EL MINISTRO CACERES ABANDONO LA RUTA 87, BENEFICIANDO PAGO DEL PEAJE

La futura "ruta de la muerte" camino de la Interbalnearia

Los conductores le llaman la Ruta 87, cuando en realidad el tramo, ahora de alta peligrosidad, es una combinación de las rutas 87 y 34. Comprende a los 11 kilómetros que en dirección sur-este recorren desde la Ruta nacional 8, que une Montevideo con Minas, a la Ruta Interbalnearia. Agregando 12 kilómetros en total, a cualquier viaje con destino a la Costa de Oro, el recorrido permite ahorrar el costo del peaje sobre el arroyo Pando en la Interbalnearia. El ahorro puede parecer menor para un automóvil que paga 90 pesos en el peaje, en tanto deberá gastar aproximadamente dos litros más de combustible; no obstante téngase en cuenta que la cifra multiplicada por una semana promedio laboral de los vecinos que diariamente se dirigen a Montevideo, es bastante más abultada.

El problema mayor sin embargo es el peligro. Hasta que se cambió el sistema de cobro, prácticamente todo el tránsito que circulaba en las angostas rutas 87 y 34, lo hacía en dirección al este. Ahora, con el antiguo sistema renovado, es indistinto ahorrar el peaje en un sentido como en otro, por lo cual el tráfico de ida y vuelta se multiplicó.

Cualquiera podría opinar que ello no parece incidir en la siniestralidad, pero baste con experimentarlo una vez para comprender que el aumento de vehículos que vienen «de frente» es potencialmente letal.

Metro a metro

Aunque contarlo jamás es vivirlo, la reproducción de los riesgos existentes en el tramo de intensísimo tránsito bien podría dar un pantallazo del peligro a que se exponen los conductores. De cualquier modo, el lector bien puede hacer el trayecto para comprender que en la crónica apenas si se reproduce parte de lo que encontrará. Existen seguramente más riesgos que los conductores observarán al transitarla.

La peripecia comienza en el desvío sobre Ruta 8, a poco de pasar el Empalme Olmos, cuando se ingresa a la Ruta 34: una doble curva a derecha e izquierda sucesivamente ambas de 90 grados, a lo que debe agregarse personas ambulantes en la banquina durante el día. Habitualmente Policía Caminera asigna sobre la ruta principal una camioneta, lo que obliga a los conductores a ser más precavidos.

En el siguiente medio kilómetro al este, la ruta carece de reparaciones actualizadas, a pesar que en ese mismo tramo existe un taller y depósito del Ministerio de Transporte y Obras Públicas: los mismos camiones del MTOP, se ven dificultados de llegar debido a los pozos, pero como no hay orden de arreglar, nadie lo hace.

Al fin de la recta, otra curva de 90 grados, señalizada pero carente de iluminación, puede ser vista de noche solamente gracias a la existencia en el lugar de la panadería «Las Barreras», cuyas luces hacen el trabajo del ministerio. La curva es una de las dos más difíciles de sortear. Acto seguido, el conductor deberá emprenderla con una bajada de un kilómetro aproximadamente, a cuya derecha dejará la entrada a Estación Sosa Días, distante seis kilómetros. Deberá ser precavido al fin de la bajada en tanto el paso sobre la cañada allí existente tiene serios desniveles. De inmediato una curva a la izquierda con un cráter en el centro exactamente, sirve de riesgo letal en ambos sentidos.

El conductor entrará entonces en la villa «La Montañesa», apacible lugar si los hay…. con excepción de esta ruta que para los vecinos es de alto peligro. A pesar del cartel limitando la velocidad a 45 kilómetros horarios, la media en que cruzan los vehículos es superior al doble de lo autorizado. Por supuesto que los vecinos jamás han visto inspector alguno que controle dichos límites. Ni siquiera frente al «Grupo de Artillería de defensa antiaérea número 1″, cuyo frente a la ruta se extiende en plena villa por quinientos metros a la altura del kilómetro 42.

