Para tener en cuenta
Teniendo en cuenta que vivimos en un país donde más del 50% de los niños nacen por debajo del índice de pobreza. Teniendo en cuenta que diariamente varias decenas de jóvenes deben tomar el camino de la emigración para intentar desarrollarse como seres humanos y que el gobierno entiende que «honrar sus compromisos» es recortar los presupuestos de la enseñanza, de la salud y del trabajo.
Teniendo en cuenta que se pretende acomodarnos el estado del alma olvidando los crímenes de un estado desalmado contra gente desarmada. Y, lo que es peor, cambiando nuestro pasado.
Teniendo en cuenta que nuestro país ocupa un lugar dentro de este mundo en el cual un analfabeto funcional, que no puede ver televisión y comer una galletita a la misma vez porque se atora, se ha erigido en dueño y señor de la vida y de la muerte de todos los habitantes del planeta. Que con bombos y platillos se lanza a la campaña electoral autonombrándose «Presidente de la guerra» y que con su sola firma -legalmente- puede hacer asesinar a quienquiera fuera de los Estados Unidos.
Teniendo en cuenta que la cultura y la comunicación han ido a para a las góndolas de la Organización Mundial de Comercio para ser «desarrolladas» de la misma manera que lo hacen con los detergentes, los condones y las toallas femeninas.
Teniendo en cuenta que, nos guste o no, lo queramos o no, quienes desarrollamos nuestro trabajo en la comunicación y en el arte somos transmisores de ideología más allá del género y los temas que utilicemos.
Y teniendo en cuenta muchas cosas más que ustedes, seguramente, quisieran agregar a esta lista, es que pongo en vuestro conocimiento y -porqué no a vuestra consideración la siguiente frase que encontré en un reportaje realizado al escritor y dramaturgo argentino Abelardo Castillo:
«Para mí, lo esencial siempre fue la literatura, entendiendo por literatura la dignidad del escritor. Hay ciertos momentos históricos en que la ética y la estética son más o menos la misma cosa». *
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