Mina Valencia: 22 años de espera
Tres inquebrantables ex trabajadores minuanos –que aún no han cobrado ni un solo peso de lo adeudado– de la otrora planta minera, Luis Torres, Omar Correa y Manuel Tejera Lavega: recorrieron tiempo atrás con LA REPUBLICA las instalaciones sobre la ruta 12 de lo que queda de la planta y pidieron que llegara a través de este matutino a todo el país.
Mina Valencia representa para los tres hombres una de las etapas más importantes de sus vidas: fueron engranajes clave –hornero, mecánico y palero– del funcionamiento del complejo, acuñaron esperanzas y sueños, compartieron las alegrías y las tristezas del trabajo. Fueron parte de un equipo y de un proyecto industrial que desapareció, del cual quedan hoy –y LA REPUBLICA es testigo– como testimonio, toneladas de hierro y cemento. Al menos por ahora, ya que el accionar de varios equipos de chatarreros es patente: han desaparecido más de una cuarentena de motores, techos enteros, cerchas, barandas de metal, aberturas, dispositivos electrónicos, centenares de metros de cables –incluidos los subterráneos– y todo tipo de metales y cosas que pudieran servir para algo.
El trío se paró tiempo atrás junto a LA REPUBLICA en la explanada central de Mina Valencia –a escasos kilómetros de la ciudad de Minas sobre ruta 12–, un lugar que poco más de dos decenios atrás era un hormiguero de camiones y obreros. Contemplan el estado en que se encuentra lo que otrora fuera el orgullo de Lavalleja y el Uruguay, en el que trabajaban más de 250 personas. Comentan: Se han robado hasta las aberturas, no queda nada. Esas eran todas puertas y ventanas corredizas, las de las oficinas mirá, se llevaron hasta los techos de los galpones, esto es increíble. En ese momento todos nos preguntamos: ¿quién es el responsable del deterioro de Mina Valencia?
Nunca nos resolvieron nada
Fue una calurosa mañana de enero de 1982, precisamente la del 31, cuando se les comunicó a Luis Torres (quien trabajaba en el horno), Manuel Tejera Lavega (el que manipulaba las palas mecánicas) y Omar Correa (un mecánico que reparaba todo lo que fallaba) que iban a ser despedidos y que Mina Valencia sería cerrada.
Posteriormente, todos los obreros que quedaron en la calle se fueron caminando, bajo el rayo del sol, hasta la División de Ejército IV con asiento en Minas, como primera gestión para intentar revertir la situación. No se logró nada. Días después, hubo una propuesta de que comenzaran a trabajar dos o tres trabajadores por sección para que algunos volvieran a ingresar.
Y algunos lo hicieron: cobrando un salario sustancialmente menor. El resto siguió reclamando por despidos, licencias, aguinaldos ante el Ministerio de Trabajo. Nunca nos resolvieron nada, después llegó la democracia y hablamos con integrantes de todo el espectro político, parece una película, todavía estamos por cobrar , dice Torres.
Los intrincados subterfugios de la jurídica, amén de la poca voluntad que al parecer hubo siempre para saldar este asunto. Ahora –como es de público conocimiento–, se estaría en la etapa de licitar la concesión del yacimiento Mina Valencia entre varias empresas que abonarían el canon de explotación, lo que permitiría pagar a los obreros que fueron despedidos en 1982 (ver más adelante).
Veintidós años después
Torres, Correa y Tejera caminan con LA REPUBLICA entre las moles de hierro –ver las notas gráficas exclusivas– y cemento deterioradas, recordando otros tiempos y comienzan a evocar lo que fueron aquellos tiempos de trabajo e incesantes exportaciones. Saltan hechos del pasado con cada paso y también el dolor por ver en tal estado lo que otrora fuera un complejo industrial modelo en Uruguay y América del Sur.
Ahí murió un compañero cuando se estaba h,aciendo ese silo, estaba en una escalera, un viento lo tiró al suelo y lo mató, recuerda Tejera. La atención se centra en los destrozos y en lo que falta. Los techos de dolmenit de distintos edificios, como el Taller Eléctrico, la Usina y el Depósito, han sido arrasados por desconocidos. A ras de tierra, parece que fuera zona de guerra por las trincheras excavadas: son los recolectores de cable, que buscan el cobre para venderlo. Hay incluso huellas de vehículos pesados en la zona.
