Destacado geriatra propone cambiar el sistema de atención de adultos mayores

El doctor Delmar Rodríguez, integrante del Instituto Gerontológico del Uruguay, afirmó que las estructuras sanitarias deben cambiar para brindar una mejor calidad de vida a los adultos mayores.

Las causas de consulta de los adultos mayores, en lo que se refiere a dolencias físicas, no difieren demasiado de las que motivan preocupación en otras edades.

Sin embargo, la asociación cultural de la vejez con el displacer genera ansiedades que luego de los 65 años hace que los temores relacionados con la pérdida de la memoria, la incapacidad física y la enfermedad de moda, el Alzheimer, se acentúan.

Esos elementos de la ideología colectiva hacen que el adulto mayor se «transforme en una carga para el sistema de salud y la previsión social porque supone grandes gastos, y por ello un gran peso», afirmó Rodríguez.

Las estructuras actuales del sistema de salud tienden a tratar las patologías y no a prevenirlas. «De manera errónea se plantea que pensar en la salud del adulto mayor es pensar en largos períodos de internación, o en casas de salud que deben ser de una forma u otra», señaló.

Por lo general, a causa de su fragilidad física, una persona de más de 65 años padece cuatro o cinco enfermedades no graves. El esquema de atención médica actual es fragmentario; rara vez los médicos interactúan. Esos mecanismos de asistencia provocan la acumulación de tratamientos y medicamentos diferentes, que a veces se superponen. Según Rodríguez, este es el punto que debe cambiarse para mejorar la atención del adulto mayor.

«El paciente luego de deambular por diferentes consultorios y padecer muchos estudios no sabe quién integra todos los tratamientos. No se trata de delimitar chacras, sino de coordinar los esfuerzos de los médicos y de las instituciones», explicó.

Una casa de salud cumple su función social, pero el médico indica que pueden haber actividades de geriatría asistencial que no tengan relación con ellas. «El club del barrio, el club de adultos mayores del barrio, los centros educativos, y distintas instituciones, ONGs, que están pensando en actividades para el mayor autoválido juegan un rol fundamental en su vida», aseguró.

Se ha creado una red de coordinación de la racionalización de la asistencia geriátrica. Rodríguez está de acuerdo con ella pero expresa que «esas iniciativas dependen de los gobernantes de turno o de algún crédito que se recibió. Pero por lo general, luego de invertir en sueldos burocráticos, a la persona mayor le llega muy poco de esa asistencia».

«A eso se le suma la idea equivocada del voluntariado y de que no hay que invertir dinero en la salud del adulto mayor. Como si fuera correcto gastar en otras especialidades e incorrecto gastar en geriatría. La vocación de servicio no implica que no haya que invertir», remarcó.

Muchos de los servicios que implementa la seguridad social para los adultos mayores se autogestionan con descuentos a las jubilaciones o pensiones. Según el geriatra, «igual deberían destinarse fondos para eso». «Las inversiones que se realizan no están de acuerdo a los fondos que se recaudan y tampoco se generan inversiones valederas desde un punto de vista gerontológico», señaló.

La forma de que el dinero destinado a la salud de la tercera edad sea utilizado bien requiere, según Rodríguez, que «las cúpulas se acerquen a la gente; Estamos cansados de vernos obligados a seguir directivas que se alejan de las necesidades de la gente por la necesidad de obtener un crédito».

«Las ideas que son realmente positivas para el adulto mayor son aquellas que respetan su forma de ser; si enviamos al campo a un ser urbano porque el aire es más limpio, seguramente se enferme», explicó.

Rodríguez realiza, como parte de su actividad, talleres educativos para cambiar la idea generalizada de que después de jubilarse ya nada importa porque el fin de la vida se acerca.

«La gerontología preventiva tiene como objetivos los aspectos de salud orgánica y lo relacionado con el entorno social, afectivo del paciente.

Debería aplicarse a todas las etapas de la vida, porque hay hábitos de vida que pueden cambiarse para introducir mejoras en el proceso de envejecimiento», afirmó.

Esta especialidad médica no está ampliamente reconocida por la población, los médicos generales no recomiendan a los adultos mayores que concurran a la consulta de un gerontólogo, e incluso en algunas instituciones no hay geriatras. «Todos admitimos que hay que ir al pediatra, al cardiólogo o al ginecólogo, pero la gente todavía no va al geriatra porque es como ponerse el rotulo de viejo», se lamentó. *

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