LA COLUMNA AMARILLA

Diálogo con Fau, Orsey y Al Óbol.

 ¿Señor ministro, usted sabía que él estaba invitado?

 Mire, en primer lugar deberíamos aclarar qué es lo que se entiende por «saber». Fíjese usted que ya en los lejanos tiempos de los filósofos griegos, uno de ellos dijo «yo sólo sé que no sé nada».

 ¿Eso quiere decir que usted no sabe nada de lo que pasa en su cartera?

 ¿Adónde quiere llegar con su pregunta?

 A saber si usted tenía conocimiento…

 Se da cuenta. Porque eso es lo que pasa cuando se especula sobre cuestiones hipotéticas que por estar apoyadas en informaciones inciertas generan alternativas fortuitas y al final sólo producen confusión.

 Pero nosotros le estamos preguntando sobre un hecho concreto.

 Â¡Ah, lo concreto! Lo concreto es muy flexible. Yo, por ejemplo, soy una clara demostración de ello. Como dice el viejo proverbio chino: «Si te apretás los testículos con la puerta del sótano por mirar una araña que cuelga del techo… no mates la araña, ponele cortina al sótano».

 Pero ministro, ¿a usted le parece bien que haya un dictador invitado a un acto democrático?

 Lo que a mi me parezca o no me parezca no debe incidir en mis actitudes como representante del Poder Ejecutivo y de todos aquellos ciudadanos que me han elegido para tan importante cargo.

 ¿Usted realmente cree que todavía le siguen aquellos 96?

 ¿Cómo?

 Nada. Pero me gustaría saber si usted piensa, como la mayoría de los uruguayos, que él es un dictador.

 Si nos remontamos a más de 20 años atrás, podríamos hablar de tantas cosas que por supuesto yo como usted hemos vivido y la ciudadanía toda también, ya que no debemos olvidar que tal cual como quedó expresado en varios documentos posteriores hubo acuerdos que dejaron plasmadas aquellas inquietudes.

 No podría contestarme: sí o no, por favor.

 Si o no. Aunque podría ser ni o so. O todo lo contrario. *

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