Tiene la palabra
¿Qué vino a hacer Batlle a España?
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* En pocas palabras, a diferencia de las anteriores cartas, le aseguró que ya no sólo siento la angustia de ser un «sin papeles». Hay otros sentimientos, dos sentimientos que afloraron después de ver a nuestro señor presidente Batlle en rueda conjunta con el señor Aznar. Uno es la vergüenza, sí vergüenza que tal «señor» nos represente. Parece hasta mentira que un pueblo como el nuestro, tenga nuestra fe depositada en tal personaje. Con aires de grandilocuencia, con su particular forma de ser divertido. Tal vez muchos o no le crean, la estupidez no se puede medir. Pero tratar de convencernos con las mismas mentiras de siempre, no, señor Presidente. Sabe, tengo casi 50 años, la angustia de no saber qué hacer, el dolor de tener que abandonar mi país por gente que como usted gobernó siempre de espaldas. Dos. Remataron al país; lamento haber sido un cobarde y no reclamar a viva voz nuestros derechos cuando allí vivía. Sin violencia, pero en las calles.
Comprar con mentiras, promesas, vino y choripanes los votos; a quién va a hacer creer que el país va a mejorar. ¿Qué hicieron durante años? Y además ¿qué vino a hacer aquí, a presionar por el tratado Uruguay-España de 1870, para que nos den los papeles o a pedir algún préstamo para no perder la costumbre? Gracias. Atentamente.
OBELAR FARIAS – CI 1.346.497.8
«Hechos, no sólo palabras»
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Para quienes no tenemos verdades reveladas, ni ortodoxias inconmovibles, se nos hace cada vez más intrincado y caótico distinguir caminos, ideas, rumbos (ya no modelos). Sería ocioso enumerar, ya no en el mundo sino en la comarca, los signos de la confusión. En toda situación, en todo problema, en toda propuesta es necesario separar la paja del trigo. Saber quién es quién. Distinguir motivaciones, intereses, móviles. Pues todo, en el quehacer histórico (social, político, económico, cultural…) se mueve y se pauta por dos carriles pocas veces coincidentes: el de los hechos y el de las palabras.
La sociedad avanza (?) impulsada por fuerzas contradictorias, no fácilmente visibles. Y quienes se benefician de la alineación y la desigualdad, quieren que lo veamos como producto de una ley natural, como si al ver un volcán en su cráter viéramos sólo el fuego, el humo, la lava, y no se le ocurre pensar ni discutir lo que ocurre en las profundidades de la corteza terrestre. (La globalización, «el fin de la Historia»)
Y los actores sobrevolamos inmersos en el escenario de las palabras. La palabra, gran escalón y avance de la especie humana, tuvo un origen y cimiento más estrechamente unido a los hechos, a la realidad. Luego la palabra cobró alas, voló, soñó, mariposeó, y fue creando un mundo paralelo de ficción. Ya aquello de «hombre de palabra», «la palabra empeñada», se ha vuelto poco frecuente. La palabra voló, se independizó. Y en la actividad política, ni hablar. No se concebía un político sin «el don de la palabra». La palabra seduce, engaña, cautiva, crea paraísos y fantasías. Y ante el dramatismo de la cruda realidad, la palabra se desvalorizó, perdió sustancia, credibilidad.
Los actores se mueven proyectando luces y sombras; y los medios (radios, prensa, TV) traducen a diario, tanto en hechos como en palabras, ese escenario dual, como de ficción. Los señores de la guerra se presentan como titanes de la paz (¡Bush y T. Blair promovidos a Premio Nobel de la Paz!). Los actores y sustentos de la dictadura como campeones de la Democracia, las libertades, los DDHH. Los promotores del neoliberalismo y sus secuelas (hambre, marginación, desempleo, dependencia) como agentes de un mundo feliz con riquezas que se distribuirán equitativamente, con desarrollo, justicia social, oportunidades…
Ya las clásicas definiciones de izquierda-derecha, conservador-progresista, capitalismo-socialismo, sumergidos en el fárrago de discursos, de hipocresías, de ascensos y caídas, de lealtades y traiciones, para quienes no saben desbrozar el rumbo, ven desdibujados los perfiles y terminan en la confusión, el descreimiento, el escepticismo. Es más fácil (y quizá más cómodo) ver al mundo como a través de un cristal de cambalache discepoliano (todo es igual, nada es mejor»…).
¿Cuál es el papel de quienes aún creemos en la política, los partidos, la democracia? Es acaso contribuir, consciente o inconscientemente a ese mundo de confusión y caos en el cual todos se disfrazan de buenos, de patriotas, de demócratas, de libertarios, de poseer gran sensibilidad social. Y en la izquierda, concretamente en el FA-EP y este año electoralmente Nueva Mayoría, ¿cabe acaso discutir quién es más de izquierda, quién «sirve» y quién «no sirve»? Creo, y esa es la idea central que deseo trasmitir, que no podemos seguir transitando y alimentando el camino de la confusión, que a las cosas hay que llamarlas por su nombre, que a las palabras hay que darle contenido, a los proyectos (a los programas) hay que concretarlos. A todo lo que se dice hay que darle un correlato en los hechos, en la realidad, en las actitudes concretas. Hay un viejo aforismo latino el que cada vez hay que cada vez hay que ajustarse más: «res non verba» (hechos no palabras). Que quienes no tengan sustento real para su verba, que mariposeen con sus palabras y sus sesudas elucubraciones incapaces de cambiar la realidad.
Pero nosotros, los que seguimos hurgando en la búsqueda de caminos, ante la cruda realidad, ante una familia de desocupados, ante tantos ancianos y niños en la indigencia, dejemos de mirarnos el ombligo, de discutir sobre el sexo de los ángeles, si Marx sí, si Lenin no, si Cuba sí, si Cuba no; si moderados sí, si radicales no (o viceversa), si revolución sí, si revolución no.
Hay que dejarse de joder y hablar el lenguaje de la gente, darle contenido a la palabra, sintonizar desde hoy y asumir el compromiso de hallar soluciones al sentir y el sufrir diario de los que nada tienen.
El neoliberalilsmo, la globalización, el imperialismo, la revolución (hay ideas, hay rumbos, hay tiempo y futuro para encararlos). En tiempos de decisiones trascendentes, res non verba.
SAUL CORREA PEREIRA – EDIL FA – EP (TACUAREMBO) – CI 846.173-5
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