Tiene la palabra

Carta abierta a la ciudadanía y a las autoridades nacionales

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Estimados lectores. Nos dirigimos a ustedes para decirles que somos familiares de víctimas de muertes violentas. Nos cuentan por decenas y vivimos en toda la República. Hasta hace un tiempo, ocupábamos el rincón oscuro de las estadísticas oficiales. Si bien es cierto a cualquiera le puede tocar semejante desgracia, es una realidad que no le deseamos a nadie. De alguna forma que no logramos comprender, nuestro destino o Dios (sin importar la manera en que lo concibamos), se ha llevado un trozo de nuestras vidas, razón por la cual vivimos, estando muerta una gran parte de nuestro ser.

Para personas en nuestra situación, tan solo existir, sorteando cada amanecer, nos significa un calvario diario, plagado de recuerdos dolorosos y tristes y peor aún, de futuros sembrados de incertidumbre y desasosiego. Nos sentíamos condenados por el desinterés.

Esto es porque nuestros seres queridos, víctimas de homicidios todavía impunes, no descansan en paz. Desde su silencio sepulcral, ellos claman por justicia. Desgraciadamente, los asesinos que tomaron sus vidas, todavía no han pagado su deuda, por el contrario, gozan de libertad y buena salud, amparados por el olvido.

No obstante, en un país y en un Estado que en distintos aspectos ha levantado airadas críticas, donde se dice que no hay ideas, donde se afirma que la justicia tarda demasiado y a veces no llega, que el sistema está cada vez más lejos de la gente, inmerso en una tecnocracia sin fin, con redes de explicaciones de corte jurídico para cada trámite, explicaciones que el pueblo no entiende, en ese desierto aparentemente estéril, han sobresalido personas que, innovando y trabajando, inspirados en ideales puros, por su propia iniciativa e inteligencia, han efectuado una esmerada labor en beneficio de aquellos que, como nosotros, nunca habían sido considerado como víctimas. Sí, somos aquellas víctimas que soportan en vida la pesada carga de la infamia, la tristeza, el insomnio y la congoja, hasta llevarnos a la frontera misma de la locura.

Pero, en momentos en que la envidia, el egoísmo, la desidia, la incomprensión, la intolerancia, el descreimiento, las ambiciones abusivas y la avaricia amenazan con ahogar a la virtud, surgió una luz en nuestro camino. Efectivamente, afirmamos que en este mundo hay personas que desinteresadamente, sin efectuar cálculos mezquinos, abrieron las puertas de sus corazones y nos iluminaron, nos dieron esperanzas y nos devolvieron la fe perdida. Ellos saben que aquí no hay botín para repartir, más que la satisfacción por el deber cumplido.

Esos individuos, blandieron aquella sencilla receta de la que ningún hombre libre y soberano de sus ideas y pensamientos jamás debió apartarse. Sus ingredientes son: trabajo infatigable, honestidad, constancia, perseverancia, seriedad, responsabilidad y criterio. Con esos atributos han conquistado el pedestal de nuestra confianza.

Nos referimos al doctor Oscar Darío Peri Valdez, entre otros. Como fiscal de Corte y Procurador General de la Nación, nuestros ojos lo han visto como un insobornable, incorruptible e infatigable buscador de la verdad. Por suerte para nuestras causas, personas como él se cruzaron en nuestro camino y los casos criminales de nuestros familiares han sido extraídos del olvido cruel y lúgubre del archivo judicial. Ellos decididamente han arrancado enérgicamente, y desechado la fría carátula de: «caso sin resolver».

Se nos ha devuelto un hálito de vida que permite a nuestros corazones y mentes controlar aunque sea momentáneamente, la exuberante ansiedad que por momentos nos desborda y nos consume. Ellos nos han atendido y comprendido de la misma forma que un ser humano trata a su semejante, de igual a igual.

