Informe de la Policía y Centro de Farmacias apunta a bandas que roban medicamentos
En los últimos tiempos es común ver en algunas ferias barriales la comercialización de productos farmaceúticos desde antibióticos hasta medicamentos controlados (anfetaminas) , a precios sensiblemente por debajo de su valor en farmacias locales.
El hecho pone sobre el tapete una situación que, por sus características, parece apuntar a una nueva modalidad, aunque de modus operandi conocido: el robo de medicamentos en farmacias por parte de organizaciones delictivas que los «colocan» a precios inferiores de su valor en el mercado legal. La modalidad incluye el robo de sicotrópicos, antidepresivos, ansiolíticos e hipnóticos, todos medicamentos que necesitan de recetas verdes para ser adquiridos.
Este tipo de medicamentos son comprados por pacientes que, de esta manera, se ahorran el tique de la mutualista y la consulta médica. Sin embargo, LA REPUBLICA pudo constatar otra realidad aún más peligrosa que la automedicación: también son utilizados para «cortar» la cocaína.
En un barrio periférico de Montevideo, LA REPUBLICA accedió in situ al procedimiento utilizado por los «dealers» para mezclar anfetaminas, antibióticos y aspirinas con cocaína. El contacto periodístico tuvo tres condiciones impuestas por el procesador de drogas al que accedió este periodista. A saber: nada de fotos, ni nombres de pila y, sobre todo, confidencialidad absoluta en cuanto al lugar donde se «procesa» y fracciona la cocaína, comúnmente llamados «ravioles».
El procedimiento es relativamente sencillo: las pastillas son maceradas y mezcladas con la cocaína, de manera de aumentar aún más la ganancias en la comercialización de la droga.
Varias hipótesis
Las hipótesis manejadas por la Policía en torno al robo de estos medicamentos son varias y preocupantes por el riesgo que conlleva su consumo sin los mínimos controles requeridos.
De hecho, pueden llegar a tornarse muy peligrosos si son consumidos en cantidades diferentes a las prescriptas por los médicos o si se los acompaña con la ingesta de alcohol, lo que lo transforma en un cóctel explosivo, llevando inclusive a la muerte por sobredosis.
En realidad, las tres vías de robo de estas sustancias pueden ser desde el lugar de origen de su producción (los laboratorios), en sanatorios y hospitales públicos o, directamente, en las farmacias.
Una fuente policial, integrante de un equipo que viene investigando la red de las organizaciones que se dedican a este tipo de robos, confió a LA REPUBLICA que la primera hipótesis el robo desde adentro de los propios laboratorios fabricantes por parte de uno o más empleados está prácticamente descartada por varias razones.
Entre ellas, los férreos controles internos desde que la materia prima, importada en su totalidad, ingresa al laboratorio (ver recuadro) pasando por los registros que el Ministerio de Salud Pública (MSP) realiza en cuanto a producción, números de lotes, partidas y la cantidad de droga que se compra, la cual anualmente pasa por una declaración jurada de existencia en el MSP.
Quedan aún dos hipótesis: el robo en sanatorios, hospitales públicos, y farmacias.
«No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta que en el caso de sanatorios y hospitales públicos, los responsables de estos robos deben ser, sí o sí, gente que trabaja allí y tiene acceso a estos medicamentos. De otra forma sería imposible. Hemos detectado algunos casos con la ayuda de las autoridades del Ministerio de Salud Pública, pero son casos aislados de algunos funcionarios», manifestó el investigador a este matutino.
La versión de la fuente policial coincide con lo expresado por el director general de Salud, Diego Estol, a LA REPUBLICA.
«Hay dos temas. El robo institucionalizado a las farmacias con un objetivo puntual y específico de sacar determinado producto para colocarlo en un mercado clandestino, que puede ser formal o informal. El otro tema es que, históricamente, en muchos hospitales había una estructura generada de sacar medicamentos también para revender», explicó el jerarca de Salud Pública.
A juicio de Estol, esta situación ha ido acotándose a través del registro de usuarios implementado por esa cartera de Estado. El otro control, que comenzó hace quince días, se realiza en la periferia a través de un sistema integrado de los Servicios de Asistencia Externa (SAE).
