Ambientalistas amplían alertas de conducta a la hora del "ecosexo"

«A hacer el amor, que se acaba el mundo» es la aproximación a una frase memorable y eterna. Pero si ambientalmente el mundo se acaba, hay formas de prevenirlo haciendo el amor. Greenpeace dixit.

A horas apenas de la alarmante confirmación del Pentágono y el Banco Mundial acerca de los cataclismos meteorológicos que se avecinan, antes incluso de lo previsto por los científicos, una reedición en la principal página web de Greenpeace pasó casi desapercibida.

La «guía para un sexo respetuoso con el medio ambiente», en una nueva edición actualizada, bien podría haber alcanzado planas importantes en la prensa mundial. Pero la confirmación por parte de las mayores entidades de defensa y finanzas en el mundo, que lo adelantado por Greenpeace, referido al calentamiento global, se está cumpliendo lapidariamente, relegó el informe sobre el «ecosexo» a un definitivo segundo plano.

«Se puede ser una bomba en la cama, sin por ello nuclearizar el planeta», es la traducción más aproximada al concepto vertebral de la página (/greenpeaceusa.org). Aunque sin dudas existen miles de personas en el mundo interesadas en saber qué más puede hacer en sus vidas para defender el deteriorado ambiente planetario, los consejos acerca de una forma ecológica de amar pueden sonar risueños. Y aunque los mismos autores dan al asesoramiento, giros de redacción con la suficiente gracia como para hacerlos entretenidos, lo cierto es que su trasfondo pauta una vez más hasta dónde llegan las preocupaciones de la entidad. En resumen, los técnicos de Greenpeace coinciden en que sus consejos «están hechos para evitar sentimientos de culpa a muchos ambientalistas cuando miran su entorno al hacer el amor, y en absoluto quieren arruinar uno de los entretenimientos favoritos de la humanidad».

A oscuras, ¿es mejor?

La nómina de consejos prácticos para un amor ecológico está encabezada por uno, con el cual coincidirán muchos lectores sin saber que su accionar es ecológico. «Al hacer el amor con las luces apagadas, estamos reduciendo el consumo de energía y con ello ponemos algo de nuestra parte para detener el cambio climático», entiende Greenpeace. Para estos especialistas, «si usted quiere ver a su pareja, o lo que ambos están haciendo, haga el amor durante el día», sentencia la organización.

El segundo «mandamiento», en este orden de prioridades, está planteado como pregunta: «¿Acostumbra utilizar alimentos que hacen hervir la sangre?», interroga el texto, aludiendo a la proliferación mundial en el consumo de afrodisíacos.

Greenpeace recuerda tres distintas ramas en la incentivación del eros. La primera  los químicos  aparecen contraindicados, en tanto «aún no se conocen bien los efectos a mediano y largo plazo de los mismos, por cuanto se los considera negativos para actividades íntimas». Los segundos  del reino vegetal  requieren la prevención de conocer su origen, «cuidando de que no estén genéticamente manipulados». Obviamente, es contrario a las prácticas ambientalistas consumir derivados de plantas que estén agotándose en la Amazonia u otros reservorios vegetales. Los últimos estimulantes condicionados  los del reino animal  deberán ser atendidos en referencia a su stock de supervivencia en el mundo. Afrodisíacos como las almejas y demás bivalvos son los menos censurados, aunque no recomendables, «para evitar extenuar aun más los estratos bajos de la pirámide alimentaria marina». Los otros, de alta demanda en Oriente, como los derivados de órganos, huesos y dientes de mamíferos en extinción, están prohibidos in totum.

Aunque muchos ambientalistas comulgan también con la vida al aire libre, el informe se encarga de dar por tierra con un placer que les estaba deparado: follar en el follaje. Para Greenpeace, hacer el amor sobre pasturas o céspedes (en tanto habrá a quien le guste el campo, pero también el jardín), puede ser una actividad altamente peligrosa.

«¿Quiere usted realmente poner su desnudo trasero sobre una hierba asesina?», interroga la guía ambiental, al tiempo de recordar que el uso de pesticidas y fertilizantes químicos ha transformado el primigenio verde natural en un agente contaminante de máximo nivel. (Uruguay aparecería así en inmejorable posicionamiento, ya que no se consideran negativas ni las playas, ni las sierras de piedra.)

Aspectos aun más intimistas del relacionamiento sexual entre ambientalistas, son considerados: la saliva vuelve por sus fueros.

«Lubricantes basados en combustibles fósiles, como la vaselina, deben evitarse: las compañías petroleras están destruyendo el planeta, usted trate de no colaborar en eso», aconsejan.

Más delicado aun parece ser el tema de los accesorios para juegos eróticos. La modernidad ha convertido algunas variedades de plástico sintético en las más adecuadas para implementos de esta naturaleza.

El sexo «ecológicamente consciente» exige renunciar a «peligrosos» accesorios fabricados con el muy cuestionado PVC, «cuando se pueden tener los mismos instrumentos hechos con sustancias naturales como caucho y cuero».

Finalmente, y a efectos de no convertir esta crónica sobre algo tan placentero en un drama, cabe consignar una recomendación de Greenpeace, enmarcada en el plan mundial de conservación de los acuíferos potables. «Más de mil millones de personas no tienen acceso a agua limpia; es un lujo y, definitivamente, la ducha debería ser compartida con un amigo/a», aconseja. *

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