Hace algún tiempo le quedaban tres serchas a aquel techo, hoy ya no le queda ninguna. También se han llevado las máquinas como el torno y los motores que había por todos lados, señala Correa asombrado.
Mojarritas bajo el horno
Torres se interna en el complejo fabril ubicado junto a lo que fue el horno que él mismo cuidaba y manejaba. Las barandas de las escaleras han sido picadas a cortafierro y retiradas por los chatarreros. También faltan aberturas, sacadas limpiamente a punta y maceta. Faltan los cojinetes donde rueda el horno, las guías, dos motores y una cortadora de ladrillo manual eléctrica. Del tablero de funcionamiento no queda nada, esto era todo automatizado, el tablero marcaba cualquier falla del procedimiento, era un lujo , informa a este corresponsal.
Bajo el gran tubo del horno, donde está el sector que enfriaba la piedra calcinada a 1.800 grados, parece una piscina e incluso se ven motores bajo el agua. A esos no los han llevado porque tendrían que traer buzos, indica Torres apenado. La pileta está repleta con miles de mojarritas, llegadas quién sabe cómo a este sector de Mina Valencia. En la sala de bombas, faltan también varios motores, un quemador, tuberías y más barandas.
Esto era una fábrica de alta tecnología, hubo técnicos alemanes que trabajaron acá. Allí, contra esas columnas uno de ellos que había jugado en el Bayer Munich le enseñó a trancar y a patear al `Mosca´ Biéneres, jugador de Central, Sportivo y de nuestro cuadro de Mina Valencia; siempre anduvimos muy bien en el campeonato de los barrios en Minas, el `Mosca´ se llevó cajas llenas de copas –recordó muy emocionado Torres–. Esto acá estaba todo limpito, era una pista, aseguraba el otrora hornero.
Faltan más de 50 motores
Los ex obreros de Mina Valencia recorren los alrededores del complejo. Por todos lados se ven cunetas y pozos de los zapadores del cable. En lo que era el depósito es poco lo que queda: el techo de chapas de dolmenit fue prolijamente retirado e incluso las serchas fueron cortadas y robadas. Solamente queda una de muestra.
Recuerdos más gratos afloran en este sector. Aquí abajo se había hecho, con el conocimiento de la dueña, una cancha de fútbol. Jugábamos y entrenábamos porque participábamos en el Campeonato de los Barrios y, cosa curiosa, nunca salimos campeones, siempre perdimos en la final, aseguran Tejera y Torres.
Mirando hacia arriba, en puntos específicos de los levadores y Correa, Tejera y Torres descubren que faltan decenas de motores. Aquel hace poquito que se lo llevaron, se nota por la falta de óxido en la chapa. Las lingas de acero que sostienen la chimenea no se las han llevado porque son muy difíciles de cortar y llevar, agregan.
Junto a la boca del lugar donde caía la piedra para ser triturada descubren que falta otro motor, de gran tamaño. Allá arriba había un motor, debía pesar lo menos 1.500 kilos. Tienen que haberlo sacado con un guinche y se lo habrán llevado en un camión, era el motor de la molienda. Aquí faltan por lo menos 50 motores, sostuvieron oportunamente los ex trabajadores de Mina Valencia a LA REPUBLICA.
Sólo papeles con el membrete
La recorrida estaba llegando a su fin y entramos en lo que era el taller de generación de energía. En el medio, un gran motor está a medio desguazar y totalmente herrumbrado. El techo y los cables han sido roba
dos y una gigantesca bobina está tirada a un costado.
La mina funcionaba las 24 horas y se autoabastecía de electricidad. Incluso el Parque de Vacaciones –que se encuentra muy cerca– quiso en su momento tener este generador y ceder la luz, el arreglo no se hizo finalmente, recordaron.
En el laboratorio y las oficinas de la Administración faltan las aberturas, incluidas las corredizas de aluminio. La construcción se asienta sobre columnas y arriba parece haber sido sometida a un bombardeo de artillería y aéreo. Faltan hasta las baldosas y se ve que han intentado llevarse también los azulejos.
En el medio de una de las habitaciones hay una gran mesada partida al medio. Todavía hay desperdigados alguno papeles con el membrete Mina Valencia, triste recuerdo y testimonio de lo que fue el orgullo de Lavalleja. Más allá de la peculiaridad del proceso jurídico que llevará al remate de los yacimientos –ver más adelante– cabe preguntarse nuevamente: ¿quién o quiénes son los responsables de la transformación de un complejo industrial modelo en un campo de escombros? Es importante decir que la Policía local hizo oportunamente varias detenciones y hubo hasta procesamientos por parte de la Justicia.
