Durante 2003 se fue otro 1% de la población, y para 2004 las perspectivas son aún peores
Aunque a nivel gubernamental los números siguen sin aparecer, las estimaciones más positivas colocan al año que terminó apenas por debajo de la cantidad de emigrantes de 2002.
Cierto es que 2002 ha sido calificado como el año con mayor emigración en la historia moderna del país cuando, solamente por vía aérea, salieron sin regresar 35.000 personas. De atenernos a la emigración constatada también hacia Argentina y Brasil para ese año por vía terrestre, más del 1% de la población se fue en 2002.
Los datos para determinar la emigración durante 2003 continúan siendo relevados a partir de una suma-resta elemental que, en realidad, apenas si permite atisbar el fenómeno emigratorio. Los datos del Aeropuerto Internacional de Carrasco, en cuanto a partidas y regresos, son el único aporte numérico de las autoridades para informar al país. Ello condiciona totalmente el cálculo de la otra forma de emigración corriente, como es viajar por tierra a Argentina, Brasil e incluso Paraguay, donde es obvio que las colonias de compatriotas siguen creciendo.
Lo concreto es el cálculo de enero a octubre de 2003. Noviembre y diciembre presentan una configuración particular: a fines del penúltimo mes del año pasado entraron mil pasajeros más de los que salieron (38.637 arribados, 37.542 egresados), valores atribuibles al aumento de uruguayos residentes en el exterior que llegan a pasar diciembre «en casa», así como a un leve e incipiente turismo. Este último aspecto es contundente para diciembre último: entraron 43.936 pasajeros, salieron 36.491. A nadie se le ocurre aún pensar que la diferencia de 7.445 puedan constituir gente que llega a Uruguay para quedarse en el país. Por tanto, parece razonable considerar noviembre y diciembre como meses de cero emigración, algo que, aún cuando arbitrario, evita incrementar todavía más los valores del flujo emigratorio.
Lo concreto es que durante enero de 2003 salieron por el Aeropuerto de Carrasco 37.600 personas, y entraron 29.800: un total de 7.800 personas sin regresar, más que las 7.540 de igual mes en 2002.
En febrero salieron 32.916, entraron 29.177: saldo negativo, 3.739 personas. Marzo: 36.245 salidas, 30.951 entradas. Saldo negativo 5.294 uruguayos, algo más que los 4.403 del año anterior.
En abril la situación empeora y son 6.440 los emigrados (38.618 salidas, 32.178 entradas); en mayo salieron 31.747, entraron 29.274, diferencia: 2.473.
En junio salieron 32.991, entraron 27.508; saldo negativo 5.483 personas. Julio: 37.524 contra 36.318; saldo negativo 1.206. Agosto 33.788 contra 31141: se fueron 2.647. Setiembre 37.060 contra 35.508: diferencia 1552. Octubre, el mes de menor índice, negativo: 859 (salieron 37.627, entraron 36.768). Al total de esos diez meses (353.358), deducidos los 321.381 retornados, le deja una diferencia de 31.977, el mínimo absoluto que es dable constatar. Agreguemos para noviembre y diciembre, los valores del menor mes de emigración (octubre: 859), la cifra ronda las 34.000 personas. Con un mínimo, arbitrario, de 1.000 más durante todo 2003, emigrados a Argentina, Brasil, e incluso Paraguay, se fueron 35.000 uruguayos: otra vez más del 1% de la población.
Perspectivas 2004
¿Incidirá la perspectiva de un gobierno del Encuentro Progresista en la decisión de los uruguayos a la hora de emigrar? Es imposible responderlo. Aparece como más fácil contestar la incidencia que tendrá en la corriente emigratoria la afirmación de blancos y colorados diciendo que «la crisis, ya pasó».
Así las cosas, lo concreto para este año es que 11 países abren posibilidades a inmigrantes de Uruguay. Y aunque 10 de ellos exigen cuando menos ser descendiente de oriundos de esas naciones, las expectativas en todos los casos en absoluto parecen menores.
El único país que abrirá sus barreras este año, sin limitaciones de origen aunque sí de calificación, es Australia. Las informaciones del lejano país aseguran que en breve se dará a conocer el documento oficial estableciendo las condiciones para la nueva corriente migratoria. Hasta el momento los datos son escuetos, aunque todo indica que los requisitos para menores de 45 años que deseen radicarse allí, serán sensiblemente inferiores a los hasta ahora exigidos.
En cuanto a los restantes diez países que se abren para potenciales emigrantes uruguayos, a partir de mayo próximo, todos corresponden a los que se suman a la Unión Europea.
El 1º de mayo, diez naciones se sumarán a las quince que hoy componen el bloque: los descendientes de ciudadanos de estos países gozarán los beneficios que da el pasaporte comunitario, es decir, poder radicarse legalmente en los demás países, miembros de la UE.
Los hijos y nietos de quienes sean, o hayan sido, ciudadanos de: Polonia, República Checa, Hungría, Lituania, Letonia, Estonia, Eslovaquia, Eslovenia, Malta, y Chipre, accederán a los beneficios que implica ser ciudadano «comunitario».
Aunque pudiera parecer que en Uruguay los descendientes de estas colectividades son pocos, lo cierto es que tan sólo la colectividad polaca cuenta con hasta 25.000 emigrantes según algunos cálculos.
La gran cantidad de judíos-polacos en Uruguay estaría amparada por el beneficio aunque buena parte carece de documentación acreditante, dadas las circunstancias bélicas en que emigraron.
Igual problema tienen descendientes de quienes nacieron en territorio polaco, pero hoy dichas localidades pertenecen a otros países, producto de la movilidad de fronteras posconflictos.
Bastante más clara es la situación de los húngaros: el Consulado Honorario de Hungría en Montevideo confirmó que efectivamente ya hay una corriente de interesados sumamente importante, para obtener los papeles que acreditan a «centenares» de descendientes.
Algo similar ocurre en la Embajada de la República Checa en Montevideo, aunque el estimativo de beneficiarios apenas alcanza a las cien familias.
La falta de legaciones diplomáticas o consulares en Uruguay de los demás nuevos miembros de la UE, impide ahondar estimaciones, aunque lituanos, letones y estonios tienen representación viva en zonas rurales del norte del país. *
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