ALERTA NARANJA

Viva la ciencia

Los adelantos científicos han conducido a la Humanidad por el camino del progreso y del bienestar. Gracias a la ciencia hemos logrado vencer enfermedades y desplazarnos en confortables automóviles cada vez más veloces; estamos explorando el espacio, nos comunicamos por computadoras, conservamos los alimentos congelados y los descongelamos al toque en el microondas. La biología ha llegado a descifrar el genoma humano, y los cosméticos nos quitan arrugas de la piel.

Pero todo esto no es nada comparado con las asombrosas investigaciones del genetista estadounidense Amar J. S. Klar, quien «presume que el giro del remolino capilar está vinculado con la tendencia de una persona a ser diestra o zurda», según da cuenta un cable de AFP. Y agrega que el científico busca para sus experimentos «personas cuyos remolinos de la cabellera giren en sentido contrario al de las agujas del reloj». (LA REPUBLICA, 13/01/04).

¿Usted se imagina, caro lector, lo que esto significa como avance para la Humanidad? ¿Se imagina? ¿Eh? Si se imagina, dígamelo; porque a mí me cuesta darme cuenta.

Pero por lo menos me distraigo en el viaje de regreso a casa. Como por lo general no hay asientos libres, debo viajar de pie, lo que me permite observar detenidamente y desde arriba las cabezas de los felices pasajeros sentados. Me he vuelto un especialista en cueros cabelludos, en peinados y en teñidos, a fuerza de contemplar testas diversas buscando el remolino delator.

Reconozco que la tarea no es fácil. Entre las trencitas ultrafinas, las calvicies, los rastafaris, las largas cabelleras sujetas con colita o cuidadosamente peinadas a la gomina, los remolinos se tornan difícilmente detectables. No obstante, a veces el destino me depara alguna ocasión gratificante. Ayer, sin ir más lejos, descubrí un remolino perfecto; lo observé detenidamente comparándolo con mi reloj y vi que la dirección de los pelos era opuesta a la de las manecillas. Sin poder contenerme, pregunté al desconocido:

–Perdón, señor, ¿usted es zurdo?

–¿Y a usted qué le importa?– me espetó por toda respuesta.

¡Hay gente que no entiende que uno pueda tener inquietudes científicas!

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