El humor que se puede
A la medianoche de ayer nos enteramos que ni el Corto ni su suplente habían escrito su contribución amarilla del día. Por ello, de apuro, debimos mover la croqueta, bastante empastada e inventar (que nadie se atreva a pensar algo en contrario), algunos chistes con contenido político. Vamos a ver cómo nos sale.
Carlos Menem, Bill Clinton y John Lennon están parados ante Dios. Dios los mira y dice: antes de asegurarles un lugar a mi lado, primero debo preguntarles en qué creen ustedes.
Dirigiéndose a Lennon primero le pregunta: ¿En qué cree usted?
John mira a Dios a los ojos, y dice apasionadamente: Creo en darle una oportunidad a la paz. Que la belleza es algo profundo dentro del alma, y que nada está fuera de nuestro alcance si trabajamos suficientemente duro por lo que creemos. Dios mira hacia arriba y le ofrece a John un asiento a su izquierda.
Se vuelve hacia Bill Clinton y dice: usted, señor Clinton, ¿en qué cree?
Bill se levanta alto y orgulloso y dice: Creo que el coraje, el honor y la pasión son fundamentales para la vida. Durante toda mi carrera política le he dado forma a estos aspectos, especialmente a la pasión. Dios, movido por la pasión del discurso, le ofrece el asiento a su derecha.
Finalmente se vuelve hacia el ex presidente argentino. Usted doctor Menem, ¿en qué cree?
Yo creo que usted está en mi silla.
La Casa Rosada estaba repleta de cucarachas y ratas y no habia quién pudiera sacarlas, desesperado Carlitos Menem anuncia que dará lo que sea a quien pueda limpiarla de bichos y roedores.
A los dos días llega un tipo y pide que le muestren el lugar y luego de un rato le pide al secretario presidencial que le busque la cucaracha más chiquitita que encuentre, se la trae, la agarra le habla al oído, la deja en el piso, la cucaracha enfila para la puerta siguiendola todas las cucarachas de la Casa Rosada.
– ¡Muy bien felicitaciones! -exclama Carlitos- haga lo propio con las ratas y le daré lo que pida. El buen señor hace lo mismo con la rata más chiquita y todas la demás desaparecen. Carlos Saúl encantado lo besa, lo abraza y le dice que pida lo que sea que él personalmente se lo va a conceder. El tipo lo mira y le dice:
– Tráigame el peronista más chiquito que tenga. *
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