Caso de boqueras en un peón rural de Florida genera dudas sanitarias

Un caso muy particular desde el punto de vista sanitario se ha presentado en el departamento de Florida, el cual ha tomado estado público a partir de que uno de los afectados ha decidido terminar con el manto de silencio y comunicar a la opinión pública lo que padece, producto de un trabajo rural con escasas garantías para la salud.

Su nombre es Dany Roca y fue intervenido quirúrgicamente en el Hospital Maciel, de la ciudad de Montevideo, luego de presentar una afección nada usual, alojada en su cabeza, la cual contrajo, según su testimonio, en una tarea rural desarrollada con lanares que padecían la clásica enfermedad de «boqueras».

Según Roca (floridense, changador, 28 años de edad), el trabajo se hizo «a uña», lo cual no es para nada inusual en el campo, aunque sí es inusual que fueran más de 20 mil los lanares en tal estado.

Roca trabajó con sus manos quitando las boqueras de las ovejas, y luego esas manos fueron llevadas indudablemente al resto del cuerpo, propagando en el humano la afección ovina y diagnosticando los médicos un «ectima infeccioso» localizado en el oído del paciente, que hace un mes sufre dicho mal.

Las autoridades sanitarias del departamento de Florida agregaron que fueron diez los casos constatados en la zona, pero los restantes nueve no presentaron complicaciones salvo úlceras o ampollas en las extremidades superiores, que, según los técnicos, «luego se van».

Escasa preocupación

Lo curioso del caso es que ninguna de las partes involucradas en la operación de venta del ganado con destino a embarque se han preocupado por la salud del trabajador rural, un sector que se ha caracterizado por sus escasas remuneraciones y difíciles condiciones de trabajo.

Este caso no fue la excepción, de acuerdo a lo comentado a LA REPUBLICA por el colega Gonzalo Rodríguez que ha estado trabajando en el caso desde que el mismo surgió a la opinión pública.

Un operador, de apellido García Pintos, fue el responsable de contratar a Dany Roca, allá por el 30 de diciembre, para que desempeñara tareas en la estancia «María Dolores», de Florida, junto a otras 99 personas, que terminaron sacando boqueras a 24 mil ovejas afectadas.

Los testimonios agregan más leña al fuego: «Los propios veterinarios allí presentes, cuando les preguntamos, dijeron que las boqueras no eran contagiosas». Sin embargo, ya el 4 de enero la infección estaba presente en el oído del peón rural, que decidió ir al Hospital Maciel «porque en Florida no sabían que tenía».

¿Y para adelante?

La apatía y la falta de interés por la salud del obrero rural ha sido tal que nadie se molestó en averiguar qué tenía. Ni el Ministerio, que tenía a sus representantes en el momento del embarque, allá por la Ruta 12 de Florida, ni los integrantes del escritorio rural Covex SRL, afincado en la capital de la Piedra Alta, ni el contratante, García Pintos.

El negocio es por demás suculento, ya que involucra millones de dólares en el traspaso de nuestras ovejas a suelos extranjeros, previa participación de un negociador de Jordania.

Cada oveja se vende a 34 dólares, lo cual se multiplica por las 160 mil que se fueron, y representa U$S 5.440.000, a repartir entre los dueños de la torta.

La pregunta es: ¿están dadas las condiciones de seguridad para los próximos embarques? ¿Por qué otros trabajadores rurales contaminados con las boqueras no han denunciado la situación? ¿Por qué no hay muestras de preocupación en las partes involucradas y supuestamente responsables? No se sabe, al menos por ahora. *

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