La vuelta al mundo en bicicleta
Con su cabello largo y enmarañado, al igual que su barba, la imagen del sacerdote Stanislau Kostrzynski (55) se asemeja a la de Cristo. Luego de recorrer varios estados de Brasil –unos 15 mil quilómetros montado en su bicicleta–, el sacerdote cruzó la frontera, vía Chuy, para adentrarse en tierras charrúas.
El objetivo es oficiar una misa en un establecimiento carcelario aún sin confirmar y, posteriormente, partir a Buenos Aires. La idea del católico es llegar en dos ruedas a Roma para entrevistarse con el Papa.
Kostrzynski, nacido Polonia en 1948, aprovechó su año sabático –período de feria para los sacerdotes– para montar en su bicicleta el 1º de mayo del año pasado.
Recorrió todo Brasil oficiando misas en «presidios e hospitais» y en las «ruas», explica en un tosco portuñol.
«Mi idea es llevar el evangelio a los más necesitados, a los humildes. Concibo el cristianismo de una manera muy diferente al de la Iglesia ortodoxa. Hay que salir a la calle y hablar con la gente», sostiene el sacerdote.
De hecho, Kostrzynski, apenas con un morral, una Biblia y un par de mudas de ropa, acompañado siempre por la imagen de Nossa Senhora Megra do Monte Claro, patrona de su Polonia natal, cada vez que llega a un pueblo o ciudad pernocta en algún seminario o iglesia. Allí, se contacta con las autoridades católicas para visitar hospitales y cárceles. También, durante el trayecto, hace un alto en el camino para celebrar misas a los camioneros.
El evangelio según Kostrzynski
A los 33 años, Kostrzynski decidió ingresar a un seminario en su ciudad natal. Nueve años después, en 1990, llegó a Brasilia. A partir de ese momento, comenzó a celebrar misas en dos iglesias de la ciudad: Nuestra Señora de Fátima y San Sebastián. El viaje desde Polonia a Brasil, afirma el sacerdote, tenía como objetivo conocer tierras distantes y otras culturas. Inquieto, el hombre decidió doblar la apuesta y, aprovechó su año sabático para embarcarse en una aventura sin precedentes.
«Siempre fui bien recibido en todos los lugares que celebré misas», concede Kostrzynski. Ante la pregunta de qué motivos lo llevaron a viajar miles de quilómetros en el birrodado explica: «Es toda una experiencia de vida. El contacto con gente enferma o que ha violado la ley significa para mí un aprendizaje. Ellos precisan ayuda espiritual. En el caso de aquellos que están presos, algún día quedarán en libertad y se insertarán en la sociedad. Es por eso que quiero acercarles el evangelio».
Aunque, aclara, éste no es el único motivo de su viaje. Existe otro, más personal e intransferible. «Aunque ellos no se den cuenta yo aprendo mucho de sus historias de vida», sostiene.
«Luego de Uruguay, seguiré hacia Argentina. Mi idea es llegar a Roma en bicicleta para entrevistarme con el Papa. Tal vez puede conseguir otro año sabático para seguir llevando el evangelio a los más necesitados», concluye el sacerdote. *
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