Los vecinos del Borro no aguantan más
os barrios Borro, Municipal, Casavalle y Gruta de Lourdes integran la zona «roja», frecuente escenario de hurtos y delitos varios. En múltiples ocasiones, los asaltos a taxis y ómnibus determinaron la suspensión del ingreso de esos medios de transportes –incluso ambulancias–, volviendo a la normalidad pocos días después. Pero el sábado a la tarde, el robo y asesinato a un chofer de la línea 328 de UCOT fue la gota que derramó el vaso. A partir de entonces el gremio de los transportistas resolvió no entrar más a la zona en tanto no se tomen medidas de seguridad, efectivas y permanentes. Ante tal situación, la empresa Cutcsa colocó seis coches que desde la mañana y hasta la madrugada trasladan a los pasajeros en forma gratuita desde el Borro hasta el Cementerio del Norte, atravesando los barrios peligrosos. El servicio es atendido por «empresarios voluntarios».
Testimonios
Adela es una mujer de mediana edad, sencilla. De a ratos, mientras hablaba con LA REPUBLICA, se acomodaba el desordenado cabello canoso. Sus manos al igual que su rostro, en múltiples arrugas traslucen una vida de trabajo. Vive en la zona de la Gruta de Lourdes y se desempeña en Pocitos como empleada doméstica. Viaja de lunes a sábados en ómnibus, se va por la mañana y regresa en la tardecita. Dijo que está acostumbrada a quedar sin transporte cada vez que en la zona ocurre un delito. La mujer dice que no es justo que los trabajadores tengan dificultades e incluso imposibilidad de llegar a sus empleos; no obstante se mostró absolutamente de acuerdo con la medida adoptada por el gremio de los transportistas que habían decidido no llegar hasta el destino. Para ella no representa un inconveniente tener que tomar dos ómnibus, en vez de uno como hacía hasta el pasado sábado. Sostuvo que es una «bendición» el servicio implementado por Cutcsa, puesto que otras veces en circunstancias similares, los vecinos de los barrios afectados debieron caminar hasta un kilómetro para llegar a una parada fuera de la zona de exclusión.
No pueden dormir tranquilos
Mientras el ómnibus que partió del Cementerio del Norte se adentra en las zonas «peligrosas», por las ventanillas se puede ver cómo se suceden humildes casas en su mayoría de bloques y a medio terminar, grupos de viviendas, algunos descampados y más asentamientos. A los costados de la calle corre agua sucia y niños descalzos juegan en la vereda. Por distintos caminos transversales, todos de pedregullo, marchan carros tirados por caballos descuidados.
Ante el reflejo de tanta pobreza, Alicia, que también regresaba a su hogar concluida una jornada más de trabajo, aseguró que «esto que pasó no es por que la gente no tiene trabajo. No salen a robar para comer, son ‘chorros’ y esa es su forma de vida. Así no podemos seguir. No queremos al ministro del Interior porque acá no hace nada. A nosotros nadie nos tiene en cuenta, no saben lo que nos pasa, nunca salimos en ningún lado. Ahora se da todo esto porque mataron a un conductor, pero a nosotros nos roban, nuestros hijos no pueden andar solos en la calle y ni siquiera dormimos tranquilos.»
El miedo de la gente se refleja de muchas maneras. Cuando uno se acerca a conversar con personas del lugar, más de una se negó y otras opinaron sin revelar su identidad.
En el ambiente sobrevolaba la amenaza que pesa sobre los pocos vecinos que identificaron a los delincuentes que rapiñaron y asesinaron al chofer de Ucot.
Sin embargo Rosa sí se animó y contó que hace diez años ocupa una vivienda del Banco Hipotecario en Teniente Galeano y San Martín. «Vivo acá por necesidad.
Esto es una aldea, a mí ya me robaron seis veces.
El barrio es desastroso, Dios me perdone pero lo tengo que decir, acá los propios vecinos te roban, son chorros de alma, yo estoy cansada.
Creo que está bien lo que hicieron las empresas de ómnibus, por lo menos se van a quedar un poco tranquilos», manifestó.
Vecinos doloridos y temerosos
María, otra pasajera que vive en el Borro, relató que tanto ella como sus vecinos están «doloridos por el asesinato del conductor de la línea 328 porque fue un padre de familia que se llevaron. Nos vemos perjudicados nosotros que no tenemos nada que ver, porque es una molestia tener que estar esperando otro ómnibus, pero estamos muy doloridos».
Jorge, un señor mayor, viaja todo los días y dijo que una vez le tocó presenciar un asalto en el ómnibus. «Esa vez el conductor no se resistió y más allá de los nervios y del mal momento no pasó nada. Es frecuente que esto suceda, acá también vive mucha gente pobre pero honesta. Yo le garanto que los ladrones son todos botijas y da lo mismo si los agarran, en poco tiempo los sueltan y están por el barrio otra vez. Es difícil vivir en este lugar, entre los robos, el miedo y las amenazas no se sabe qué es mejor si dejarse robar y callarse la boca o hacer justicia por propias manos. Uno siempre tiene que pensar en la familia, pero a ellos no les importa, matan y siguen como si no hubiera pasado nada.»
José es uno de los choferes de Cutcsa que cumple con el recorrido de emergencia. Señaló: «Esto lo estamos haciendo en favor del trabajador de la zona, porque si no los discriminamos, no es una medida contra el sindicato. La gente viaja menos que en condiciones normales porque tiene miedo de que pase algo, se suspenda el servicio y quedarse adentro del Borro.»
Ojo por ojo
Por otra parte, LA REPUBLICA recibió en su redacción dos llamadas de residentes de la zona que también marcan mucho la temperatura de la situación.
En la primera, una señora denunció que su vecina perdió su empleo al día siguiente de aparecer en imágenes televisivas, viajando en el servicio de Cutcsa.
Dijo la mujer que habitualmente quienes viven en el Borro no lo revelan por temor a no ser aceptados. Remarcó que por el hecho de vivir allí sufren discriminación, al punto de que para pedir un empleo no dicen que viven ahí. La otra llamada es de un señor que aseguró que los vecinos conocen a los delincuentes y que están cansados de que se les cobre peaje, se les robe, se venda droga y se produzcan violaciones. Agregó el hombre que es necesario tomar medidas porque de lo contrario, las personas honestas tendrán que armarse y hacer justicia por mano propia. *
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