Gran nivel de actuaciones
Nuevamente las entradas se agotaron, marcando el nivel de aceptación del público a la propuesta artística, de un concurso de agrupaciones que seguramente marcará un récord en cuanto a espectadores, al cabo del certamen.
«Arredoblar», un buen debut
Las posibilidades de trabajo para todos los conjuntos en especial los que recién aparecen, más allá de los nombres integrados a sus filas son, pese a todo, muy pocas.
Arredoblar no quedó ajeno a este fenómeno y llegó al teatro de verano apenas con dos escenarios hechos.
Esto incidió negativamente en sus posibilidades de afiatamiento y acostumbramiento, a un público diferente y con otras exigencias, que el que cada noche los acompañó en sus ensayos.
No obstante, Arredoblar tuvo una actuación de buen nivel, basada en buenos textos de Ariel Fernández y atractivos y bien realizados arreglos corales en los que participaron Ignacio Torena, Daniel «Yaya» Pereira, Bruno Medina y Fernando de Moraes, quien fue su director escénico y por momentos uno de sus muy buenos solistas.
La murga por lo general cantó bien, destacando entre otras las presencias de Daniel «Pela» Núñez, Daniel Tizsios, Julio Sánchez , Nelson «Popi» Bertolini.
Los vestuarios en su diseño y confección a cargo de Eduardo Infante y Mariela de los Santos acompañaron el lucimiento de la murga.
Conformidad en Edgardo González, su director, alentando que esta buena demostración sea la puerta que le abra posibilidades de trabajo para el grupo y que bien merecido se lo tienen.
Tronar de Tambores, brillante
Una gran demostración comparsera que nos regocijó en extremo fue la que brindó en la noche del sábado Tronar de Tambores.
En una de las mejores demostraciones lubolas hasta el momento, el lujo de la comparsa estuvo en la misma actuación, en un guión sumamente ágil muy bien actuado por Jorge González y Charo Martínez y también en los trajes, algunos magníficos que presentó en su cuadros.
Los parlamentos fueron apenas un breve introito a cada tema, todos ellos bien trabajados musicalmente pero también con buenas interpretaciones solistas y del coro.
El guión plantea una retrospectiva del carnaval y sus diversas manifestaciones populares, desde el corso, el asalto de máscaras, el tablado, las reinas, hasta la Noche de Cenizas, en la cual, otrora se celebraba el cierre formal de las festividades, por ese año.
Cada recuerdo se transforma en un cuadro alusivo notablemente representado, dentro de un espectáculo sin solución de continuidad, con el tambor como gran protagonista y los más auténticos ritmos de nuestra cultura afro.
Hay figuras verdaderamente impactantes.
Adriana La Palma, una de ellas, por momentos se roba la escena, pese a que jamás quedó sola.
No obstante, el magnetismo de su voz es tal, que atrapa al público apenas comienza a modular las primeras estrofas de su tema.
Muy bueno también el aporte de Charo Martínez cantando además de actuando y de Guastavo Balta a quien vimos muy medido, tal vez en uno de sus mejores años, cantando, componiendo y dirigiendo.
Hay cuadros para mí memorables por su concepción estética y por su realización, como el de Fantasmas de febrero, Colombina y Pierrot, Vendedor de Alegría o la Burundanga en la que, a su tiempo, aparecen todos los personajes típicos, también muy ajustados en sus representaciones.
Una mención aparte merece la aparición en el escenario de Julio Sosa «Piel Canela», demostrando sus fenomenales dotes de bailarín y su excepcional carisma, en un «diálogo» de notable plasticidad con la cuerda de tambores que el público ovacionó.
Tronar de Tambores, por espectacularidad, por fidelidad a sus raíces culturales y por su entrega en beneficio de la gente estará definiendo la categoría.
La Margarita, humor hecho murga
Jorge Velázquez, no lo vamos a descubrir ahora, es de los más importantes letristas actuales del carnaval.
Maneja como pocos el humor y la ironía, con justa dosis de ambos, que hace absolutamente divertido su mensaje, sus parlamentos, marcando con dureza y a carcajada limpia, lo más «embromado» de nuestros gobernantes de turno y más allá de todo el andamiaje social que compartimos y que vuelca con brillantez en la murga.
La Margarita es una agrupación muy sólida con componentes de gran nivel, con voces espectaculares algunas de ellas, muy bien ensambladas por Felipe Gardiol que les saca un gran partido.
Así logra pasajes notables, menos frecuentes de lo deseable, por supeditar el canto a los fenomenales cuadros de humor o a solos, no menos espectaculares, que el público ovaciona, tales como el de Ana Laura Villalba en los desaparecidos o los de Daniel Chiribao.
El equilibrio exacto diálogos-canto en la murga es muy impreciso y difícil de establecer a priori, por lo que estos apuntes no significan un cuestionamiento de lo hecho, sino la constatación de una evidencia, deliberadamente planificado y que rindió frutos de excepción, por lo menos en el público.
Para ello contó la murga con presencias destacadísimas como las de Diego Bello, un fenómeno, Alejandro Olmedo que no le fue en zaga.
Javier Modernell también con un destaque solista brillante, al igual que Darwin Díaz y los ya nombrados Ana Laura Villalba, gran candidata a la voz de murgas, no solamente por su actuación solista sino por su aporte general al trabajo colectivo.
También Daniel Chiribao, por la jerarquía de su trabajo.
La Margarita es uno de los grandes espectáculos de este carnaval, estará en la liguilla peleando puestos de vanguardia en la categoría.
Momosapiens al mejor nivel
Los Momos eran a priori los grandes protagonistas de la etapa y desde luego una cuota parte muy importante del público que desbordó las instalaciones del Teatro de Verano fue a disfrutarlo.
Nadie, seguramente, salió defraudado.
Momosapiens tuvo una actuación redonda, con momentos estupendos en los que conjuntó en sus libretos una gran cuota de humor y alegría en la «Maldición de la Negra Perla», con la seriedad y hasta dramatismo de la «Lista de Schindler».
Desde el Galeón montado como escenografía en la primera parodia, notablemente realizado por Jorge Hirigoyen hasta los vestuarios excelentes, recreación de época y los maquillajes, dan un marco sumamente disfrutable a una parodia que divierte en todo su transcurso.
Grandes actuaciones individuales de un plantel de calidad, excelencias en cantos y bailes son atributos altamente destacables en lo hecho por Momosapiens, no porque sí, uno de los grandes favoritos del público.
Horacio Rubino, Carlos Viana, constituidos desde el ingreso de Viana a los Momos en una dupla fenomenal, van marcando los tiempos de las parodias, pasando desde aquellos que estudian cómo hacerlas, hasta su participación activa de ellas.
La segunda parodia, difícil de asumir en carnaval, fue realizada creo que en forma notable y respetuosa, con algunos toques de humor que no opacaron ni remotamente la seriedad y dramatismo que emana de la obra original.
Brillante trabajo de Carlos Viana, representando a Schindler y no menor como director de la puesta en escena, resolviendo notablemente algunos momentos vitales de la representación, como el tren de la muerte, entre otros.
Ruben Cabrera, Darwin Pirri, Gerardo Jalowiec, también Gustavo Coco Rivero y Carlos Rodríguez, destacan actuando y cantando notablemente. Algún que otro «lujito» a capella, que ya se ha hecho frecuente en los Momos, fruto del trabajo de Jorge Velazco, excelente también como arreglador musical, marcan también puntos altos de la contundente demostración de M
omosapiens, que verdaderamente nos impactó. *
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