A treinta metros del límite
En la zona sur, dentro del límite de Montevideo, las 500 familias, unas dos mil personas, que habitan el asentamiento Asociación Civil Esperanza, poseen caminos de balasto, lo que les ha posibilitado combatir en un 90% los basurales crónicos existentes en la zona. También cuentan con una policlínica vecinal y un merendero que asiste, de lunes a viernes, a 200 niños. En plena crisis de agosto de 2002, con el apoyo de la Intendencia de Montevideo, el Instituto Nacional de Alimentación (Inda) y varias ONG, los vecinos se organizaron para crear un comedor popular y alimentar a los más necesitados.
Sin embargo, basta cruzar el arroyo Carrasco, trasponer el límite Montevideo-Canelones, para encontrarse con otra realidad. Separados por apenas treinta metros de sus pares montevideanos, los habitantes del lado canario del arroyo viven una realidad muy diferente. Caminos de tierra, basurales por doquier, moscas y roedores, representan un riesgo sanitario, no sólo para sus quinientos habitantes, sino para zonas aledañas como Carrasco Norte y Sur y parte de la Costa de Oro.
La explicación de la dos geografías, humildes ambas pero con un salto cualitativo observable en el paisaje, tiene una explicación: la falta de calles del lado de Canelones y, por ende, la carencia de recolectores de residuos.
La solución está al alcance de la mano y con un costo no muy elevado, afirman los vecinos. «Con una calle de balasto que permita el acceso del recolector de basuras se erradicarían los basureros y los focos de infección. No es mucho dinero, falta voluntad política», señalan.
Sin respuesta
Pese a los reiterados pedidos a la Intendencia de Canelones, realizados por vecinos y médicos que trabajan en la zona, hasta el momento la situación sigue incambiada. En cambio, los focos infecciosos y posibles enfermedades, como consecuencia de las toneladas de basura acumuladas, -la mayoría de los habitantes son hurgadores y clasificadores-, parecen ser un riesgo cada vez más tangible.
El médico de la policlínica del asentamiento Esperanza, Escandor El Ters, dijo a LA REPUBLICA no entender «cómo si la Intendencia de Montevideo nos dio una respuesta a un tema tan sensible como el sanitario, desde el otro lado del arroyo, la Intendencia de Canelones, a pesar de que hemos realizado gestiones, nunca nos ha respondido».
El Ters recordó que hace dos años una situación casi similar ocurría en la zona limítrofe del lado de Montevideo. Fue entonces cuando la comisión del asentamiento Asociación Civil Esperanza decidió solicitarle a la comuna capitalina la construcción de una calle que permitiera el acceso de los camiones recolectores de residuos.
«Simplemente, trajeron la maquinaria adecuada, quitaron con excavadoras los basurales endémicos que había e hicieron una calle de balasto, que no tuvo un costo alto. Con esto, se logró que pase el recolector de basura y, de esta forma, se evitó que los vecinos tiraran sus residuos al borde del arroyo», manifestó el médico.
Esto permitió la erradicación del 90% de los basurales ubicados del lado capitalino, en la zona de Carrasco Norte. Asimismo, cada vez que la comisión vecinal, a través de la agente comunitario Helena Graña, solicita al Centro Comunal Zonal Nº8 una unidad para desratizar y fumigar la zona, ésta es enviada.
«De esta manera disminuimos la población de ratas e insectos y, como consecuencia. han descendido en un porcentaje importante las enfermedades que obedecen a esta causa», manifestó El Ters.
Treinta metros al este
En la otra orilla del arroyo Carrasco, donde comienza Canelones, la situación cambia radicalmente. Allí las viviendas son construidas con cartones, chapas y trozos de árboles. Los niños andan descalzos entre los basurales y los residuos se amontonan en las sucias aguas que divide ambos departamentos.
«La población de este asentamiento ha crecido mucho en los últimos meses sin ningún control de la Intendencia de Canelones», acota el médico.
A la falta de una calle que oficie de costanera para que transite el recolector de basura, se le suma la existencia de varios criaderos de cerdos, por lo que hay días que el aire se hace irrespirable. El olor nauseabundo lo invade todo y las moscas parecen multiplicarse con el paso de las horas.
«Nosotros esperamos una respuesta de la Intendencia de Canelones, pero también de otros organismos involucrados como el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas y el Ministerio de Salud Pública», subrayó el médico. *
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