«Cuando fui director del Pasteur comenzamos con un registro en la farmacia del nosocomio y constatamos que tal persona había sacado, por ponerle una cifra, cincuenta mil pesos en medicamentos. ¿Cómo podía ser que en un mismo día, esa persona había pasado por cinco o seis médicos que le daban recetas? Lenta y progresivamente se comenzó un control importante sobre este tema. En cuanto al sistema integrado del SAE, ahora podemos detectar si una misma persona saca medicamentos en diferentes puntos de Montevideo y de qué tipo de medicamentos se provee», manifestó Estol.
Sin embargo, como indica el propio jerarca, hay muchas formas de violar los controles existentes. «Hemos seguido lo que usted ha visto en las ferias. Esas líneas que hemos seguido son productos de algunos operativos que hemos realizado durante el año 2002 y el presente año. Y se detuvo a gente de hospitales que implicó allanamientos en casas de funcionarios. Usted tiene razón. Personalmente he ido a las ferias y he visto venta de productos farmacéuticos. En eso se está tratando de trabajar, pero en la situación de crisis existente, el mercado clandestino es importante», reconoció Estol.
Más allá que los controles han permitido una merma importante en el saqueo de medicamentos en hospitales tres años atrás llegó hasta un 25% del stock existente , aún queda pendiente el tema de fondo. Uno de los medicamentos más solicitados en el mercado clandestino es el demerol (morfina).
«Todos hemos detectado estos problemas. Es más, hace un par de semanas me llamaron para decirme que se estaban vendiendo medicamentos en la feria de camino Maldonado. He ido a verificar e incluso he acompañado algún operativo policial, pero es muy difícil porque detectas el problema y cuando vas a verificarlo ya no está», afirmó el director general de Salud.
De turno
A juzgar por las cifras proporcionadas por el Centro de Farmacias a este matutino, desde 1984 a la fecha, fueron robadas 124 farmacias por un monto de más de dos millones de dólares. El presidente del Centro de Farmacias del Uruguay, Eric Bomio, dijo a LA REPUBLICA que la situación es «sumamente preocupante» y que incluso llegaron a amenazarlo. «Preocupate por tu farmacia, tu vida y tu familia», fue el escueto mensaje recibido.
«Desde hace cinco o seis años comenzaron los robos a las farmacias. Aquí hay un doble problema: desde el punto de vista del robo y desde el de la salud. El medicamento sustraído está acopiado de cualquier manera al sol, a la lluvia o la humedad , lo que conlleva un riesgo latente para quien lo consume. Normalmente, se llevan los medicamentos de gran rotación, sean sicotrópicos o no. Por ejemplo, antobióticos y antigripales. Acá hay una o dos bandas organizadas. El tipo que entra a robar sabe, a priori, cuáles son los medicamentos de mayor salida en el mercado. Entran a una farmacia y hay medicamentos que no los tocan y eligen, conscientemente, cuáles llevarse», manifestó Bomio.
En cuanto a los medicamentos controlados, el sistema es el mismo: se eligen los medicamentos de más venta en el mercado.
Una interrogante que cae por su propio peso: ¿Cuáles son las posibilidades de colocar los medicamentos robados? La respuesta de Bomio no guarda misterios. En muchos casos, son farmacias en franco debacle de stock
que acceden a comprar productos farmaceúticos robados. La respuesta del presidente del Centro de Farmacias del Uruguay no es una mera especulación. Se han constatado casos de farmacias que han adquirido productos farmaceúticos robados.
«Insistimos mucho sobre este tema. Tanto que, cuando alguien va a abrir una farmacia o cambiar la razón social, el Ministerio de Salud Pública exige las facturas de la mercadería comprada. No se puede poner una farmacia sin las facturas del stock correspondiente al momento de su apertura. Estoy seguro que hay farmacias que se crearon a partir de mercadería robada y que aún hay farmacias que compran medicamentos robados. Hemos descubierto farmacias que compran mercadería robada, las hemos denunciado y algunos de sus responsables han ido presos», afirmó Bomio.
Según los datos aportados por el Centro de Farmacias del Uruguay, la mercadería robada tiene, como primer destino, un distribuidor encargado de «colocar» la mercadería en farmacias. Previamente al robo en sí existe un sistema de «postas». Los medicamentos robados son «envasados» en bolsas negras de residuos que son depositadas en un lugar previamente convenido. Posteriormente, otro grupo de personas levanta las «bolsas de residuos» que son trasladadas a un depósito. Allí es cuando entra en acción el distribuidor. *
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