Tiene la palabra

El gobierno sigue siendo divertido

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

No hay caso. Este gobierno divertido nos sigue sorprendiendo día a día con declaraciones realmente asombrosas de sus más encumbrados representantes.

Esto me hace llegar a la conclusión de que siguen, aún hoy, pensando en que están gobernando a un pueblo que les sigue creyendo. No hay otra explicación.

Fíjese usted por ejemplo, que el diputado Ruben Díaz, acerca del discurso en el acto de aniversario del Frente Amplio, efectuado por el próximo presidente de Uruguay, doctor Tabaré Vázquez, dijo que el Frente Amplio no ofrece soluciones a los problemas del país. Conclusión: ¿Quién creó estos problemas? ¿Quién sumió al país en la miseria y en la desocupación? Ellos, los colorados, así que ahora, es deber del Frente Amplio solucionar estos problemas, según el diputado. Es decir que pretenden que, como por arte de magia, el Frente Amplio les solucione todas las barbaridades que cometió su gobierno colorado, al que él representa.

Hay más. El ministro Stirling dijo que se desconoce el modelo económico que llevará adelante el Frente. Pues bien, señor ministro, si bien ustedes desconocen el proyecto del Frente, el pueblo todo conocemos lamentablemente el de vuestro partido. Conocemos el modelo económico vuestro, que equivale a miles de uruguayos emigrando, destrozando familias, condenando a la desocupación y a la miseria de la mayoría de los uruguayos, y al hambre, etc.

Hay más. El propio presidente Batlle, quien ahora resulta que también desciende de españoles (cuando viaje a la India o a Afganistán, va a decir que sus antepasados son hindúes o afganos) además de descender de argentinos, norteamericanos, brasileros, etc., etc. (Menos de cubanos, no sea cosa que el tío George W. se enfade con él), acaba de decir que los miles de uruguayos que viajaron a España a buscar empleo, lo hicieron como consecuencia del mal momento económico que vivió el país en el pasado (?).

Conclusión: este país está como nunca, fantástico, no hay más desempleo, inflación, gente sin vivienda, etc., o sea que ya superamos la crisis, según el Presidente.

Y ni que hablar de Sanguinetti. Pero se necesitaría un libro (varios tomos) para analizar sus declaraciones.

En definitiva, para no ser más extenso, todos los días este gobierno no deja de sorprendernos. Y digo sorprendernos. De lo que le resta de este nefasto gobierno, hace todo lo contrario, para echarse al pueblo en contra.

Mi conclusión es que sí, que deben seguir pensando que el pueblo se sigue comiendo sus cuentos y sus versos.

Que sigan así, que lo que más están logrando es perder votos (si es que aún queda alguien que piensa votarlos).

Sin más, le saluda atentamente

NELSON ALFARO – CI: 1.678.371-9

 

El Uruguay surrealista y el ministro de Trabajo

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

¿Es este un Uruguay surrealista? Porque lo que voy a relatar es una verdad que parece de ciencia ficción.

El viernes 6 de febrero tenía tiempo disponible mientras mi señora hacía trámites en la Dirección de Identificación Civil y me di una vuelta por la peatonal Sarandí.

Me senté en un banco de plaza en la calle Bacacay. En el banco situado a mi espalda una muchacha con su bebé pedía una moneda o un litro de leche a cada transeúnte que pasaba cerca.

Alguien, a quien no identifiqué en un primer momento, metió mano a su bolsillo y no hallando una moneda pidió a su amigo acompañante que le diera alguna. Cuando se dio vuelta, giré la cabeza y vi al señor ministro de Trabajo y Seguridad social entregando una moneda a la muchacha.

Y yo me pregunto si esta es la caridad o la ayuda que podría dar el ministro de esta cartera. ¿Es este el modo de hacer su trabajo, ayudando con una limosna?

