Suspensión correcta
Aún aceptando los perjuicios que se generan a los conjuntos de primeras horas, muchas veces ya prontos para actuar, con maquillajes, vestuarios y hasta escenografía prontos, cuando se operan suspensiones sobre la hora de iniciar las actuaciones, entendemos que la resolución adoptada el domingo, resultó acertada. No es nada fácil determinar cuando aún no ha comenzado a llover, adoptar esta decisión. Pero la realidad es que más allá de que estemos en medio de un concurso, y de los perjuicios apuntados, que son muchísimos, hasta en el ánimo de quienes estaban a punto de actuar y vieron frustradas sus expectativas, los riesgos meteorológicos que se corrían de no suspenderse, eran muchos y sus perjuicios podía ser aun más costosos.
La amenaza por esa hora (aproximadamente las 19.00 del sábado) era no solamente de lluvias intensas, sobre esa parte de Montevideo (en otras ya había llovido, o estaba lloviendo, o aún no) sino, de vientos huracanados, que al final no acontecieron, sí la lluvia copiosa, menos de una hora después de la fijada para el inicio de la etapa.
Muchos han sido los temporales que hemos sufrido durante el desarrollo de etapas en el Ramón Collazo durante años, y en todos hemos debido lamentar no solamente la frustración de quienes ven interrumpida su actuación, sino el destrozo de escenografías, accidentes eléctricos, roturas de luces ya encendidas al contacto con el agua y la situación del público y sus desesperadas carreras, buscando refugio.
Todo esto, además de los perjuicios de los conjuntos que deben actuar por las pérdidas ya apuntadas, debe ponerse en la balanza a la hora de suspender, lo que lo hace realmente difícil, pero que, en situaciones como las del domingo, no trepidamos en apoyar, por sensatez y hasta en defensa de quienes, en primera instancia se sintieron o se sientan perjudicados. Qué pasaría si en un conjunto para el que el baile es prioritario o el canto es también vital, un bailarín patina sobre el piso mojado en momentos de un giro o un salto y cae mal, como tantas veces ha acontecido.
O un cantante va a un micrófono que por virtud del viento y la lluvia se corta…
¿Ahí reclamamos que se suspenda el espectáculo o que el jurado no tome en cuenta la falla?
¿Pudo el jurado percibir correctamente que el error estuvo motivado por razones ajenas al artista y no por deficiencias propias?
No preguntamos más que sobre casos que han pasado y bastante se lamentaron en su momento.
No entramos en la discusión de si debió haber presencia de directivos de Daecpu en el Teatro de Verano al momento de la suspensión y que fue uno de los reproches formulados, no estábamos allí, no nos consta y por otra parte, eso es resorte interno de la institución y del relacionamiento entre sus asociados. Sí damos fe, de la preocupación que causó durante más de una hora, entre los responsables de la resolución del tema, procurando con su decisión, el menor perjuicio posible a quienes ese día debían concursar.
Más allá de estas consideraciones, queda pendiente el tema verdaderamente injusto y hasta ahora sin solución aparente, del perjuicio económico a quienes desde muy temprano se preparan para competir, cuando esa etapa se suspende y que resulta fácilmente cuantificable, para todos aquellos que manejan el tema.
¿No habrá llegado el momento de que en un gesto de madurez y solidaridad el gremio de los carnavaleros vote un seguro interno o con una empresa que gira en ese ramo, a los efectos del resarcimiento de los gastos mencionados, hoy resignados al «son la reglas del juego» y que como en toda actividad, castiga más al que menos tiene?
Lejos de nosotros, la intención de inmiscuirnos en temas que son de resorte interno de Daecpu. Simplemente pretendemos un apunte al pasar. *
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