Monterrey: Bush encontrará frustración y rebeldía

Importantes cambios han tenido lugar, especialmente en el mapa político sudamericano, desde que el mandatario estadounidense arribó a la Casa Blanca en 2001, tras un dudoso triunfo en las elecciones presidenciales de noviembre de 2000 en Estados Unidos.

El ascenso de gobiernos de corte progresistas, comprometidos con una genuina integración regional como centro de la lucha contra la pobreza y la corrupción, males endémicos que afectan a 220 millones de latinoamericanos, preocupan sobremanera a Washington.

Luiz Inácio Lula de Silva, en Brasil, Néstor Kirchner, en Argentina y Nicanor Duarte, en Paraguay, han surgido en este corto período promovidos o respaldados por fuertes corrientes de apoyo popular, contrarias a las políticas neoliberales propugnadas por Estados Unidos.

A ello se une el derrocamiento del gobierno pro norteamericano de Gonzalo Sánchez de Losada, en Bolivia, la consolidación del proceso bolivariano de Hugo Chávez, en Venezuela, y el ascenso de las fuerzas de izquierda en Uruguay, favoritas para asumir el gobierno en 2004.

El rechazo casi generalizado a la agresión anglo-norteamericana contra Irak y la resistencia cada vez mayor al Tratado de Libre Comercio de las Américas (ALCA), dos de los temas priorizados por Washington, hacen de Sudamérica un foco de ‘rebeldía’ difícil de aceptar para la Casa Blanca.

A ello se suma el desarrollo y consolidación de las relaciones diplomáticas, comerciales y de colaboración de los países de la región con Cuba, que irrita hasta ‘sacar de sus casillas’ a los principales portavoces de la administración republicana.

De ahí, en cierta manera, la urgencia de convocar a esta Cumbre extraordinaria, aceptada, sin embargo, por Brasil, Venezuela y otros países sudamericanos con la condición de que sea centrada únicamente en los temas de la pobreza y la justicia social.

La Casa Blanca quiere dejar atrás, o en todo caso atenuar, las tensas relaciones con los gobiernos del continente que, pese a las enormes presiones de Washington, se oponen a apoyar la agresión contra Irak o aceptar sus puntos de vista sobre seguridad y terrorismo.

En declaraciones recientes, donde atacó con particular crudeza a los gobiernos de Venezuela y Argentina por sus relaciones con Cuba, la asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, dijo que la Cumbre de Monterrey será ‘una buena oportunidad’ para lograrlo.

El gobierno norteamericano, sin embargo, no ha ocultado su intención de continuar presionando sobre los temas de seguridad y a su deseo de darle un impulso decisivo a las negociaciones sobre el ALCA antes de las elecciones presidenciales de noviembre próximo.

Los presidentes de Brasil y Venezuela serán en Monterrey los principales ‘portavoces’ de quienes se oponen en la región al discurso de Estados Unidos en favor de una política centrada en la lucha contra el terrorismo y la liberación económica y comercial.

Tanto Lula da Silva como Chávez han anunciado que sus intervenciones en la magna cita, donde participan 33 jefes de Estado o gobierno, estarán enfocadas a resaltar los problemas de la pobreza y la necesidad de un cambio en favor de la justicia social.

Los presidentes de Argentina y Paraguay, que con Brasil y Uruguay integran el Mercado Común del Sur (Mercosur), así como Perú y Chile, miembros asociados de ese bloque regional, adelantaron también su intención de poner el mayor énfasis en esa temática.

Otros temas colaterales, de interés regional, como la lucha contra la corrupción y la mediterraneidad de Bolivia ocuparán seguramente espacio en los trabajos del cónclave, aunque fuera de éste, en reuniones bilaterales, se esperan también confrontaciones no menos importantes.

Tal podría ser el caso de los encuentros previstos por los dignatarios Kirchner, de Argentina, y Lula, de Brasil, con Bush, envueltos en tensos conflictos por lo que los sudamericanos consideran políticas intervencionistas y discriminatorias de Estados Unidos.

Kirchner prometió pocos horas antes de partir para México ‘ganar por nockout’ su encuentro con Bush, luego de que altos funcionarios norteamericanos criticaron las buenas relaciones que ese país mantiene con el gobierno cubano, y que indignaron a Buenos Aires.

Lula, por su parte, aprovechará seguramente la oportunidad también para insistir con el mandatario norteamericano en la necesidad de levantar los controles migratorios de que son objeto los brasileños que visitan ese país, considerados discriminatorios por Brasilia.El gobierno brasileño ha sido duramente criticado por altos funcionarios estadounidense ‘sorprendidos e indignados’ por medidas similares de reciprocidad puestas en practica en Brasil para los norteamericanos, y que han tensado las relaciones bilaterales.

En el marco de estos encuentros paralelos, no se descarta tampoco la posibilidad de una tensa reunión entre los presidentes de Chile, Ricardo Lagos, y de Bolivia, Carlos Mesa, para tratar sobre el reclamo boliviano de una salida al mar.

(*) Publicadoen argenpress.info

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