LOS VECINOS Y EL MEDICO CONSIGUIERON UNA CASA PARA SEGUIR ATENDIENDO PACIENTES

Vecinos rechazan la decisión de un cura de cerrar la policlínica de la Iglesia

La iglesia Santa Teresita del Niño Jesús está ubicada en Camino Mendoza 6267. Hasta el 2 de enero, y durante los últimos 15 años, funcionaba en el mismo edificio una policlínica, hasta que el párroco, Gustavo Monteverde, decidió el cierre definitivo del centro de atención médica.

La decisión tomada por Monteverde fue interpretada como arbitraria por los usuarios que se vieron perjudicados, y esto motivó que ellos mismos, con el apoyo de vecinos  que sin hacer uso del servicio, igual se conmovieron con la situación  trataran de hallar una alternativa que les permitiese continuar con las consultas médicas.

El cura se mantuvo firme en su posición, pero los vecinos consiguieron reinstalar el consultorio en una vivienda cercana que el propio médico debió conseguir.

Al parecer, las críticas de la gente del barrio hacia el padre Monteverde no sólo parten de los afectados por este cierre, sino también de quienes asisten a la iglesia en calidad de fieles, los cuales manifestaron su malestar ante actitudes «poco corteses» del religioso, como por ejemplo haber suspendido las actividades de un coro, o poner objeción a las reuniones de camaradería que un grupo de señoras y abuelas de la zona realizaban cada semana.

«Desde que asumió este cura, mucha gente se ha ido retirando de la iglesia. Yo soy católica, y la verdad que me apena ver que suceda esto», comentó Nelly a LA REPUBLICA, una vecina que en su momento le manifestó a Monteverde su disconformidad con el manejo que hacía de las actividades que se realizaban en la iglesia. «Fíjese que el domingo no fue casi nadie a la misa. Si sigue así, se va a quedar solo», pronosticó la señora.

Raquel, otra vecina que junto a su esposo supieron ser colaboradores del párroco anterior, comentó que «este padre le ha dado importancia al aspecto edilicio de la iglesia, pero ha ido eliminando las actividades sociales que tanto bien le hacían a la gente del barrio».

Entre esas actividades se contaba el servicio gratuito que brindaba el doctor Vicente Campolongo, atendiendo como médico, durante los últimos 15 años, a decenas de pacientes. La atención se brindaba lunes y viernes.

La carta del párroco

Monteverde entregó a LA REPUBLICA una carta que él mismo hizo circular entre la comunidad parroquial, en la cual agradece al doctor Campolongo y a sus colaboradores «por la disponibilidad que expresaron al servir a estos barrios que rodean esta sede parroquial». Más adelante, menciona dos de las razones que a su entender motivaron el cierre de la policlínica. La primera refiere a la necesidad de un mayor número de días de consulta para una demanda que aumentó mucho en los últimos años. Dicho incremento en la cantidad de pacientes habría desbordado la capacidad de atención del profesional y sus asistentes. La segunda razón exhibida en dicha carta le es atribuida al propio médico, en lo que parecería ser un deseo que éste tenía de lograr una comisión de usuarios que colaborase con él, aunque no se aclara por qué requerir una mudanza para llegar a ese objetivo.

Si bien fueron varios los testimonios de vecinos, que expresaron que el sacerdote generó muchas situaciones antipáticas, el religioso restó importancia a esos comentarios y dijo a LA REPUBLICA que, «en realidad, se trata de un grupo reducido de personas el que ha puesto las cosas en esos términos». Explicó que la decisión de cerrar la policlínica se trató de mantener en el ámbito del consejo parroquial, aunque sobre la fecha de cierre intervino un número mayor de personas.

Si bien la relación entre el párroco y el médico fue calificada como buena por ambos, no es lo que se percibe al dialogar por separado con cada uno de ellos. Ninguno de los dos manifestó críticas severas hacia el otro, pero en la exposición de sus respectivas posturas quedaba claro que no comparten un mismo punto de vista en lo que refiere al trato con los pacientes.

