Tiene al palabra

Respuesta del Fondo Nacional de Recursos

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Solicitamos a usted se sirva publicar las siguientes líneas en relación a una nota publicada el día 6 de enero pasado.

Se trata de la situación de la paciente Lydia Anabel Baladón que, según se afirma, debe realizarse una radiocirugía en el exterior para lo cual necesita reunir U$S 4.000 que se sumarán a los U$S 2.000 ya recaudados.

Al respecto, es nuestra obligación informar que el tratamiento de radiocirugía en el exterior es cubierto por el Fondo Nacional de Recursos, teniendo acceso al mismo sin ningún tipo de costo todos los uruguayos.

El caso de esta paciente llegó al FNR sin el acuerdo del médico tratante que manifestó su discrepancia con la indicación del procedimiento. Al mismo tiempo, la familia se negó a completar los formularios de declaración jurada de bienes e ingresos en base a los cuales, este organismo determina si están en condiciones de aportar un porcentaje de los gastos o si la asistencia debe ser totalmente gratuita. Este requisito se cumple en todos los casos de derivación de pacientes al exterior y tiene por objeto que aquellas familias que estén en condiciones, aporten de acuerdo a sus posibilidades.

Esta negativa de la familia y la opinión del médico tratante contrario a indicar este tratamiento, hicieron imposible continuar con la asistencia de esta paciente. No es correcto apelar a la solidaridad pública para financiar un tratamiento que debió ser encauzado a través del sistema que utiliza toda la población.

Agradeciendo su atención le saluda

DR. ALVARO HARETCHE – DIRECTOR TECNICO MEDICO

 

¡Cada pueblo tiene el gobierno que se merece!

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Por este medio quisiera comunicar mi queja con respecto al paro de transporte del fin de semana próximo pasado.

El día lunes 12 de enero llegué a la parada de ómnibus (en 18 de Julio) en la que a diario tomo una unidad para dirigirme al trabajo (por 8 de Octubre) y habiendo llegado a las 7.40 horas, estuve hasta las 8.25 horas (momento en el que con dos compañeras de parada de ómnibus decidimos compartir una unidad de taxímetro, bastante onerosa), todo ese tiempo viendo pasar sólo líneas que tenían dirección hacia Pocitos, o sea que cuando asesinan a uno de los compañeros de la actividad de transporte ustedes, sus compañeros, siguen trabajando para la elite de nuestro país, pero a los pobres de siempre, los que no tenemos auto como para ir al trabajo (no de parranda, ¡al trabajo!) ustedes nos dejan a pata y/o nos hacen llegar tarde y perder dinero con el que contamos para comer el próximo mes.

Lamentablemente este país está como está por gente como ustedes, que se viven quejando de los aumentos de sueldo que tardan en materializarse, pero que cuando se hacen tangibles, ustedes, mis queridos sindicalistas del transporte, se olvidan del pueblo, para seguir llevando a sus destinos a la antedicha elite del país y dejar pagando al proletariado, como siempre lo han hecho. Por otra parte, no dejar de hacerles ver el error u horror que cometen, porque varios ciudadanos somos los que estamos cada vez más convencidos de que ustedes no merecen tener el salario que tienen por dejarnos sin transporte, porque en esta ocasión, parando los servicios, al muchacho que asesinaron no le vamos a devolver la vida lamentablemente, no se dan cuenta que ustedes deben pedir justicia a otras persona, pero claro… no me daba cuenta de que contra esas personas no pueden ir porque está en juego su laburo, es por ello que cuando se quejan de las condiciones laborales, vuelven a dejarnos a pie, en lugar de circular sin cobrar boleto, como deberían hacerlo para joder a la persona que los jode y no al pueblo que les da de comer.

Solo me resta decir: ¡Cada pueblo tiene el gobierno que se merece!

