Se multiplican avistamientos de ballenas con crías a lo largo de la costa uruguaya
A tres años del comienzo del seguimiento científico, por la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, para determinar hábitos de las ballenas que periódicamente llegan a nuestras costas, se conocen nuevos e interesantes datos sobre estos gigantes. Las especialistas Mariana Piedra y Paula Costa, que llevan adelante el estudio en ese ámbito universitario, dijeron a LA REPUBLICA que los parámetros de 2003 demostraron cambios inesperados en dos aspectos fundamentales. Una multiplicación inesperada de avistamientos de ballenas con sus crías fue una de las sorpresas de la campaña del año anterior, cuyas conclusiones ahora empiezan a definirse. «Aunque vimos bastantes más ballenas con cría que en los años anteriores, lo cierto es que para alcanzar una certidumbre que nos permita tener una hipótesis sobre el fenómeno, deberíamos tener parámetros de tiempo de estudio más amplios», apuntaron. Como ejemplo citan que, mientras en Argentina hace 30 años que se estudia científicamente el fenómeno, en Uruguay su estudio sistemático es posterior al año 2000.
«Deberemos esperan aún años para hacer conclusiones específicas en esta fase de la vida de las ballenas», afirmaron.
La segunda pauta novedosa de conducta está centrada en lo que Piedra definió como «una permanencia inestable, una muestra de paso muy dinámico por nuestras costas» de las ballenas.
Explicó que de los avistamientos con más de 20 personas en distintos puntos de tierra, y los vuelos específicos, se extrae una primera idea: que los animales «no están permaneciendo por muchos días en la zona. Es como si se encontraran en un sitio de paso, más que en un lugar de preferencia estable», afirman. Las ballenas sin cría, según los estudios comparativos argentinos, permanecen hasta 20 y 30 días en un área geográfica mientras no tienen crías, y un poco más cuando están acompañadas por sus ballenatos. «En los comparativos de las fotos aéreas, no encontramos a las mismas ballenas durante tanto tiempo; es más: en la mayoría de los casos tampoco volvimos a avistarlas».
Ahora, el trabajo se encamina a la preparación de la campaña 2004, mientras se prepara el primer «catálogo» de ballenas extensivo a nuestros países vecinos. Este primer catálogo incluirá las fotos de todas las cabezas de ballenas avistadas en la zona, en tanto es por las callosidades de la piel sobre sus cráneos, inalterables y todas distintas, que los científicos determinan la identidad de cada animal.
Alerta a navegantes
La proliferación de embarcaciones de todo tipo en la costa este uruguaya estaría generalizando una curiosidad prohibida específicamente por la legislación nacional. El acercamiento de navegantes inadvertidos tanto a lobos marinos como a las últimas ballenas en cercanías del estuario para esta época del año genera peligro para los animales. Consultados voceros de la Armada Nacional, puntualizaron a LA REPUBLICA que el decreto 261/002 establece en sus partes medulares que está prohibido «tanto el aproximarse a menos de 300 metros de estos animales, como el permanecer a dicha distancia en su observación por más de treinta minutos».
Distintas fuentes desde puntos de las costas de Maldonado y Rocha, advirtieron la presencia de embarcaciones de categoría deportiva, en situaciones mucho más inmediatas a los animales en cuestión.
La «Eubalena australis»
Aunque la ballena que caracteriza a la costa nacional, la ballena franca austral (Eubalena australis), cambió recientemente su categoría de «en vías de extinción» a «dependiente de conservación», los biólogos asumen la importancia de extremar cuidados para no volver a la anterior categorización.
Detectada en estas aguas desde la expedición de Juan Díaz de Solís, las costas uruguayas son el epicentro de tres ciclos vitales del cetáceo: apareamiento, parición y amamantamiento. Los estudios, aunque incipientes, pautan que el mamífero parece estar concurriendo cada año más a nuestras costas. Si las ballenas son capaces de reconocer estos sitios como más seguros que otros, y en función de eso es la mayor presencia ballenera, es un asunto aún no develado científicamente. Protegidas en el mundo desde 1935, en este hemisferio vivieron hasta medio millón de especímenes, de los cuales actualmente se cree que sobreviven unos 4.000.
La falta de un santuario ballenero hemisférico con controles más estrictos, en aguas que incluyan territorio uruguayo, es denunciada por las organizaciones conservacionistas. Greenpeace, además de enfrentar a los países que continúan cazando ballenas, está exigiendo a las naciones proteccionistas, Uruguay incluido, para que signen un acuerdo definitivo obligando a todas las naciones a suspender toda matanza. El argumento definitivo es que no existe ya ningún producto de la ballena que no tenga sustitutos en tierra, por lo que seguir matándolas es inaudito, dice Greenpeace. Actualmente, Japón es el único país que continúa esta caza «con fines científicos», sin que nadie pueda explicar cómo carne de ballena capturada por buques de ciencia nipones es base de cotizados platillos en los más refinados restaurantes de Tokio. Uruguay, implícitamente, repudió estas conductas al firmar el Acuerdo Marco sobre el medio ambiente del Mercosur, con Argentina, Brasil, y Paraguay, el 22 de junio del 2001. *
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