El doctor Campolongo solicitó a Monteverde que prorrogara el funcionamiento del consultorio hasta que encontrase una solución adecuada para los usuarios. El objetivo era que, en caso de no existir más alternativa que la mudanza, el nuevo local mantuviera una ubicación de proximidad con los habitantes del barrio que hacían uso del servicio.

Los vecinos incluso llegaron a plantear la posibilidad de mantener el lugar funcionando, consiguiendo recursos mediante una colecta que permitiese paliar algunos gastos que el consultorio genera (como el uso de energía eléctrica o agua potable). Según los vecinos, ninguna de estas sugerencias tuvo andamiento. Por otra parte, el cura dijo que dicha propuesta económica «llegó recién el día en que ya estaban cerrando la policlínica».

Debido a la postura adoptada por el cura y su negativa a contemplar los pedidos de los vecinos por éste y otros planteos, el relacionamiento entre ambas partes se fue volviendo un tanto tenso, lo suficiente como para que al médico le resultara incómodo seguir prestando sus servicios en esas condiciones. A modo de ejemplo, los vecinos recordaron la mala actitud del cura cuando retiró del lugar las estufas eléctricas usadas en invierno, por una cuestión de gastos, hecho que no fue desmentido por Monteverde.

Esto llevó a que finalizando el año pasado fuera el propio médico quien buscase una alternativa que no supusiera un costo extra para los vecinos y que a la vez no motivara entredichos mayores con el padre Monteverde.

Más allá del agradecimiento manifestado en la carta dirigida a Campolongo, los vecinos insisten en que esperaban otro tipo de trato del párroco cuando se le plantearon las inquietudes por el inminente cierre del consultorio. Lamentan también que no se valoró, en los hechos, la noble tarea cumplida por el médico. «El doctor llegaba a ir a los domicilios de los pacientes en su propio auto y fuera de su horario de trabajo, si era necesario», señaló una vecina, indignada por «la falta de consideración» de la iglesia hacia el galeno y su trayectoria de tantos años atendiendo en el lugar.

Consultado sobre la poca simpatía que generaba entre varios miembros de su comunidad, el padre Monteverde fue escueto y un tanto irónico: «Es lógico y hasta sano que se generen este tipo de tensiones en una comunidad. Una comunidad sin tensiones es una comunidad que no vive».

Monteverde dio a conocer que había cursado una propuesta que fue desdeñada. La idea era mudar el consultorio a una modesta construcción en un asentamiento cercano (de reciente adquisición de la Parroquia). Los vecinos explicaron que la vivienda del asentamiento estaba en un estado muy precario y no era posible que se le ofreciera a un médico ejercer su tarea en un lugar que no contaba con las condiciones sanitarias mínimas como para atender a los pacientes. Otro problema era el acceso al lugar en días de lluvia, debido a que la falta de caminos asfaltados convierte las calles en barro.

Una salida

Finalmente, la solución la aportó el propio doctor Campolongo, quien dijo a LA REPUBLICA que, durante la primera semana de enero, un amigo suyo enterado de la situación contribuyó con la prestación de una casa  ubicada en Osvaldo Rodríguez casi Mendoza , la cual fue puesta en condiciones por los propios usuarios para que el consultorio comenzara a funcionar allí.

Campolongo prefirió ahorrar comentarios sobre la actitud del padre Monteverde, y optó por rescatar como hecho positivo el espíritu de colaboración demostrado por la gente del barrio  tanto de quienes hacían uso del servicio como de quienes no , que pusieron manos a la obra en medio de una temperatura sofocante, y movidos por lo que consideraban una causa justa.

«Todos dedicaron su fin de semana a trabajar en el acondicionamiento de la vivienda», dijo Campolongo, agregando que finalmente consiguieron cumplir con el objetivo que todos anhelaban: lograr que el lunes siguiente a la clausura el nuevo local estuviera listo para que se realizara la primera consulta. «Fíjese que, gracias a la entrega de los vecinos, no se perdió ni un día de consulta, y lo mejor es que hasta aquellos que estaban ajenos a la causa se solidarizaron también», comentó el médico. Se demostró que la solidaridad también es una cuestión de fe. *

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