Acaso tal estirpe de hombres, que con sus actos, edificando a la Justicia misma y dando ejemplos que privilegian nuestra sociedad, ¿no merecen el reconocimiento público permanente? Preguntamos: ¿es posible, en tiempos tan difíciles, plagados de necesidades y dolor, utilizar el tiempo para detenerse a cuestionar la legitimidad que encierra el talento y la virtud que le son atribuidas a las personas que nos ayudan y nos dan respuestas? O tal vez ellos son tan sabios y humildes y nosotros tan sordos, ciegos e hipócritas que no somos capaces de distinguir lo banal acuciante, lo urgente y accesorio de lo esencial e importante. ¿Es posible que no podamos distinguir un modelo de conducta a imitar, cuando hay que dar crédito a quienes han dado considerables muestras de que nos protegen y dan sustento a valores tan caros por nuestras familias y para la convivencia social? Señor Oscar Darío Peri Valdez, no salimos del asombro al pensar que su destino pudiera llegar a jugarle tan inmerecido infortunio. Nos inquieta tan solo pensar que nuestras causas caigan nuevamente en el olvido porque usted, nuestro silencioso mentor y auxiliador, sea apartado de la diáfana y digna gestión que públicamente reconocemos ha desempeñado.

Estamos preocupados porque en el tiempo que lo conocimos no le hemos agradecido lo suficiente, por todo lo que usted ha hecho, por la diligente, humana y profesional forma en que nos ha atendido siempre, sin importar su agenda de compromisos, sin importarle nuestra extracción social o la complejidad de nuestras causas. Algo reconocemos que ha jugado en su contra. Es que conociéndolo entendemos que a usted no le caracteriza la locuacidad hueca del charlatán, que, cuan ejecutor de melodías en una flauta mágica, encanta y adormece a la bestia para aprovecharse de la situación. A usted no lo encuadran ni los falsos afectos, ni la vanidad, ni la propaganda, ni la soberbia. Nadie sabe que usted es un hombre extremadamente austero y cuidadosos con los recursos que administra, sencillo, cortés y amable, firme en sus principios y convicciones, que siempre dejó en su despacho una puerta abierta, y dedicó, como si fuera un ritual, una silla para calmar nuestro cansancio en el largo camino que al igual que peregrinos, debimos recorrer antes de llegar a su presencia. Siempre tuvo oídos para escucharnos atentamente. Siempre nos dijo «Si, haremos todo lo legalmente y personalmente posible».

Es momento en que nosotros le correspondamos a usted con un SI mayúsculo, con el sí del optimismo, con el sí dedicado a las almas nobles llamadas a los grandes logros, llamadas a trascender, con el sí de los que vencen obstáculos y se sobreponen «a los cantos de sirenas» y tienen la conciencia tranquila, con el sí de la mano tendida y el abrazo genuino que se brinda a quien se admira y para decirle «a voz en cuello» que estamos orgullosos de usted y satisfechos con sus gestión, siempre coronada con la meticulosidad, el esmero, el afán de perfección, sin conocer desmayos ni desvelos, cualidades que por sí solas hablan de su capacidad, dedicación, calidad y armonía mental y espiritual. A los hombres con dignidad no se los acorrala.

ENIR PINTADO, madre de Laura Delgado, asesinada el 16 de febrero de 2000.

WALTER TRIGO, padre de Andrés Trigo, asesinado el 17 de agosto de 1998.

LUCIA DIAZ DE DUBOIS, madre de Lucía Dubois, asesinada el 31 de diciembre de 1998.

 

Agradecimiento de la Iglesia Evangélica Valdense

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Estimadas y estimados colegas:

La coordinación de Prensa de la XLI Asamblea Sinodal de la Iglesia Evangélica Valdense quiere agradecerles por este medio que ha sido nuestro contacto en el último mes, la atención y la disposición que han tenido para con nuestras actividades.

Solo el trabajo solidario y manc
omunado de todas y todos quienes creen, sueñan y luchan por un mundo más justo y con lugar para todos, hará posible la concreción de lo que hoy parece aún utopía.

Sigamos juntos por el derecho a la comunicación para todos/as.

Cordiales saludos y hasta cualquier momento en que nuestros caminos se encuentren.

CLAUDIA FLORENTIN – Periodista

 

Un cambio en el país debe ser acompañado de un cambio en el pensamiento

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Quien suscribe esta comunicación, Julio Alfonso Cortizo Velázquez, CI: 3.747.996-5, judicial y docente en los liceos de Las Piedras, antiguo lector de LA REPUBLICA y ahora televidente de TV LIBRE, se dirige a usted a fin de plantear una inquietud, que usted habrá de tomar en cuenta o no, según lo considere oportuno.