C.G. Una usuaria – CI: 4.046.862 – 4

 

La educación es lo primero

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* La educación tiene que ver con todos y con todo. La omisión la reduce en simple cómplice de una serie de fracasos personales y sociales. El país, la gente, está enferma. La enfermedad está en la educación. No nos asumimos. No nos queremos. No nos esmeramos en presentar verdaderas y profundas razones para vivir. La reducción de los ideales a productos del mercado y del consumo nos redujo la vista a un nivel miope grave. Varias veces grité a estudiantes de sicología de la Universidad: «Â¡Hay que destechar a la facultad»! Esto significa que la falta de trascendencia no es laicidad sino simple y llana mutilación. Esta es la enfermedad de nuestros hermanos: mutilados de «trascendencia». A destechar para oxigenar el pueblo. Esta fuga a todas las propuestas de «alivio», «Â¡Pare de sufrir!» etcétera nos revela qué frágil es una laicidad que, antes que ser un valor es un vacío. «Lo que no es asumido no es redimido», dice San Cipriano. Asumirlo es redimirlo. Asumamos y amemos nuestro ser y nuestra historia sin complejos. Un temita que llega al dedillo en estos días: El Carnaval. La palabra, inicialmente recordaba que todavía se podía comer carne hasta el martes de carnaval (carne vale) porque el día siguiente sería miércoles de ceniza y, con ayuno y abstinencia, comenzaba el tiempo de «cuaresma»: «cuarenta días de preparación a las festividades de la Pascua». El que no cambia está muerto. Hace tiempo hubo cambios (Ej. lo de «Semana Santa» con «semana de turismo»… ahora volvemos a «Semana Santa»). Pero también lo de «la carne». Antes, el carnaval duraba tres días ahora tres meses, pero no por la carne en la mesa (demasiado cara), sino por la carne de la «mis» expuesta en los diferentes mostradores como «belleza», pero tratada como «carnada». «Cambia, todo cambia…». Una distracción: así como en el tiempo de la guerra contra Irak, se desencadenó una batería de pornografía en todas las computadoras, con tal de distraernos de las barrabasadas de la «superpotencia y de los minihombres», de los «gigantes heridos», de la «inteligencia ignorante» y del «pentágono de cuatro lados», así ahora reemplazamos…cambiamos. El carnaval corre la cuaresma y dura hasta Pascua. El Turismo corre a la escuela y dura hasta… Los paseos y los viajes corren los estudios y la ciencia. La «mis» corre la carne de la mesa familiar. La TV corre a los padres. La computadora corre a los amigos. La pantalla corre la capacidad de encontrarnos… «Cambia… todo cambia». Si no se cambia se muere, pero queremos que «cambiar sea mejorar». Las quejas no sirven… la capacidad crítica sí. Este año entre el carnaval de verano, electoral, y las tantas promesas queremos no perder el sentido crítico. El país va a cambiar, va a mejorar. El cuánto, el cómo, el por qué y para quiénes, es demasiado importante para que me «entretenga» y deje pasar la «oportunidad» de que el cambio sea el que precisamos. El Carnaval distribuye unos pesitos y está muy bien. Nosotros queremos una educación mejor, más adecuada a nuestro país. Queremos recuperar a nuestros hijos que se fueron a buscar el puchero en tierra extraña, queremos devolver a los uruguayos las tierras hoy abandonadas y cubiertas de pastizales. Queremos que las familias puedan tener los hijos que quieran y que la economía reparta las ganancias con iguales oportunidades y no elimine a los comensales. Queremos un pueblo más educado, más libre y más feliz, no solo más entretenido. Queremos que la convivencia pacífica sea producto de una educación profunda en valores más que en una mayor presencia policial. Si la gente tiene h
ambre aguanta uno, dos, días pero al tercer sale a robar. Arriesga la vida porque antes que morir de hambre prefiere morir de un balazo. No se justifica el robo. Hay otros caminos. Es la educación la que nos los tiene que mostrar. La tierra del patio de casa es capaz de hacer milagros y servirnos un plato de comida, pero es la educación la que nos lo tiene que enseñar. La organización comunitaria es una verdadera herramienta para seguir adelante, pero es la educación la encargada de enseñar. Cuando enseñamos el alfabeto podemos enseñar muchas cosas al mismo tiempo. Así el «Carnaval» puede ser un tiempo hermoso de reencuentro con nuestro pueblo, nuestro pasado y nuestra cultura, nuestra ubicación en nuestro continente entre nuestros vecinos. Un chapuzón en lo popular, que no es apenas una experiencia de tres días sino una reconciliación con nosotros mismos, que, lejos de alienarnos o apenas entretenernos, nos conscientiza. Lo de la Educación es lo primero, el Estado lo sabe. Es el corazón de una nación y no se debe descuidar. Ni la Policía ni el Ejército, ni ningún ministerio suple esta falla. Cuando no se invierte en educación se gasta mucha más en todos los demás ministerios o rubros. ¿No es mejor un liceo, una facultad que una cárcel? Quisiera se abriera un debate nacional sobre esta expresión: «Â¡Estudiá sino vas a tener que ir a trabajar la tierra!». Hasta qué punto amor a la patria es amarla con sus características y no delatamos que «para amarla tendría que ser diferente…». (Ej. Como Francia, Inglaterra, Suecia o Suiza… o alguna isla rara). Trabajar la tierra es un honor, un privilegio. Un buen campesino es un verdadero ingeniero de la naturaleza. Tanto los ciudadanos como el país gozaríamos de buena salud si nos dedicáramos un poco más a la tierra y sus productos se le llama «campesino». ¿Un buen campesino no es acaso un verdadero ingeniero agrónomo? Con más campo trabajado tendremos menos enfermos. La terapia de la huerta es más eficaz que tantas pastillas… Educar para la salud es fundamental para tener un pueblo sano.

