El papa Juan Pablo II hizo una fervorosa defensa de los emigrantes
«Si el sueño de un mundo en paz es compartido por muchos, si se valoriza el aporte de los inmigrantes y de los refugiados, la humanidad puede convertirse cada vez más en la familia de todos y nuestra tierra en una real casa común», dijo Juan Pablo II en una férrea defensa a los desplazados por diversas causas de sus países.
«Desgraciadamente, estamos acostumbrándonos a ver la peregrinación desconsolada de los desplazados», advirtió el Papa.
El Pontífice destacó «la fuga desesperada de los refugiados, la llegada por cualquier medio de emigrantes a los países más ricos en busca de soluciones para sus muchas exigencias personales y familiares».
Para Juan Pablo II, «construir condiciones concretas de paz, en lo que respecta a emigrantes y refugiados, significa empeñarse seriamente en salvaguardar en primer lugar el derecho a no emigrar, es decir a vivir en paz y dignidad en su propia patria».
En ese sentido, Juan Pablo II exhortó a que «nadie permanezca insensible frente a las condiciones en que se encuentran los numerosos inmigrantes. Se trata de personas sujetas a los vaivenes de los acontecimientos, con situaciones a menudo dramáticas detrás de sí».
Entre la problemática cada vez más actual, sobre todo en Europa, el Papa dijo que no se puede dejar de denunciar «el tráfico practicado por explotadores sin escrúpulos que abandonan en el mar, en embarcaciones precarias, a las personas que buscan desesperadamente un futuro menos incierto».
«Quien está en condiciones críticas necesita intervenciones concretas y urgentes», instó el pontífice, en referencia a los responsables de acoger a los inmigrantes.
«El mundo de los emigrantes está en grado de ofrecer una válida contribución a consolidar la paz. Las migraciones pueden facilitar el encuentro y la comprensión entre las civilizaciones, y no solamente entre las personas y las comunidades», dijo el Papa en un tono reivindicador.
Para el Papa hay que evitar que los inmigrantes «se concentren formando verdaderos ‘nichos’ donde aislarse» con el impulso de una «integración gradual» entre quienes abandonan sus países, «respetando sus identidades y salvaguardando el patrimonio cultural de las poblaciones que los reciben».
Por otra parte, hoy miércoles el Papa iniciará los ritos navideños con una serie de compromisos que, aunque aliviados respecto de años anteriores, son considerables dada su edad y sus condiciones de salud.
Alrededor de las 18 (hora local) el Papa, desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, bendecirá la luz de la paz y saludará a los fieles que en la plaza San Pedro asisten a la inauguración del pesebre.
A medianoche Juan Pablo II celebrará en la basílica vaticana la misa de Nochebuena (llamada también Misa de Gallo), una de las más significativas de la liturgia católica.
En la homilía el Papa aludirá probablemente a los temas vinculados con la paz, aunque en clave más que nada espiritual y de fe.
En la mañana de Navidad, como sucede desde hace varios años, el Pontífice no celebrará la misa en la basílica de San Pedro, que será confiada a alguno de los cardenales de mayor jerarquía en la Curia romana, pero sí pronunciará el mensaje Urbi et Orbi (a la Ciudad y al Mundo), así como los saludos en los diversos idiomas.
Existe expectativa por el contenido del mensaje de Navidad, que siempre tiene particular contenido político y religioso, en el que normalmente dirige su atención a los conflictos que enlutan el mundo, como fue en este año la guerra en Irak.
Juan Pablo II no se trasladará a Castel Gandolfo en los días siguientes a la Navidad, el 26 rezará el Angelus y el 31 de diciembre por la tarde celebrará el Te Deum de agradecimiento.
Las audiencias generales de los miércoles fueron eliminadas por ser vísperas de Navidad y Año Nuevo.
La primera misa del año será celebrada por el Papa ante el cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede, pero no bautizará a un grupo de niños como en años anteriores ni consagrará a nuevos obispos en el día de la Epifanía. *
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