Fiebre del oro enfrenta a España con buscadores de tesoros en Uruguay
En cualquier país del mundo, su visita hubiera pasado inadvertida, fuera de los ámbitos específicos. En Uruguay, además de augurárseles un vendaval, están abriendo el resquicio de una situación legal controvertida al más alto nivel.
En el marco de la «cooperación al desarrollo», arriban en estos días a Montevideo seis técnicos españoles en protección patrimonial que, oficialmente, dictarán un curso e inaugurarán una exposición.
Desde las filas de quienes hoy tienen permisos para investigar el fondo subacuático platense a la búsqueda de naufragios, la advertencia es clara: están buscando cambiar las reglas del juego vigentes, para que los tesoros bajo el agua (los culturales, tanto como los en metálico) se queden donde están. Algunas tendencias de la arqueología subacuática, en base a las que se adoctrina a países como el nuestro, es decir sin demasiados recursos para invertir, es: en tanto no hagan nada con ello, salvo dinero, dejen todo donde está.
Aunque la controversia recién comienza, lo curioso es que el Estado uruguayo se está ocupando por sí mismo de cumplir la recomendación española aún antes de oficializarse, en tanto incumple con sus propias leyes.
Es que cuando alguien contrata con el Estado la búsqueda y extracción de naufragios, las condiciones son conocidas: la mitad para el buscador, la mitad para el país.
Así, cuando el descubrimiento son, por ejemplo, doblones de oro, es sencillo: la mitad para cada uno.
Pero, ¿qué ha ocurrido cuando se encuentran otros objetos valiosos, más aun, de alto valor en el mundo, pero muchísimo menos en nuestro medio? Ahí surge una brecha entre lo legal y lo real: cierto es que el Estado reparte…. pero impide llevarse lo repartido.
Tomemos por ejemplo el caso del buque Agamemnón, descubierto en la rada de la bahía de Maldonado. Uno de sus cañones, que combatiera a las órdenes del Almirante Nelson, fue extraído a fines de los ’90. Tiene un estimado valor de subasta altísimo…. en Inglaterra. En Uruguay, bajísimo.
A quien lo extrajo y al Estado, corresponde la mitad a cada uno del cañón. Pero el Estado ejerce su poder, y a través de la Comisión del Patrimonio Cultural, impide tanto comercializar la pieza, como sacarla al exterior.
Fuentes allegadas, reconocieron a LA REPUBLICA que buscadores como Collado o Bado, tienen respectivamente una veintena y hasta una treintena de cajones «de verdura», donde guardan buena parte de lo extraído legalmente, que el Estado no acuerda ni qué hacer, ni qué permitir hacer, mientras buena parte de ello es pasible de deterioro. Con este trasfondo de toneladas de material esperando destino, el arribo de técnicos españoles, que vienen a enseñar qué hacer y qué no, así como el reclamo de buscadores que ven algo más allá de lo docente en todo esto, Uruguay continúa viviendo su momento de máxima expansión en pedidos para buscar tesoros: hay 60 en trámite en la Prefectura Nacional Naval.
Visitas de España
Los españoles Luis Lafuente, Elisa de Cabo, Pilar Barraca, Jesús García Calderón, Tomás Antón del Aguila y José Merce, inaugurarán mañana el curso-exposición: «Protección del Patrimonio Cultural y Cooperación al Desarrollo», auspiciado por la Embajada de su país y la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación. El curso se extenderá desde el 10 al 12 de marzo, culminando con la inauguración de una muestra sobre la rehabilitación patrimonial del edificio del Centro Cultural de España (en donde fuera la Casa Mojana). Los invitados recorrerán además lugares arqueológicos clave para la hispanidad en Colonia del Sacramento.
Consultado sobre la conformidad, o no, con que España ve las formas en que se manejan los descubrimientos del otrora virreinato, el agregado cultural de la Embajada, Javier Gassó Matoses, dijo «no estar autorizado», para dichos comentarios, al tiempo de apuntar no ser técnico en la materia, invitando a la prensa a cubrir la visita.
Lejos de la sede diplomática, en las costas de Colonia, donde acaba de localizar al naufragado «Lord Clive», nave británica hundida en 1763, el buscador de naufragios Ruben Collado advirtió a nuestro corresponsal Luis Carro, sobre los visitantes. «No les bastó con el oro que se llevaron hace 500 años, que ahora vienen por más», apuntó el argentino, cuestionando incluso a las autoridades uruguayas en cuanto a la independencia de criterios.
«Ahora resulta que los españoles no van a dejar que toquen ningún barco que esté hundido en nuestras aguas; incluso buscan arrogarse derechos sobre los tesoros que haya en las naves», afirmó.
«Si los españoles impiden a buscadores extranjeros, reflotar, por ejemplo, los barcos fenicios o griegos que hay frente a las costas de Vigo, ¿cómo vienen a decir acá lo que se puede o no se puede hacer?»
Descartó los cuestionamientos de entidades proteccionistas colonienses («son los mismos cinco o seis de siempre, que me critican»), recordó que acaba de ser invitado por Fidel Castro a visitar Cuba, «para que estudie la posibilidad de sacar a flote varios barcos hundidos en el Caribe. Mientras tanto acá, algunos que entienden nada del tema, igual opinan». *
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