Teoría del Uruguay

Dínamos de la identidad

El universalismo como motor de la uruguayidad

Probablemente ello se deba a que el sujeto uruguayo es básicamente resultado de un proceso de inmigración que fundamentalmente incorporó migraciones provenientes de toda Europa, centro del mundo, a su vez, en el siglo XIX y primeras décadas del XX, cuando se forjó más definitivamente la identidad uruguaya.

Es decir que, a diferencia de casi toda América Latina, la cultura uruguaya encontró sus respuestas fundamentales  entre ellas el qué somos  no en elementos de culturas locales preexistentes, sino mayoritariamente en el crisol plurinacional que le dio origen.

Uruguay fue así importante por su capacidad de estar al día tanto en los debates de la humanística como de la ciencia.

Por ejemplo, no se puede explicar el éxito del modelo uruguayo de principios de siglo XX sin entender, previamente, las respectivas fortalezas de las diferentes vertientes del espiritualismo y del positivismo que, muy contrapuestas durante décadas, terminaron sintetizándose en modernización plasmada desde esos dos pulmones.

Cabe hablar, pues, en el caso uruguayo de un caso paradigmático de construcción ideológica de identidad. Lo que no nos aportaban culturas preexistentes debió dárnoslo el sistema de ideas.

Décadas más tarde, al Uruguay «cerrado» económicamente le correspondió un Uruguay cerrado culturalmente. Hoy, los estudiantes universitarios, buena parte de la academia,

los «emprendedores» uruguayos en cualquier campo suelen, en el referido sentido, no-estar-en-el-mundo. Esto no es sólo un problema de conocimiento puro, sino que va conformando pautas de conductas «aldeanas» signadas por debates pobres y cerrados. Consecuentemente, las elites dejan de generar discurso y el «lugar común» estéril se apropia de todo el imaginario del país. Por lo antedicho, Uruguay sufre, en su aislamiento contra natura de su ADN original, un simultáneo proceso de desuruguayización y de acción «desidentitaria».

Es que el acceso al mundo para el uruguayo no es otra cosa que la «completud» de su identidad y una potenciación de su capacidad. En un mundo en que, por lo demás, todo lo que no sea cosmopolita pagará muy caro el precio de ser aldeano.

Una idea central de cualquier modelo de desarrollo uruguayo tiene que apoyarse en esa peculiaridad que se viene de señalar: la aptitud uruguaya para la universalidad.

El horizonte posible de la construcción uruguaya en ciencias y tecnología elemento central en cualquier propuesta de «pequeño país modelo» en el siglo XXI, debe acudir a ese activo internacionalista de la uruguayidad. La función de producir conocimiento incluso a partir de la síntesis de conocimiento previamente producido externamente es, por ejemplo, una capacidad a desarrollar a partir del patrimonio nacional mencionado, supérstite, sin embargo, a todas las crisis que ha enfrentado la sociedad uruguaya.

La aptitud universalista es, por lo mismo, un componente estratégico básico en todo proyecto de desarrollo nacional.

Uruguay será, en tanto sea para-el-mundo. En última instancia, la aptitud universalista es un caudal o capital espiritual nacional fundamental a la hora de ser capaces de salir a competir en un mundo de sociedades de información.

El relanzamiento del «pequeño país modelo» feliz expresión de Batlle y Ordóñez, pasa necesariamente luego, por un papel de vanguardia en la dinámica de divulgación social de la información. Si hay un país subdesarrollado que por su escala poblacional, sus indicadores culturales y sociales pese a la erosión de la actual crisis puede acceder a la sociedad de la información, ese país es Uruguay. Y puede exportar al mundo el producto de esa sociedad de la información. Eso debe estar en la base de su proyecto futuro.

Presentar la primera sociedad de la información de la región supone darle sentido a Uruguay en la región pero, además, darle fundamento a la región misma.

