Alerta Naranja

Secuestro a la uruguaya

Como lo anunció ayer el propio Corto Buscaglia, el autor de la Columna Amarilla se tomará un merecido descanso hasta el 2 de febrero. Me encomendaron remplazarlo durante su ausencia y yo acepté con humildad pero también con la intención de desplazarlo definitivamente.

 

Gracias al espíritu de iniciativa de un abogado/escribano que concibió la feliz idea de secuestrar a una joven carrasquense para pedir rescate por ella, hoy podemos decir con orgullo que nada nos falta para ingresar al mundo desarrollado si ese ingreso puede medirse en términos de crónica policial.

Ya desde hace unos años, contamos con psicópata asesino en serie que –a diferencia de los protagonistas de los filmes yanquis, que terminan irremediablemente abatidos a balazos– cumple larga condena tras las rejas.

No está mal si tenemos en cuenta que después del crimen de La Ternera, el del chalé de Alberzoni, Marcos Celarrayán, Varelita, el Mincho, el tiroteo del Edificio Liberaij, la Polibanda y algunos episodios aislados más, la crónica roja nacional se nutría de accidentes de tránsito, alguno que otro homicidio en barrios marginales, hurtos y rapiñas de poca monta y pará de contar. Francamente, de lo más depre.

Nos estaba haciendo falta un buen caso policial con el que medir nuestro grado de civilización, uno de esos que merecen ser el uno de tapa de LA REPUBLICA; y por fin se nos dio.

Todo parecía hecho a medida. Lugar: barrio residencial de la alta burguesía; víctima: bella jovencita liceal que se desplaza en scooter, hija de jerarca de banco extranjero. Pero eso sí, lo que nadie jamás imaginó es que en vez de un sujeto mal entrazado, con barba crecida y mirada de villano despiadado, rodeado de secuaces temibles, el secuestrador resultaría ser un profesional universitario que actuó sin cómplices. Si será original este abogado/notario, que en vez de idear una maniobra propia de su clase –lavado de dinero, quiebra fraudulenta–, prefirió jugar a los gángsteres…

Esto, hay que reconocerlo, se aparta del guión. Y no sé si es de lamentar o si por el contrario debemos regocijarnos por esa atipicidad tan uruguaya. *

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