Con respecto a la muchacha, quedó sentada en el banco esperando a que pase otro ministro para completar los nueve pesos que cuesta un litro de leche. Realmente es surrealista.

WALTER VEGA – CI: 1.717.521-9

 

Me cansé de remar contra la corriente: me voy

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Desde hace algunos años vi como amigos, familiares y hasta mi compañero de vida, tomaban un avión en busca de un nuevo camino. Permanecí en mi lugar de origen convencida de que era una etapa, y esa montaña rusa en la que viajo, pasaría por una de sus pendientes, quizás inolvidable. Me aferré a las tradiciones, a la historia, a la gente (como los uruguayos no hay), a la tranquilidad que se respira en este país… y continué sola con mis dos hijos. Pasé por túneles oscuros donde perdí lo que construí con trabajo, no me doblegué y seguí el camino, alimentándome de otras experiencias. Hasta hoy. El barrio en donde vivo se ha convertido en una cárcel, donde únicamente los delincuentes tienen derecho de disfrutar de las mañanas, tardes y noches veraniegas; miro entre barrotes como se descoloran las fachadas, porque la tranquilidad se transformó en miedo, después de experimentar tantos arrebatos y robos.

Guardé en un cajón mis experiencias y conocimientos, para usar la fuerza física, desmejorando lentamente mi imagen. Me adapté a una nueva alimentación a base de muchas calorías y pocas vitaminas. Fui dejando mi vida social de lado, únicamente me acompaña el televisor, que me muestra como es la vida afuera. Tengo que negarles a mis hijos el poder desarrollar otras actividades, dejándolos instruirse en liceos donde deben concurrir sin mochila y con ropa vieja para no sufrir atracos, y donde el nivel de enseñanza es lamentable. Durante los últimos años he dejado a la vera del camino, derechos de vida, adaptándome a situaciones de las que no puedo rescatar experiencias que alimenten de una forma positiva mis conocimientos.

A los 40 años, el país donde nací y vivo, me brinda soledad, miedo y la opción de unirme el grupo de «pocos valores». Hoy comprendí que vivo de recuerdos, y eso no está bien. Porque Uruguay ya no es el país que vivió mi niñez ni me adolescencia, se ha convertido en un lugar de pocos valores y posibilidades. Así que me sumo a todas aquellas personas que forman la lista de desertores, me iré a la tierra donde nacieron mis abuelos.

A unos meses de mi partida me pregunto si me pasará lo que a tantos, si extrañaré a mi país, a su gente… Durante mucho tiempo hice mi propio mundo en la soledad de una casa transformada en cárcel. Ese mismo mundo lo llevaré a un lugar donde pueda dormir con tranquilidad y darle a mis hijos la opción de educarse. El día que me vaya no miraré atrás, no se pueden extrañar malos recuerdos. ¿Qué habré dejado? La cosas materiales que tantas horas de trabajo me costaron, pocos amigos que se transformaron en familia y muchos años luchando contra la corriente, viendo y viviendo las más amargas injusticias en un país que va cayendo entre los brazos de la decadencia. No son tres gatos locos los que lograron todo esto, fuimos todos, los que actuaron y los que callaron. Y como no tengo más fuerzas para seguir nadando contra la corriente, me agarro de una rama… me trepo a un islote y vivo. Me voy, chau.

GABRIELLA

 