El historicismo como articulador de la identidad

Uruguay es, a diferencia de casi todo el resto de América, un producto identitario ideológico, decíamos. No se apoyó en culturas preexistentes sino que tuvo que hacer, básicamente, reingeniería de su propio europeísmo ahora americano, esto es, repotenciado. Europeismo residual relanzado a través del ámbito de libertad que significó durante muchas décadas la palabra América. Uruguay es un ejemplo paradigmático, luego, de producción ideológica de identidad. Pero ello fue posible en la conjugación tolerante y liberal de las ideas: así, por ejemplo, la sociedad uruguaya construyó el único Estado del Bienestar liberal del continente, diferente a los Estados del Bienestar más corporativistas y autoritarios del resto de la región, frecuentemente denominados, para esconder semánticamente su antiliberalismo, «nacionales y populares».

Un territorio sin culturas preexistentes, con presencia decisiva, se convirtió por lo mismo en la cultura más historicista del continente. Mientras el país elaboraba su devenir y procesaba ideas de modo nacional, precisaba del historicismo para afincar el aluvión inmigratorio que lo corporeizaba crecientemente hacia una identidad firme. El historicismo dotaba de identidad al desarraigo que portaban los inmigrantes y transmutaba a éste en un capital social positivo en términos de universalidad viva. El historicismo no sólo integró a la nación, sino que ordenó las capacidades que se importaban al canalizar rápidamente esa integración de modo que en el transcurso de una sola generación los hijos de los inmigrantes alcanzaban el óptimo de conocimientos que brindar a la sociedad.

Uruguay tiene, entonces, su ventaja comparativa de futuro en la recuperación de lo que fue su know how básico en el pasado: la aptitud universalista. La recuperación de la identidad universalista pasa no sólo hoy por el re-conocimiento del historicismo nacional, parte del éxito futuro se vincula al resarcimiento de los reflejos culturales constitutivos del país, y su mensaje cosmopolita, sino naturalmente, por un nuevo referenciamiento con un exterior globalizado y accesible como nunca antes en términos de captura posible de conocimiento. Uruguay precisa, así, hacia adelante un simultáneo y profundo ejercicio intelectual hacia adentro (y hacia atrás) y hacia afuera. Una verdadera teoría del Uruguay no descansa, sin embargo y obviamente, en la reconstrucción del historicismo tal cual era. Hoy somos un país de emigración no de inmigración.

Hoy, se trate del campo que se trate (seguridad pública, sistema judicial, sistema de concesiones mediáticas, sistema financiero, sistema de partidos, representación política, sistema constitucional de gobierno, etc.) todas las reglas de juego funcionan mal. Cuando un sistema tiene todos sus subsistemas en clave de disfuncionalidad hay una república que se acaba y tiene que nacer una nueva república, esto es nuevos sistemas de reglas de juego. Que eso fue lo que se hizo hace cien años. Pero el historicismo de entonces, el historicismo integrador a la sociedad de miles de desarraigados que llegaban a nuestras costas, era un historicismo cerrado. Los editores historicistas colorados pintaron todo lo blanco como equívoco y, simétricamente, los blancos dibujaron todo lo colorado como nocivo. Eran dos actores ya no más y la cancha dividida al medio con dos discursos excluyentes y todos, entonces, felices. No es así como una tierra de tan solo tres millones de individuos se hará notar en este mundo globalizado. La historiografía de los años 60 que negó al liberalismo colorado y blanco y los deslegitimó históricamente, en el camino sin salida de un antiliberalismo estéril sigue rigiendo y no ayuda pa
ra nada en el encuentro de los verdaderos reflejos latentes en la memoria de nuestra identidad. El nuevo historicismo tiene que ser abierto al análisis desapasionado, despartidarizado y desideologizado si para algo no sirvió la historiografía revisionista antiliberal fue para aportar documentos, ya que hay un Uruguay histórico documental oculto que nos espera, capaz de integrar a todos, y capaz de, dándole espacio a todos, descifrar nuevamente la clave del país del éxito. Una identidad sintetizadora que sea funcional nuevamente como voz propia en el concierto universal. *

(*) Precandidato del Partido Colorado

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