación colorada pueda realizar los aportes que el país necesita al mismo tiempo que relanza al Partido Colorado. La caída de Sanguinetti hay que verla no sólo como el fin de un ciclo sino como, al interior del Partido Colorado, el comienzo de otro ciclo bien diferente. O, para decirlo más crudamente, lo único que amenazaba la existencia del Partido Colorado era la continuidad de la vigencia de Sanguinetti. Colapsada esa vigencia, el Partido Colorado se reanimará en el mediano plazo, cualquiera sea el escenario político resultante de los comicios de fin de este año.

Stirling preso

Mientras crece el pasto en el jardín de los que no entienden, la renovación colorada se ve impuesta de golpe de una nueva responsabilidad. Ella emerge no sólo de haber podado el árbol y verse obligados a ocupar el páramo que su caída ha dejado, sino, además, de que el oficialismo colorado  Batlle Ibáñez-Sanguinetti  sigue equivocándose. Ni por gusto se le puede hacer más daño a su candidato Guillermo Stirling. Lo que lleva a apurar las responsabilidades de la renovación colorada.

Cuando Sanguinetti-Batlle presentan a Stirling como un engendro de ellos mismos  resultado de la Convención de dos personas que llevan puesta como un traje  y lo hacen «candidato del gobierno» en realidad lo perjudican. Los líderes del oficialismo colorado no ignoran esto. El tema es que practican los códigos de una cultura política propia del oficialismo colorado de signo Batlle-Sanguinetti que, a nuestro juicio, está caduca.

La lógica cupular que emana del fenómeno Batlle-Sanguinetti siente resquemor por cualquier posible pensamiento autónomo. Es propio de es cultura política perimida, entonces, no dejar ningún margen de maniobra a otros. Los vicarios tienen que estar atados y bien atados. Existe pues la intención expresa de que la imagen de Stirling aparezca sujetada y dependiente de la voluntad de la cúpula. Quienes queremos competir con lealtad con Stirling sentimos rechazo respecto a la idea con que pergeñan su presentación en sociedad: como maniatado o titirizado. Rechazo por esa conducta tendiente a subrayar que es hijo de la voluntad de otros. Súbdito de otros poderes. La cultura política del liderazgo colorado oficialista termina así anulando las sucesiones y autofagocitándose el futuro del propio partido. Creyendo que su poder es eterno e infinito, en tren de conservarlo, esterilizan su propio proyecto. Y dan paso, necesariamente a un proceso de real sustitución donde, ineludiblemente, el papel central más temprano que tarde lo tendrá la renovación colorada.

Es claro, por ejemplo, que cualquier proceso de sucesión política buscará darle tiempo al candidato para que pueda tener su peso propio. En este caso, sin embargo, en el propio hecho de nominarlo tan al final, existe la intención de que Stirling no tenga poder propio. Pero ni le dieron tiempo antes, ni le dan espacio ahora. Diferente sería la situación si Stirling hubiera renunciado al Gabinete hace seis meses y hubiera recorrido el país conformando su peso política específico. Pero es que, en ese caso, hubiese obtenido tal vez un grado de capital político intolerable para el eje cupular. Diferente sería si, una vez que ha aparecido el candidato, el dúo Batlle-Sanguinetti aceptara estar relegado por un instante. Pero no.

Esta semana misma, Sanguinetti ha aumentado la intensidad y el protagonismo de sus apariciones públicas. Pareciera a cualquier observador no atento que el nominado fuera él.

Alguien tendría que ir a decirle que su película se acabó. Que ganaron los buenos y los malos la quedaron. Telón.

Que empezó ya el post sanguinettismo. *

 

(*) Ex senador colorado

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje