Apuntes para la Sexta República: teoría del Uruguay
Ella tuvo diferentes fases, a su vez, que no se deben confundir entre sí, desde que la fragilidad de esa Constitución fue la propia de una nación y de un Estado en construcción. Vino luego la segunda República con la siguiente Constitución semicolegialista que duró hasta el 31 de marzo de 1933, cuando colapsó. La tercera República se guió por la Constitución de 1942 y dio paso a la cuarta República de la Constitución colegialista de 1951. En 1967 empezó a regir la Constitución aún vigente de la quinta República.
Hemos sostenido que cuando la crisis de las reglas de juego alcanza al conjunto de los subsistemas de la democracia no es que funcione mal el sistema de seguridad pública, o el sistema judicial, o el sistema de políticas sociales, o las formas de la representación política, o el sistema de tasas de impuestos, o el sistema de tasas de interés, sino que funcionan mal todos los sistema al unísono se trata entonces de plantear una solución global. Lo que se ha denominado en diferentes experiencia históricas una Nueva República, o, al modo francés de numerarlas, la Sexta República.
El Uruguay como problema
Necesariamente repensar el país todo en sus subsistemas conlleva inevitablemente reflexionar sobre la identidad misma del país. Se siente que en el éxito pasado del país reside una clave, una cifra o contraseña que hemos olvidado y cuyo redescrubrimiento nos podría aportar cierto know how para replantear el país del éxito.
¿Por qué este país fue el único de América Latina en construir un Estado de Bienestar que le permitió gozar a sus habitantes de la plena ciudadanía social armado con instrumentos políticos puramente liberales? Nuestro modelo de éxito no fue producto de la disciplina del autoritarismo ni de las demandas corporativas. Lo produjo puramente la política en el libre juego de la democracia.
¿Por qué este país es el país políticamente más historicista del mundo? Es el único país donde los partidos fundacionales llevan 167 años de vida y hay ciudadanos que se reclaman portadores del continuom del mensaje partidario más que sequicentenario.
¿Por qué este país encontró fórmulas tan transgresoras y tempranas para para construir lo que Batlle y Ordóñez llamó «un pequeño país modelo»? Este país implantó el Poder Ejecutivo Colegiado cuando Latinoamérica se debatía en el exceso de poder de sus caudillejos, y con el colegiado vino la idea de poder relativo, contenido, provisorio, fiscalizado. En este país, hace 100 años, el Presidente Batlle y Ordóñez firmaba una columna de opinión sobre los derechos de la mujer con el seudónimo de Laura, transgresión a la que no se animaría ningún Presidente actual.
Contestarse estas preguntas es ingresar a una suerte de teoría sobre el Uruguay. Nos la debemos para desde ella construir el futuro.
La construcción del Estado del Bienestar liberal le dio una centralidad a la política en la vida de la nación y particularmente generó un partidocentrismo que, durante décadas, resultó una activo de buena representación ciudadana y de excelente producción de gobernabilidad.
El historicismo como dínamo de la nación respondió, tal vez, a la necesidad de pertenencia que tenía una sociedad en que casi hasta la segunda guerra mundial eran más los nacidos fuera del país que los nacidos en suelo patrio. Una respuesta al desarraigo de nuestro elemento constitutivo cual fue la inmigración. El sistema de identidad historicista êo *ue, sin embargo, una renuncia a la universalidad de la cual era portadora nuestra inmigración. Antes bien, el debate cotidiano de los uruguayos estuvo formado durante décadas por los problemas del mundo. El universo que traían los inmigrantes en sus retinas nos dio también identidad, porque la aptitud universalista fue el componente básico de la uruguayidad.
El punto de fragua del pequeño país modelo
El historicismo dos kioskos en el puerto que recibían a los inmigrantes con dos discursos prolijamente editados y cuyo contrato daba automáticamente 70 años de pertenencia fue un factor clave para la integración a una nueva identidad. Integración fue la palabra clave. La integración social del Estado del Bienestar, la integración cultural del crisol de orígenes culturales en uno solo, la integración política todos participando en la conducción del Estado , la integración electoral, la integración de los géneros sexuales, etcétera.