Leyendo el libro sobre palestinos e israelíes de fecha 9.2.2005, he descubierto muchas y llamativas circunstancias, que me preocupan en cuanto a la realidad histórica que de alguna forma se trata, pero sobre todo en lo que hace a la seriedad de una obra de investigación que se publica en un diario de izquierda.

Siempre he considerado que la izquierda debe ser muy crítica y sobre todo, autocrítica. Debemos ser exigentes, rigurosos, y buscar la verdad allí donde ésta se encuentre. Duela a quien le duela usted muy bien definió algo que no nos animábamos a reconocer, la existencia y acción de una izquierda fascista.

En el mismo sentido, debemos reconocer la existencia de una izquierda prejuiciosa, teñida de preconceptos, nada riguroso intelectualmente; nada honesta en cuanto a sus formulaciones.

He visto en ese libro mencionado ut supra, muchas carencias, olvidos involuntarios pero también voluntarios; preconceptos y mensajes que dirigen toda la supuesta investigación en una sola dirección. Pueden haber miles de opiniones sobre el tema, pero formar opinión es algo diferente y conlleva una responsabilidad hacia el lector que debe ser reclamada por éste.

Comencé con una nota dirigida al espacio dedicado a los lectores, pero el tema es amplio, involucra toda una forma de ver el mundo, los conflictos, la práctica humana, tanto así, que resultó una carta demasiado extensa para ser enviada a ese espacio.

Sabrá disculpar mi atrevimiento, pero el objetivo de esta comunicación, es solicitarle se me facilite de alguna manera la publicación de uno o varios artículos en referencia al tema.

Digo uno o varios, pues se dedicarían a analizar lo escrito y lo no escrito en ese libro.

Sería importante desarrollar una discusión amplia sobre el tema, algo fermental, que ponga en evidencia cómo pensamos; lo que es capaz de discutir una corriente de izquierda.

Se sumarían otros actores.

Por supuesto que dependerá, más allá de compartir o no el contenido de los mismos, de si resultan aptos para ser publicados, hecho que usted deberá verificar.

El compromiso con la verdad, la búsqueda de la misma, es un hecho que no debemos renunciar. La posibilidad de un cambio en el país debe ser acompañado por un cambio en nuestra forma de pensar y de vivir. Eso es lo que me impulsó a realizar la presente solicitud.

Quedando a sus gratas órdenes, me despido atentamente,

PROF. JULIO CORTIZO

 

Al Comandante de la Armada Nacional

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Al escuchar su discurso con motivo de su nuevo puesto sentí la necesidad de escribir esta carta y hacerla pública. Antes de pensar en comprar un petrolero para cumplir un sueño de la armada, tendría que pensar en el sueño de aquellas familias que han perdido a sus seres queridos en el cumplimiento del deber. Hay en Punta del Diablo un Barruminas llamado «Valiente» con 3 cuerpos dentro y un helicóptero con un s/oficial dentro: Mi hermano. estas naves pertenecen a la Armada Nacional, estas naves estaban cumpliendo con su deber.

Usted, Daners era comandante de Búsqueda y Rescate y no pudo rescatar esos hombres. No le parece que sería mejor comprar equipos para encontrar y recuperar los cuerpos de estos integrantes de la armada y de cualquier persona que tenga la desgracia de perderse en nuestras aguas. Ese tendría que ser el sueño de cualquier comandante de la armada. Los familiares todavía esperan el regreso de aquellos que salieron a cumplir con su deber y no han vuelto. Además con lo que cuesta un petrolero se compra equipo para la armada, comida para el personal de la armada y ropa de trabajo.

Quizás mis palabras le molesten, pero dentro de ese helicóptero está Felipe Irineo Núñez Cabral «mi hermano» y la compra de un petrolero para cumplir un sueño, cuando hay muchas personas sufriendo. Me parece fuera de lugar. Mi familia llora su muerte, nuestra madre murió llorando por el hijo que nunca entregaron. Mi hermano y esos tres hombres que están en el fondo del océano se ganaron el derecho de ser enterradas como dios manda. Eran y son y serán por siempre y para siempre. Integrantes de la Armada Nacional. Tienen nombre y apellido. No son números.

MARIA GRAZIELA NUÑEZ CABRAL – CI: 3.474.358-9

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