El juicio en su instancia final
Mina Valencia comenzó a funcionar en los años 50 de la mano de Lida Díaz Ayala –y su hermana–, quien continuando el legado de su padre potenció la extracción de dolomita con destino fundamentalmente a la exportación. Es considerado uno de los tres yacimientos del mundo que contiene dolomita en su máxima pureza.
El sostenido crecimiento de Mina Valencia tuvo un punto de inflexión a mediados de los años 70, cuando fue intervenida por autoridades del Banco de la República. Luego de idas y venidas, finalmente el episodio culminó con el despido de los obreros y el cierre de la planta, aunque posteriormente volvió a abrirse y trabajó un breve lapso de tiempo más.
Llamado a precalificación
Tras un largo proceso atiborrado de trabas legales y chicanas políticas, el yacimiento sería ahora subastado entre empresas que rematarían el derecho de explotación. Esto permitiría pagar a los obreros despedidos –hoy día permanecen con vida 32– hace casi 22 años los haberes que se les deben, así como también cobrar a otros acreedores.
Oportunamente, el abogado montevideano Nelson Ramos Larrauri –que ha representado últimamente a los ex trabajadores de Mina Valencia que aún no han cobrado lo que les corresponde– dijo hace algún tiempo en entrevista concedida a LA REPUBLICA que el proceso se encontraría en sus etapas finales.
Aparentemente y según el abogado, la liquidación de la Mina Valencia se decidió que se hiciera una venta en subasta pública, los acreedores deciden cómo se liquidan los bienes de la empresa. Pero este caso tiene una particularidad, no es un bien cualquiera como puede ser un inmueble, un auto o una empresa, sino que es una mina. Quienes pueden pujar en el eventual remate que se puede hacer son sólo empresas mineras. Previo al remate se hace un llamado de precalificación, luego entre esas empresas aprobadas se hace el remate. Hace algún tiempo se aprobó el pliego del llamado a precalificación y se hará el llamado, dijo el abogado tiempo atrás a este corresponsal.
Se remataría el permiso
Según Larrauri, en todo este tiempo se han superado problemas serios desde todo punto de vista. El Banco República, que fue uno de los acreedores, se opuso a una cantidad de cosas y trabó el procedimiento. Finalmente, como perdieron todas las instancias, amenazaron con caducar el permiso minero. También nos opusimos y ganamos, el permiso está vigente y se rematará el permiso, no el terreno. Estaríamos en la última etapa, agregó.
Hemos superado todas las dificultades que se han planteado en el juicio, primero por la empresa, después por el BROU y por el Estado., consideró finalmente el profesional a LA REPUBLICA.
Para los que se fueron
Los 32 ex trabajadores que todavía viven y aún no han podido cobrar sus adeudos por sus servicios prestados a la Mina Valencia serían: Luis Torres, Omar Correa, Manuel Tejera Lavega, Gregorio Olivera, Arnaldo Curbelo, Daniel Touré, Angel Sáder, Wisman Tripodi, Ambrosio Gastambide, Luis Garay, Juan Perlas, Leandro Chiribao, Nelso Garay, Loreto González, Uruguay Sabatini, Julio Lorenzo Tarsi, Amelio Rocha, Sabas Silva, Alberto Hernández, Carlos Tejera, Santiago Píriz, Eduardo Cal, Nery Amarante, Eduardo Reyes, Víctor Molina, José García, Enrique Aguirre, Luis Curbelo, Martín Machado, Hugo Biéneres, Alejandro Antúnez y Juan Garay. Los tres ex trabajadores –en la recorrida con LA REPUBLICA— muy acongojados señalaron: queremos recordar a los compañeros que ya han fallecido, los que se fueron sin poder ver el final de este misterio. Porque como siempre, seguirán junto a nosotros en esta lucha contra la muerte que ya lleva casi 22 años. Ellos ya no están en este mundo, se nos fueron.
Pero la batalla continúa. A sus hijos, a sus familias, a sus amigos; nuestro pésame. Porque Feliciano Fernández, Walter Arturo Garay, Esteban Cerrón, Luis Umpiérrez, Nelso Báez, Manuel Valerio y Leoncio Velásquez –entre otros–, siempre estarán, al igual que hoy, en nuestra memoria, finalizaron expresando. *
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