Uruguayo inventó sistema de distribución sin leva ni resorte que mejora rendimiento de cualquier motor
Robert Darío Borges (43 años) es un mecánico de esta ciudad que por su espíritu curioso lo ha llevado a investigar en nuevas alternativas en el funcionamiento de los motores, arribando a experiencias, que de aplicarse en forma industrial podrían significar una revolución en la construcción de motores.
En diálogo con LA REPUBLICA Borges indicó que desde hace algunos años trabaja en dos sistemas de distribución que incorpora modificaciones que aumentarían el rendimiento del motor.
Especialmente uno de estos sistemas «no tiene ni leva ni resorte», algo que lleva a un mejor «rendimiento del motor porque le saca el resorte que consume mucha energía, y a la vez le varía la alzada de válvula a lo que el motor necesita. Creo que es una cosa muy interesante».
Estos nuevos sistemas desarrollados por Borges podrían ser incorporados a cualquier clase de motor por lo que, en 1999, se comunicó con la fábrica de automóviles Mercedes Benz, de Sttugar, Alemania, intentando interesarlos en la idea.
Algo que efectivamente se produjo, debido a que son aplicables a cualquier clase de motor, tanto terrestres, como aplicables a la náutica, ya que los hace «menos contaminante, más fácil de arrancar, más elástico en las marchas a bajas revoluciones, que es donde el motor realmente pierde», indicó Borges.
Agregó que una vez establecido el contacto con la fábrica alemana, «me responden que la manera que a ellos les interesaba era siempre y cuando estuviera la patente otorgada».
Allí es precisamente donde comienza la peripecia de este mecánico que lejos de ver cristalizado su proyecto de poder comercializar su invento se encontró con un vericueto burocrático que hasta el momento no ha podido sortear.
«Bueno, desde abril del 2000, hasta el día de hoy no he podido hacer nada, ni siquiera ha entrado a estudio creo, en el Registro de la Propiedad Industrial», expresó.
«Si bien en el registro de propiedades me dijeron que yo podía mandar dibujos y demás, que de hecho los mandé, nunca me contestaron nada. Hace poco tiempo llamé, y muy sueltos de cuerpo me dicen que vuelva a llamar en uno o dos meses, porque los que podían informarme no estaban».
Fabricó un camión pero no pudo empadronarlo
Pero el periplo de este investigador mercedario no termina allí, ya que buscando nuevas formas de construcción y diseño de vehículos que podrían ser aplicados a la industria Borges diseñó y construyó un camión.
«Compramos un chasis, un diferencial por otro lado y un tren delantero y se le hizo todo: la cabina, se le adaptó el motor», apuntando a lograr un vehículo de bajo precio y que pudiera comercializarse en el medio.
«El problema fue cuando fuimos a empadronarlo. Teniendo todas las boletas, desde el último tornillo a todo lo que se necesitó para hacer el camión, no lo pudimos empadronar, porque hay una ley que la solicitaron los de Ascoma», que lo impide.
Borges añadió que esta imposibilidad de empadronar vehículos construidos por un particular «no es una ley mundial» sino que existe únicamente en nuestro país a impulso de los importadores uruguayos «para que nadie pueda fabricarse un vehículo, y de esa manera hay que comprarle sólo a ellos, pagando lo que pidan».
Señaló además que en este proyecto de construcción de camiones «tenía una propuesta de una gente de Nueva Palmira, que fueron los que me vendieron el motor. Me propusieron que me suministraban los motores, los chasis y los diferenciales y yo hiciera lo otro. Anduve hablando con todo el mundo, y nadie me dio bolilla. Podría haber sido una fábrica que podría haber empleado no sé cuantos operarios. Yo no pedía plata, ni apoyo económico ni nada. Simplemente que se reformara eso, un carril por donde se pudiera acomodar el tema del empadronamiento».
Tampoco le permitieron armar un triciclo barato
El mismo problema se repitió en el año 2001 cuando Borges intentó armar triciclos para reparto, para «las verdulerías, panaderías, los lecheros; reparto hormiga. Donde se necesita una cosa ágil y de poco consumo. Había un interesado de Montevideo que ponía los motores cero quilómetro, motores de 100 cc con arranque eléctrico, con marcha atrás, con todo. Compré un autito para sacarle las ruedas para armarlo y volvimos a chocar con el mismo tema. Se habló con un montón de gente.
Gente que está en la política y en la intendencia ahí, en la Oficina de Promoción y Desarrollo, que es una mentira eso porque no hay nada para este tipo de cosas. Repito nosotros no fuimos a pedir plata, fuimos a pedir que reformaran esas leyes nefastas que solamente existen en este país».
Explicó luego que la fabricación de estos vehículos insumía alrededor de 2.500 dólares, «fabricándolo artesanalmente, y un triciclo marca Bajaj, que es indio, una cosa de muy mala calidad, valían 4 mil dólares, una cosa pero muy mal hecha que no tenía ni arranque eléctrico».
Abrumado por las trabas que ha encontrado en su trabajo, Borges concluyó: «yo pensé siempre, que lo difícil era poder hace algo, materialmente hacerlo. Diseñarlo y después hacerlo, y todo lo demás, pero el problema surge acá cuando viene el tema del papeleo».
«Nadie a venido a decirnos que las creaciones no sirven porque están mal», resumió: «Aquí las trabas han sido de otro tipo, gente con poder económico que solicita al gobierno la creación de determinadas leyes que los beneficien sólo a ellos». *
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