El infierno tan temido
Desde el jueves pasado y hasta hoy, 500 adictos en recuperación se reunieron en Montevideo con el objetivo de promover la unidad entre sus integrantes y demostrar la efectividad del programa NA.
Las convenciones latinoamericanas se realizan cada dos años y se elige, como sede para la ocasión, algún país del continente que tenga filiales de Narcóticos Anónimos. A nivel regional, las convenciones se efectúan una vez por año. NA, creada hace 50 años en California, Estados Unidos, funciona en más de 120 países, con más de 31 mil reuniones semanales, lo que da una idea del flagelo de la droga y de quienes luchan día a día por superar la adicción.
En Uruguay, la organización comenzó hace 13 años con un grupo y dos reuniones semanales. Hoy, los adictos en recuperación se reúnen en 30 grupos y 60 reuniones semanales.
Pablo, integrante de Narcóticos Anónimos Uruguay, dijo a LA REPUBLICA que el objetivo de las convenciones es promover la unidad y festejar nuestra recuperación.
«En este caso, la Sexta Convención Latinoamericana viene acompañada de un foro zonal que se financia desde la Convención. Es decir que a los integrantes de NA de otros países de la región se les paga el viático y el hospedaje. En estas jornadas, a través de los talleres y los paneles, analizamos y debatimos la enfermedad que para nosotros representa la adicción a las drogas».
A nivel económico, la «confraternidad» como gustan llamarla sus integrantes se nutre de los fondos aportados por quienes participan. En realidad, no hay monto fijo o mínimo. En cada reunión, se pasa una canasta y cada uno aporta lo que puede o lo que quiere. Finalmente, el fondo común es invertido en material informativo de cómo funciona NA y en las convenciones.
Pablo agregó que la idea fundamental de estas reuniones es «pasar un mensaje de aliento al adicto que está sufriendo, ya sea en cárceles, hospitales o en psiquiátricos. Esto es libre y gratuito. El único requisito para ser miembro es que tengas el deseo de dejar de consumir, más allá de que estés consumiendo».
Testimonios de vida
En el hall del hotel NH Columbia, donde tiene lugar la Convención, LA REPUBLICA entrevistó a tres adictos en recuperación, quienes narraron su experiencia con las drogas.
Todos los testimonios recogidos coincidieron en señalar la adicción como una enfermedad, cuyo síntoma más visible es el consumo compulsivo de drogas.
Gerardo, de Montevideo, narró a este matutino su odisea con las drogas y la decisión de buscar una luz, dada la dependencia psicofísica que ella representaba.
«Desde 1998 estoy en la comunidad. Mi experiencia con las drogas comenzó con el alcohol, cuando tenía doce años. A partir de ahí empecé a probar marihuana. En ese momento, me parecía que estaba bien, sentía que me integraba con gente que yo quería estar. Luego comencé con lo que se llaman ‘drogas duras’. Lo que no me esperaba era lo que vendría después. Al año de consumir cocaína, ya dependía de esta sustancia, y me di cuenta de que no podía parar. Era un círculo: conseguir plata para la droga, anteponiéndolo a las necesidades de mi familia. Llegué a robar, pese a que siempre trabajé, para conseguir droga. Incluso, hasta las vendí», confesó.
Sin embargo, Gerardo pensaba que aún podía controlar su adicción. «En realidad, se trataba de negar algo que existía. Llegué a tal grado de locura que vivía todo el día paranoico. Un día, en 1998, no aguanté más y busqué en la guía el teléfono de Narcóticos Anónimos. En la primera reunión sentí una sensación de alivio. Había gente que me estaba contando lo mismo que yo sentía y que no podía contárselo a mi madre o a mi compañera. A partir de ese momento, tuve varios períodos de abstinencia y recaídas. Hoy, hace cuatro años, tres meses y veintidós días, que no consumo», resumió Gerardo.
José Luis es argentino y relata haber empezado a consumir drogas «ya de grande». Hoy, a pesar de que hace casi una década que se «mantiene limpio», viajó a Montevideo para narrar su experiencia.
«Soy un adicto en recuperación», dice José Luis a modo de presentación. «Las drogas causaron muchos estragos en mi vida. De hecho, he sufrido internaciones, problemas con la ley y, en un ataque de desesperación, mi mujer se conectó con un teléfono de ayuda que había en Buenos Aires. Comencé en un grupo de NA en el año 93, y tardé un año en parar de consumir. Hasta que, harto de estar harto, junté un día de estar limpio; después un mes, tres meses… Así comenzó mi etapa de recuperación. Ahora llevo casi diez años sin consumir drogas», confió a LA REPUBLICA.
Gerardo llegó desde México DF. Su relación con las drogas, la dependencia y problemas que su consumo acarrea no dista de lo expresado por los otros entrevistados.
«Comencé a los once, doce años, a consumirlas, bien disfrazado para que mi familia no se diera cuenta. Las consecuencias son nefastas. Pierdes la escuela, robas para drogarte y puedes llegar a ser arrestado. Y creas cierto tipo de situaciones con tal de seguir drogándote. Ese es el único objetivo que tienes en la vida: drogarte día tras día. En una ocasión estuve veintiún días drogándome sin parar, y ahí te viene la sobredosis y los infartos. Para mí fue una larga carrera de dieciocho años de consumo», manifestó Gerardo.
Desde hace nueve años, ya casi diez, Gerardo no consume ningún tipo de drogas, lo que posibilitó un cambio significativo en su calidad de vida.
«Quiero transmitirle a la gente que empezamos a consumir aun sin saber qué tipo de droga estamos consumiendo y qué efecto nos va a producir. Simplemente, es vivir en un estado de inconformidad. Pude salir de ese infierno. Trasmitir este mensaje para mí es muy claro. Soy de México y no me preocupa viajar diez o quince horas para compartir con otra gente que ha sufrido lo mismo, o más que yo, mi experiencia con las drogas», subrayó. *
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