Más reflexiones sobre voto por correo

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Como cónyuge de una ciudadana española, tengo aparte de la uruguaya y luego de hacer los trámites pertinente
s, dicha ciudadanía. Al estar registrado como tal en la oficina consular correspondiente, recibo del PSOE la invitación a participan en las próximas elecciones generales del 14 de marzo, con esta frase/consigna: «El ejercicio del derecho de voto es un acto de ciudadanía que adquiere un valor especial en el caso de quienes, como usted, residen lejos de nuestro país». Y como elemento de convencimiento, exponen los proyectos que propugnan para los residentes en el exterior. De los 6 que son detallados, transcribo (parcialmente) 3: 1) Atender y mejorar la situación de los ciudadanos españoles que residen en otros países. 3) Es una obligación de los poderes públicos impulsar una política activa de retorno de aquellos ciudadanos que deseen regresar a su país. 5) Promover una reforma electoral que garantice el derecho a voto directo por los españoles en urnas instaladas en embajadas, consulados y centros españoles, y que se mejore el procedimiento del voto por correo para que cada voto que se emita acabe por ser efectivamente escrutado. Por estos lares tenemos ante dicha iniciativa las voces contrarias al sanguinettismo, dos de cuyas piezas opinaron: «Es bueno que nuestros problemas y opciones sean resueltos por aquellos que las viven en carne propia» Opertti. «Estoy radicalmente en contra; me parece una tremenda injusticia que pudieran hacerlo», Millor. EL lector podrá sacar sus propias conclusiones.

LUIS MOLINA – CI: 753.679-3

 

La triste e increíble historia del sargento Pomelo y su edecán Faustino

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

El sargento Pomelo soñaba con ser general y dirigir grandes batallas. Qué otra cosa puede soñar alguien que fue educado para eso.

Para su desgracia vivía en una pequeña provincia casi olvidada del resto del mundo cerca de la frontera. Naturalmente podía cualquier día lucir en su uniforme  »entre casa», como el decía cuando se refería al pueblo  los descoloridos galones de algún general retirado. Pero nunca llegaría (estaba convencido de ello) a ser realmente un general. Ni sus sueños ni sus dichos parecían ser una preocupación para Faustino, su edecán, como gustaba presentarse cuando le hacía los mandados o le sorprendían lustrándole las botas. Faustino caminaba, o más bien, dada su bajísima estatura, andaba dando saltitos de aquí para allá cumpliendo, o haciendo cumplir a rajatabla los deseos de su mandamás. «Si él dijo eso es porque tiene derecho a decirlo», colegía. La guarnición a cargo del sargento Pomelo estaba formada por una treintena de soldados mal vestidos y peor educados. La mayoría sabía apenas deletrear y algunos, ni siquiera el nombre.

De vez en cuando caía al cuartel algún doctor y comitiva a inspeccionar las instalaciones y a dar algunas directivas. Antes del asado pero, para mal, después de los wiskys, se reunía a la tropa y se decían algunas palabras.

El doctor saludaba orgulloso -decía- a los defensores de la patria y las instituciones y bla, bla, bla y el sargento luego, ponderaba al ilustrísimo visitante, mechando algunas modestas solicitudes de apoyo logístico que, de concretarse en efectivo, serían canjeadas indefectiblemente por especies en el sector de licores importados de la pulpería y por servicios en el quilombo. El solemne acto, (porque al asado la asistencia era más reducida), también se hacían presentes vecinos de la zona, algunos de ellos parientes de la soldadesca, el dueño de la pulpería y en ambos extremos de la concurrencia, el cura párroco y la madama del quilombo: «Ubíquese por acá señora…» Sobre todos los asistentes no obstante, flotaba un denso y ácido rumor de condena, por los abusos del sargento.

Violador de mujeres cuyos maridos partían hacia la zafra, carneador de vacas y terneros ajenos a discreción y casi con seguridad, ejecutor en persona de por lo menos tres peones atrevidos que en distintas oportunidades le levantaron la voz, negando el abigeato. «Y si fuera necesario -decía el sargento- volvería a enfrentar a esa indiada malviviente que merodea por ahí, intentando menoscabar el honor sagrado, «¿qué es menoscabar?»- preguntó un milico por lo bajo. – «T’a mamao el sargento». «Â¡El honor sagrado de los defensores de la patria!». ¡Bien mi sargento!». Dijo Faustino por lo bajo aunque gritó, para luego agregar: «Un día usté será general y yo ministro!». Increíble. Se hizo realidad.

CARLOS MEDINA – VIGLIELM

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