Y los lobos aullan de hambre

Por entre medio de tan nutrido desconcierto de escobazos, he logrado columbrar que nuestra peatonal Fuerza Aérea, luego de canibalizar los últimos aviones «Hércules C 130″ (ver LA REPUBLICA del 2 y del 12 de enero en las páginas 8 y 2 respectivamente) va a comprar unas cosas menos volátiles que un piano llamadas Antonov AN70.

Parto de la base de que quien no sepa de qué se está hablando sea inimputable.

Pero para quienes sí saben, comprar un Antonov AN70 con el temerario propósito de volar en eso, es como hablar de comprarse el Obelisco. Peor aún: un Obelisco inexistente pero a la vez volante.

Entonces uno, preocupado por la Defensa Nacional, no puede creer que a la Fuerza Aérea le pasen por el jopo tamaño tranvía volando de perfil. Ni, menos, al profesor Yamandú Fau este formidable avión cuatrimotor de transporte volando por entre sus ya veteranos y por ende reumáticos caños.

Pero, como la cosa no deja de ser pintoresca y hasta folclórica en su materia (la joda ruso-criolla) vale la pena explicarla.

Reconociendo de antemano que ignoro casi todo lo que hoy sucede en las inconmensurables estepas rusas, que con sus proverbiales ojos de lince visitara y recorriera hace pocos meses Don Yamandú Fau, luego de rematar el aeropuerto y de comprar los radares (acerca de cuyo costo, licitación, comisiones y otros menesteres espero en vano respuesta a un ya viejo y por tanto pergaminoso Pedido de Informes senaturial que se va transformando en papiro etrusco), lo que pone de manifiesto una inesperada y sutil vocación aérea en el citado ministro, al que conocíamos volador pero no tanto, debo aclarar que manejo la poca información a la que con mucho trabajo he podido acceder enterado de que a la Fuerza Aérea los rusos le quieren vender un avión…

Este «cuento del tío» mucho más criollo que ruso viene auspiciado por una grifa, por una marca, de merecido y reconocido prestigio bélico mundial: Antonov.

Mencionarla, sólo mencionarla hablando de aviones de guerra, es como apelar a Gardel para vender un tango.

«Lástima grande no sea verdad tanta belleza» (Argensola   alrededor del 1600 – citado en el tango «Maquillaje») porque dicha fábrica hoy prácticamente no existe: muchas cosas se disolvieron al disolverse la URSS (esto daría para otro tango).

Originalmente fueron el Instituto Soviético de Hidrodinámica TSAGI, de Diseño de motores CLAM y de Diseño de Hélices Stupino los que tuvieron a su cargo, por orden del Gobierno de la entonces URSS, las primeras investigaciones para el desarrollo de este gran avión de transporte. Pero al desaparecer la URSS, la fábrica ucraniana Antonov, independizada junto con Ucrania, quedó a cargo de todo el proyecto.

Desfinanciada y descapitalizada, se asoció con más de siete grandes fábricas desparramadas por Rusia y sus confines para poder fabricar tres Prototipos del Antonov AN70.

El primero se acabó en enero de 1994 volando por primera vez en diciembre de ese año (iniciando sus pruebas de calidad) y estrellándose en febrero de 1995 con sus siete tripulantes en un bosque ucraniano del que no salió nadie vivo.

El segundo prototipo fue terminado en diciembre de 1996 volando por primera vez en abril de 1997 y reiterando esa proeza en heroica búsqueda de clientes hasta el año pasado en cinco Ferias de Aviación realizadas en Rusia, Europa y China. Este milagroso aparato es el que nos deben querer meter a prepo por el gaznate ya que es el único que como veremos existe.

Porque el problema es que el tercero salido flamante por los portones del taller en octubre de 2000, voló por primera vez en enero del 2001 y, para ser sometido a pruebas de vuelo a bajas temperaturas, fue enviado (él también y en malahora) a Siberia donde minutos después de su despegue, congeladas como no podía ser de otra manera sus pobres articulaciones, intentó aterrizar como un piano, de panza en la tundra, ante el espanto de los lobos que, una vez recuperados del susto, volvieron famélicos sobre el desastre para ver atónitos como de entre los restos del fuselaje lograba salir la suculenta tripulación arrastrando en pos de sí a cuatro heridos graves.

Mientras el armatoste era remolcado entre aullidos, deplorablemente a bordo de una chata de infantería en una larga marcha de horror, digna de don Ignacio Corsini, Rusia, China y la OTAN negaron absolutamente, de modo intolerante, que dicho prototipo de avión tuviera la más mínima posibilidad, jamás, de incorporarse de algún modo a sus respectivas Fuerzas Aéreas ni a nada que tuviera relación con el aire, salvo algún museo de curiosidades o una prensa hidráulica de chatarra para fundición.

El penúltimo interesado, hasta caer preso en Perú, fue un tal Vladimiro Montesinos.

El último parece ser, por lo menos hasta dentro de unos meses, don Yamandú Fau.

Se trató pues de tres prototipos de un modelo fracasado. Dos de ellos se estrellaron en los vuelos de prueba. Uno queda vivo porque nadie se animó a probarlo más: ni los kamikazes rusos.

Ese es el que nos vamos a comprar los uruguayos (usted amigo, usted amiga) por una gruesa suma de millones de dólares a cuenta de la ya famosa Deuda Rusa.

Nunca fueron fabricados en serie, no existe ni uno incorporado a nada. No hay repuestos salvo los detritus chatarrosos de los desastres conocidos.

Los operarios de la casi desierta fábrica Antonov (otrora gloriosa) de Kiev, Ucrania, sobreviven de los fletes que obtienen explotando unos viejos pero voladores aviones Antonov que quedaron en sus manos.

Digo yo que a ese milagroso sobreviviente los rusos lo traerán como a rata muerta en barco no sea cosa que intentando venir como un avión caiga en el trayecto sobre las casas de alguna zona poblada del mundo con el lamentable efecto de hacer fracasar el estupendo negocio. Lo llevarán en camión desde el puerto hasta Carrasco (será de ver ese gigantesco Antonov AN70 por Avenida Italia, a pie) lo dejarán en la Base Aérea Número Uno y saldrán rajando para Rusia antes de que a Malaquina se le ocurra volarlo luego de que Jorge Batlle y Yamandú Fau, antes de salir también de la zona como alma que lleva el diablo, corten la consabida cinta y dejen a la inocente prensa allí convocada al efecto, inerme (miserablemente inerme), ante todo lo que se les podrá venir encima si alguien osa intentar poner en el aire tamaño armatoste.

Lo otro que puede pasar es que se lo dejen al Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría para que lo «inaugure». ¡Esa, esa maldad, es la que están pensando hacernos!

Pero esto deja de tener la más mínima arista risueña si pensamos que además de la joda monetaria propiamente dicha que algunos personajes muy conocidos intentan hacer con parte de la denominada Deuda Rusa, hay vidas de por medio. No se vacilaría en jugar con vidas humanas. Porque estos aviones de transporte vendrían a sustituir a los Hércules C 130 y serían forzosamente usados en Uruguay para llevar gente civil y militar entre otros sitios a la Antártida donde suele hacer más frío que en la tundra siberiana.

Lo de la Deuda Rusa dio, da y dará para hablar mucho. Ya lo verán. Pero este episodio de tan larga saga, además de un craso y ya consumado atentado al pudor, es un cruel intento (por ahora intento) de homicidio. *

 

(*) Senador de la República

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