Crisis tras crisis en el cuerno de Africa

Como el resultado de falta de lluvias en 2002, tanto Etiopía como Eritrea todavía enfrentan una seria escasez de alimentos y las consecuencias de una creciente miseria entre los segmentos más vulnerables de la sociedad.

Entre seis y diez millones de personas requieren actualmente alimentos y otras formas de asistencia en el Cuerno de Africa aunque una aún más grave situación de emergencia puede ser evitada en esta oportunidad gracias a la temprana advertencia sobre la inminente crisis y a una rápida acción de los donantes, de los gobiernos locales y de la comunidad humanitaria.

En Etiopía un país enorme de más de 70 millones de habitantes, un mayor desastre fue evitado en el 2003 a través de un destacable esfuerzo colectivo. Sin embargo, la necesidad de una significativa ayuda humanitaria sigue existiendo, especialmente en los sectores no vinculados directamente con la alimentación. Será imprescindible continuar los esfuerzos humanitarios a largo plazo en el 2004 y mantener el actual impulso en la recolección de fondos.

Es necesario seguir atendiendo necesidades sustanciales, especialmente en las áreas más afectadas, donde la malaria y una serie de enfermedades infecciosas están golpeando más fuertemente que lo usual.

Hay también problemas políticos muy difíciles, como la cuestión de la tierra. El tamaño promedio de una granja familiar es de una hectárea, superficie que no alcanza para alimentar a una familia de cinco personas ni siquiera en los años buenos.

El gobierno de Etiopía está ahora poniendo en práctica planes para colocar a la gente en otros lugares a fin de darles el doble de tierra para trabajar. Pero, como ha mostrado la experiencia de otros países, éste es siempre un enfoque polémico.

La tierra de propiedad estatal no es privatizada por completo, sino que a los agricultores se les conceden derechos de posesión a largo plazo, que incluso pueden transferir a sus hijos; de esta manera se comprometen mucho más con la tierra y ansían hacerle mejoras a sus posesiones.

El gobierno etíope está poco dispuesto a poner en práctica una privatización completa porque teme que la gente venda sus parcelas su único bien- y quede totalmente a merced de la ayuda externa.

En Eritrea, un país de 3 millones 600 mil habitantes, hay varios indicadores preocupantes. Cerca de dos tercios de la población vive actualmente bajo la línea de pobreza y al menos la mitad se encuentra en situación de extrema pobreza. La desnutrición infantil es alta y más del 53 % de los hogares es encabezado por mujeres.

En el Cuerno de Africa la situación exige que se traten urgente y adecuadamente las causas subyacentes de estos problemas.

En el caso de Eritrea, tres áreas centrales requerirán atención a fin de lograr progresos en la intención de alcanzar resultados a más largo plazo: 1) la satisfacción de las importantes necesidades de fondos para objetivos humanitarios que conforman los cimientos de la recuperación y del desarrollo; 2) el mejoramiento del diálogo entre los gobiernos y los donantes y 3) la finalización del proceso de demarcación de límites en la disputada frontera entre Etiopía y Eritrea.

El gobierno de Eritrea indicó que un sentimiento de inseguridad está impidiendo una más rápida desmovilización de tropas. Dado el considerable impacto que la escasez general de mano de obra y la ausencia de los campesinos de sus tierras está teniendo en la situación humanitaria, será decisivo proceder a la demarcación de los límites en forma urgente.

Etiopía y Eritrea combatieron una amarga y desastrosa guerra entre 1998 y 2000 a causa de la línea de frontera en Badme, que sigue aún en disputa.

Hay acuerdo en que ha llegado la hora de que el Banco Mundial tome el liderazgo en los esfuerzos por un desarrollo a largo plazo en esa región y de que la comunidad internacional de donantes concentre sus esfuerzos en el Cuerno de Africa.

Los esfuerzos serán mucho más eficaces en cuanto a los costos y a los resultados si se fomenta una cada vez mayor independencia en la producción de alimentos y en la seguridad alimentaria.

Una vez que hayamos identificado los programas que se necesitan (el proceso es bien largo), la comunidad internacional debe ver como financiarlos con una perspectiva un poco a largo plazo con un período de cinco años como mínimo- y comprometerse a cumplir con esos objetivos a fin de lograr un verdadero progreso en el área. Si fallamos en actuar ahora la situación se hará más difícil. (FIN/COPYRIGHT IPS) *

(*) Martti Ahtisaari, presidente de Finlandia entre 1994 y 2000, es el  enviado especial del Secretario General de las Naciones Unidas para  la crisis en el Cuerno de Africa.

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