Ochenta mujeres trabajan como voluntarias en el Pereira Rossell
No son muy conocidas e incluso ellas mismas dicen que prefieren mantener un perfil bajo. Se trata de un grupo de ochenta mujeres que se comprometen entre ellas a cumplir un turno, de la extensión que pueden, para ayudar a las madres y sus hijos que vienen a atenderse al Hospital Pereira Rossell.
Afuera ellas también son madres, esposas, algunas son solteras, trabajan la mayoría, otras son amas de casa, e incluso hay profesionales. Sin embargo cuando se colocan la túnica celeste que las identifica todo eso queda atrás y simplemente pasan a ser «voluntarias».
Por día trabajan unas 25 mujeres y se organizan de forma tal de poder cumplir su tarea durante nueve horas diarias y a veces más. Van rotando y se comprometen «moralmente» a cumplir los turnos que ellas mismas eligen de acuerdo a sus posibilidades.
El grupo es heterogéneo. Una de las voluntarias, la más joven, tiene 19 años y la mayor 86.
El tiempo, su perseverancia y las carencias en salud pública las fue haciendo cada vez más necesarias e incluso, en el buen diálogo que tienen con las autoridades del hospital, hacen sugerencias para mejorar la atención a los pacientes con quienes conviven en el día a día.
La Asociación de Voluntarias está en varios hospitales y su cometido «es estar a la orden de los usuarios» dijo a LA REPUBLICA, María José quien ayuda en el centro pediátrico. «Estamos tratando que quienes deben permanecer en el hospital estén lo mejor posible. Buscamos solucionarles algunos problemas como ser lo vinculado a la ropa, se ofrece compañía o simplemente se escucha a la gente que generalmente viene con muchos problemas.
Las mamás nos explican qué les está pasando y no hay que olvidarse que esa señora que trae a su hijo o hija al hospital deja atrás toda una familia y una cantidad de cosas»
No todos los que vienen son carenciados también están los que tienen una posición económica algo mejor pero no les alcanza para pagar una mutualista, señaló.
María José agregó que el hospital cuenta con todas las comodidades necesarias para que los pacientes permanezcan internados en buenas condiciones. A las mamás les inculcamos que de noche laven su ropa y la de sus hijos y «nosotros de mañana vamos por los pisos, la recogemos mojada y luego la centrifugamos y la secamos. La entrega se hace una hora después».
«Las mamás, lo que más nos piden es apoyo, que estemos con ellas y nosotros enseguida nos damos cuenta qué es lo que más necesitan» cuenta Inés, otra Voluntaria.
«También nuestro trabajo es estar con ellas, hablar y comprenderlas.
Hacemos este trabajo con amor, no porque nos sobre tiempo, porque en realidad no es así», comentaron las Voluntarias. En general las mayores carencias entre quienes van a pedir una mano son ropa, pañales y juguetes. *
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