El peligro en La Montañesa, es gravísimo durante la noche: como las banquinas están destruidas, los soldados en bicicleta transitan por la ruta. Sin luces y en uniforme verde oliva, son potenciales víctimas del tráfico en ambos sentidos.

La cartelería es mínima, con excepción en estos últimos días de la proliferante que corresponde a la campaña electoral del pachequista Alberto Iglesias.

Al ex director del Banco de Seguros, sus adherentes de la Lista 321 llenaron la ruta de carteles. También el candidato Charamelo, blanco de Larrañaga, completa el escenario de cartelería existente.

La profunda hondonada siguiente a La Montañesa, presenta igual escenario, siendo la cartelería dominante la de chacras en venta en la zona. Después se avecina el puente más complejo del recorrido.

Es tan angosto que el paso de dos vehículos de porte es imposible. Existe un semiborrado cartel dibujado en el bituminoso que concede la preferencia en dirección al sur: los que viajan hacia el norte podrían también interpretar tener preferencia ya que no hay cartel en sentido sur-norte, estableciendo el preferente.

Ahora viene lo peor

El conductor viajando de norte a sur llegará entonces a la intersección de las rutas 87 y 34, recientemente ascendido a la categoría de máximo peligro («punto negro») por Policía Caminera.

La ruta se bifurca en tres ramales: a la izquierda (Ruta 87), rumbo a Salinas para lo que restan seis kilómetros. Al centro (Ruta 34), para desembocar al este del peaje, en la margen izquierda del arroyo Pando. A la derecha (bar «El Buen Mozo»), e ingreso a la zona poblada allí existente. Los conductores que se dirigen a balnearios, la mayoría del tránsito, toma el ramal a la izquierda, con riesgo de caer en las banquinas debido a lo cerrado de la curva y a la falta absoluta de limpieza y rebacheado del lugar.

Dos de las opciones (los cronistas obviaron la del bar) merecen destaque. Continuar recto (dirección sur-oeste) implica un tramo casi sin sobresaltos, prácticamente desierto, forestado a ambos lados de la ruta aunque con múltiples pozos en toda la extensión.

Se desemboca en el peaje, del lado este, es decir, eximiéndose del pago en dirección al este.

La mayoría de los conductores opta por la Ruta 87 (dirección oeste-este, y luego norte-sur), para los seis kilómetros restantes. Allí deberá hacer dos profundas subidas y bajadas: la carretera está mejor, pero la señalización de velocidad máxima a 60 kilómetros horarios, es un eufemismo.

El segundo «repecho» (kilómetro 46) concluye en la segunda curva más peligrosa del trayecto. Es a la derecha, carece de señalización ni por la curva, ni por el peligro, y su ángulo la hace fatal: a metros de allí aún están en la banquina los restos de una chata de camión volcada y sin rescate.

El siguiente cartel («quesos y huevos caseros») puede ser usado por el lector como referencia de alto peligro, en tanto es la cúspide de una loma donde se concentra todo tipo de riesgos. De allí en más es advertible un nuevo puente con desnivel en pavimento y otra curva de riesgo a la izquierda.

Los dos kilómetros restantes serán en línea recta pero no por ello menos riesgosos.

Hay una serie de pinares, para luego encontrar una zona fuertemente urbanizada, las banquinas no existen y el tránsito de ciclistas es intenso y peligroso.

Hay allí un liceo adecuadamente señalizado y la velocidad será reducida por el conductor inevitablemente (incluso en vacaciones), debido al estado de la ruta que así lo impone.

Precaución importante en los últimos quinientos metros antes del semáforo en el cruce con Ruta Interbalnearia: el conductor no experimentará mayores riesgos ya que cráteres y pozos se ocuparán de hacerle disminuir la velocidad sin más.

Allí, habrá llegado usted a la ruta que une los balnearios, donde para su solaz, le esperan payasos, acróbatas, mendicantes y ot
ra suerte de compatriotas cuya lucha por sobrevivir es ajena al peaje. *

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