El punto de fragua del pequeño país modelo fue, sin embargo, el pensamiento de vanguardia. Este país no logra su identidad sino es en el «avancismo», para decirlo con el léxico de 1915. Los transgresores los constructores del avancismo son pues un elemento históricamente imprescindible para el proyecto nacional.
El Uruguay no puede funcionar sino es en el avancismo y en el radicalismo democrático. Ese radicalismo democrático está en Artigas y está en Batlle y Ordóñez. Este Uruguay de hoy sin reflejos republicanos es la negación de nuestra identidad. Por eso hay que darlo vuelta como una media. No hay reflejos republicanos cuando no hay indignación por el abuso de poder. El sistema todo se ha llenado de una lógica de privilegios y exceso los permisos de televisión oligopólica, las tolerancias con el poder ilegal (el contrabando, el lavado de dinero de la corrupción política y fiscal de la región), las disfuncionalidades de nuestra justicia penal, el desmán en el poder fiscal de la República han llevado a un país donde a los ciudadanos se le despojan de derechos y garantías mientras de le anestesia para que no se dé cuenta. Todos los bancos, por ejempo, robando a la gente simple con los intereses ilegales en las tarjetas de crédito. Y luego la vuelven a robar cuando le estafan miles de millones de dólares.
El Uruguay del avancismo y de los transgresores viene siendo derrotado hace demasiado tiempo por el Uruguay de los mediocres. De la saña de los mediocres, dijera Real de Azúa. Mientras hay naciones que admiran a conquistadores de montañas o constructores de pirámides, los uruguayos del país negado admiran a quienes hacen la plancha. Si sós Ministro no hagas nada. Si te comprometés con una política en serio, tocarás intereses que te voltearán. La plancha, mi Dios, la plancha y excitarás a los uruguayos. Y luego, el país a la deriva, jugando a nada.
Cuando había políticas públicas y personal político preparado (40 convenciones por año permitían obtener las dos cosas en el Batllismo) se metía el cuchillo hasta el fondo de los pr|lTas. Luego el país era eficaz. En seis meses se construyó el Estadio Centenario. El encargado no fue Ott, sino simplemente el Director de Paseos Públicos. Y, además, como el país del éxito cuidaba su memoria, filmaron la construcción. El principal problema que tuvieron los capataces fue que los obreros no se entendían porque hablaban diferentes lenguas: todos inmigrantes. Hacíamos que Babel funcionara.
La articulación de las tres vertientes
La teoría del Uruguay deberá incursionar en el estudio de los tres proyectos fundamentales en cuyo crisol se armó la identidad uruguaya. El proyecto liberal-radical, el liberal-conservador y el de la izquierda uruguaya. Los tres tienen ricas y complejas construcciones y evoluciones, así como entrelazamientos. Los tres tienen contradicciones y disidencias cuyo desentrañamiento contribuye también a definir mejor los términos del debate sobre la identidad.
En común los tres tienen que, siendo como ya dijimos, un país en que fundamentalmente sus habitantes vienen de la inmigr
ación bajamos de los barcos , el debate uruguayo tuvo siempre la especial aptitud para la universalidad que mencionáramos. El liberalismo francés ya estaba debajo del apero de Rivera, donde llevaba El contrato social de Rousseau, según cuenta Brito del Pino; el liberalismo inglés matriza buena parte del pensamiento de Luis Alberto de Herrera. Aquí fue el primer lugar de América donde se enseñó el materialismo histórico (mientras Marx escribía), y donde se tradujo luego el pensamiento del socialdemócrata antileninista Berstein.
La teoría del Uruguay es imprescindible para conocernos mejor. Y, en el país de los nuevos diálogos, hacer compatibles culturas políticas que en su hora se pensaron como excluyentes. *
(*) Precandidato por el Partido Colorado
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