Que aparezca en nuestros contenidos y en nuestros métodos educativos el amor a la tierra. A reconciliarnos, los uruguayos, no solo con nuestro folklore carnavalesco, sino también con nuestra tierra uruguaya. Cosechar nuestros tomates no es menos noble que cosechar los tomates de España o de Italia o Australia desde donde nos mandan a llamar como mano de obra barata. Aprovecho la oportunidad para saludarle.

P. RODOLFO BONCI S.C.J. – CI: 4.517.910-3

 

Algo más sobre accidentes de tránsito

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Indignado por las informaciones de la TV en cuanto a los accidentes protagonizados por automovilistas y ciclistas o motociclistas con automóviles en la Costa de Oro, decidí aportar mi cuota de opinión. Cierto es que son incesantes, y generalmente dolorosas, apareciendo los conductores de automotores como «los malos de la película».

Quizá, algunos lo son. ¿Y los demás que?. Resido todo el año en Pinar Sur y tengo mi modesto auto. Veo a diario, los 365 días del año, como ciclistas (sin luz trasera en la noche) y motociclistas, «ídem» transitar por la avenida Giannattasio, por derecha, por izquierda y por el centro, con total desaprensión, cruzando incluso semáforos en rojo, sean o no autos circulando con semáforo a favor, y si se aprietan, detienen la marcha contra el cantero central, y arrancan nuevamente, aunque sin preferencia de cruce, si le calculan la distancia al próximo que viene. Y van llantos, quejas; acusaciones, etc., pero nadie entona una «mea culpa».

Policía Caminera lanza alertas y estadísticas pero le aseguro que desde el puente de Carrasco por Avenida Italia, o a la entrada por rambla, y hasta el peaje del arroyo Pando ser móvil, parece ilusión óptica.

Lo están. No dudo que puedan verse desdoblados pues les respeto mucho su conducta con la ciudadanía. Inspectores de tránsito de la Intendencia allá por la «noche callada» va alguno, frente a cruces con escuelas y liceos. Cuando no hay clases, camiones de cisterna de agua caliente y contenedores de yerba mate. Eso sí, cuando hay vencimientos de cuotas de patente, parece que llega la vendimia. Están diseminados por toda la Avenida, y por racimos. Luego son sujetos manipulados por Coperfield-Magia: se transforman en fantasmas. Por tanto opino: los accidentes son una dolorosa realidad.

Los automovilistas, sobre todo aquellos con «tiros largos» o «tocados», tienen su porcentaje de responsabilidad, pero le puedo asegurar que si llevase presos por un día a ciclistas y motociclistas infractores, ni el Comcar, Libertad, el Musto, y los cuarteles del Ejército, incluidas las comisarías del Ministerio del Interior, darían abasto para amontonar tanta gente.

Pienso que se debería educar más, reprimir sanamente incautándoles su rodado por un día la primera vez, y si en más, registrándolos, hasta configurarles el delito de atentado a las buenas costumbres, y potenciales suicidas. Igual para los automovilistas, a quienes no defiendo a ultranza, pero que puede pagar con cárcel y carga de conciencia, algo que no quiso provocar, y que en definitiva puede destruir dos vidas y dos familias. Reflexionen. Vecino preocupado.

GARET

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