EL COLEGIO JESUS MARIA RECIBE TRES GALARDONES DE PRIMER NIVEL

Excelencia docente nacional premiada oficialmente en Uruguay y en Argentina

Si un instituto de enseñanza primaria y secundaria accede a ser el primero premiado por el Comité Nacional de Calidad, el logro es importante. Si días después la Red Unesco lo nombra «Mensajero de la Paz», la conquista amerita conocer qué ocurre en el Colegio Jesús María.

El 9 de diciembre pasado el Comité Nacional de Calidad entregó, por primera vez en su historia, dos menciones especiales a una institución de enseñanza. La tradición hasta ese momento era que los galardones se entregaran a actividades empresariales y lucrativas. La educación aparecía en un terreno casi de exclusión para estas preseas, en tanto el debate sobre la posibilidad de calificar cualitativamente las formas de enseñanza aún hoy continúa. Aunque países como Japón y Estados Unidos califican sus instituciones en este marco, los parámetros evaluatorios en Uruguay parecían no alcanzar coincidencias que definieran la instancia.

Finalmente el Colegio Jesús María Carrasco, que celebró el año pasado su primer cincuentenario de labor, cruzó la barrera, alzándose con dos distinciones. La primera, referida al proyecto educativo del instituto, medido por la satisfacción de los padres, los docentes y los alumnos. La segunda, por el impacto educativo en la sociedad y el ambiente, en función de los proyectos de interacción con la comunidad, voluntariado, educación y gestión ambiental. Para ambas evaluaciones se contó con trabajos de investigación específicos de las consultoras: Equipos/Mori, Interconsult, Pattern y Acuña-Balestra.

«Aunque fue asombroso, en realidad no debería habernos tomado de sorpresa: hace 22 años que trabajamos en nuestra gestión de calidad de forma intuitiva, y 13 años que lo hacemos orgánicamente», detalla el licenciado Jorge Scuro, director general del instituto.

Tras la precalificación, a que fueron sometidos los institutos de enseñanza, auditores del comité llevaron adelante un minucioso análisis de cada uno de los elementos ofrecidos en la institución. Sus resultados fueron elevados al jurado, que finalmente entregó su decisión al Comité. Finalmente se investigó la situación social del centro docente («donde compartimos que la calidad no puede ser independiente de la ética», apunta Scuro), para llegar a la premiación.

El Presidente de la República entregó ambos reconocimientos al director general quien, junto a su equipo técnico, creía estar tocando de algún modo el cielo con las manos. Pero lo mejor estaba por venir.

Red Unesco: por vez primera

Apenas dos días después de los galardones citados, el colegio recibía una comunicación de Red-Unesco, desde Buenos Aires, donde se les comunicaba el nombramiento de «Mensajero de la Paz, en reconocimiento a su destacada contribución al Movimiento Mundial por una Cultura de Paz y No Violencia». Era la primera vez que la coordinadora de apoyo a la entidad de la Organización de las Naciones Unidas galardonaba a una institución docente de Uruguay.

En principio, todos creyeron que el premio era atribuible a la inquietud de los alumnos, durante la invasión norteamericana a Irak. Indignados e impotentes ante la guerra desatada, los alumnos habían propuesto distintas movilizaciones a las que el colegio no hizo oídos sordos: finalmente acordaron embanderar todo el exterior del colegio, con banderas blancas que enfatizaban el repudio al belicismo.

Después, la propia Red-Unesco se encargó de apuntarles que ello había sido un elemento, dentro de un contexto más amplio que era reconocido. «El premio Mensajero de la Paz, se otorga anualmente a personalidades e instituciones que se han distinguido por su esfuerzo a través de su gestión laboral, profesional o institucional a favor de los postulados propuestos por la Unesco: educación para la paz, tolerancia, equidad, derechos del hombre y del niño, la democracia como forma de gobierno, integración, cooperación y comprensión entre los pueblos (…) y toda forma de promover los valores y dignidad de las personas», dice el documento firmado por el coordinador general de Red-Unesco, licenciado Daniel Alessandri.

El premio fue entregado en el Salón Dorado de la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires.

«Esto ha sido el premio a lo que denominamos nuestros proyectos transversales en educación, es decir, aquello que no se estudia de manera curricular, pero que sí funciona mentalmente en cada uno de todos», explica el director general del colegio Jesús María. «Es que hay temas que no son materializables. Por ejemplo: la solidaridad. Todos aspiramos a ella, pero no es materia curricular, no hay cursos de solidaridad, pero para que consideremos la educación que brindamos adecuada, la solidaridad es un principio básico ineludible».

Ahonda conceptos en ese aspecto, considerando que «la educación oficial enseña asignaturas pero no educa. Nosotros somos laicos, pero no somos laicistas: los laicos, potencializamos la libertad de elección, descartamos la ortodoxia del laicismo».

Enfatizó en ese marco las características del instituto que dirige desde 1981, con 1.400 alumnos y casi 300 funcionarios. «Estamos comprometidos en un quehacer cotidiano activo, integrador y comprometido. Comprometidos con el barrio y con la comunidad en que estamos insertos. Los educadores cristianos, como signo distintivo estamos seguros de poder aportar un proyecto pedagógico centrado en calidad y valores, orientados a formar ciudadanos solidarios, emprendedores, humildes, creativos, justos, en definitiva, felices».

Junto a la Comuna

Como muestra de dinamismo y concreción, el instituto acaba de firmar con la Intendencia de Montevideo, el contrato para optimizar seis manzanas de su entorno, en una línea de acercamiento al barrio de Carrasco Norte. Aunque la cesión de espacios data del primer gobierno democrático posterior a la dictadura, el convenio concreto acaba de signarse. En este marco, los educandos colaborarán en el proyecto de cuidado y mejoramiento de los espacios linderos al colegio, con proyectos que incluyen dos canchas de fútbol, circuito aeróbico, dos plazas, una de ellas con rincón infantil y juegos adecuados. El convenio por diez años incluye el mantenimiento del último bosque de pinos marítimos que tiene la ciudad, espacio que además se busca preservar de habitantes precarios. El Colegio ha tomado a su cargo también el cuidado y mantención de la Plaza Claudina Thévenet (fundadora de la Orden que inició el colegio), ubicada en Máximo Tajes y Vargas Guillemette.

«El proyecto recupera espacios públicos en su infraestructura, posibilitando su uso comunitario en condiciones agradables y seguras, enseñando con el ejemplo que el trabajo en común, desinteresado y organizado, mejora las condiciones de vida de todos los vecinos», explican las autoridades del instituto. *

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