Ahora le toca a los kurdos
Ese pasado nos recuerda que Irak fue un invento de la diplomacia inglesa para apropiarse de los recursos petrolíferos del Medio Oriente, que hasta la primera guerra eran propiedad del imperio turco. Que para armar este rompecabezas geopolítico se usó la zona Kurda en Turquía, allí donde están Kirkuk y Mosul, como franja norte del nuevo estado.
Como franja central se empleó, la Mesopotamia de mayoría sunnita.
Como franja sur, la mesopotamia chiíta, allí donde el Tigris y el Eufrates se juntan para desaguar en el Golfo Pérsico a través del Canal de Shat el Arab. El remate del proyecto fue taponar la salida al Golfo mediante la creación del emirato de Kuwait.
De tal modo Irak vio la luz como una suerte de Bolivia árabe, sin salida al mar.
En medio de la euforia mediática, nadie ha mencionado a los kurdos más de 20 millones que conforman una nación sin estado, como lo fue Polonia durante centurias o Israel durante milenios.
Estos kurdos, musulmanes arios, no semitas repartidos entre los países fronterizos, fueron históricamente reprimidos por rusos, turcos, iraníes, sirios y modernamente por los iraquíes de Saddam Hussein, cada vez que trataron de crear un estado soberano.
Saddam, ahora detenido, era bendito para los EEUU en la década de los 80 cuando el eje del mal pasaba por Teherán donde estaba el ayatolá Jomeini.
Saddam hizo una guerra al servicio de los EEUU y Europa occidental con armamento americano durante 8 años y al precio de un millón de bajas.
En las dos guerras siguientes, el otrora santificado Saddam, fue satanizado por los dos Bush, padre e hijo. Bush padre derrotó a Irak en la segunda guerra del Golfo, pero no destituyó a Saddam, temiendo el desmembramiento de Irak y el rebrote del nacionalismo kurdo, que podría incendiar la región petrolera más rica del mundo.
El segundo Bush, sí ocupó Irak, usando como pretexto una supuesta alianza de Saddam con otro ex aliado de EEUU, Osama bin Laden y la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en poder del ejército iraquí.
¿Qué ocurrirá de aquí en adelante? ¿Cesarán los ataques suicidas?
¿Comenzará a insinuarse un esbozo de orden e institucionalidad ahora que Saddam Hussein está detenido?
Todo parece caminar en dirección opuesta a la paz y por el contrario dos nuevos problemas podrían surgir.
Uno: que el nacionalismo kurdo cobre un nuevo impulso, y lance operaciones contra los países con minorías kurdas en las fronteras, por ejemplo Siria, Turquía, Azerbaijan e Irán. ¿Qué harán los EEUU en el caso particular de atentados contra Turquía que forma parte de la OTAN? ¿Acaso los americanos cederán el norte iraquí, con su inmensa reserva de petróleo a los kurdos, para sentar las bases de estado independiente, en recompensa por haberles ayudado a localizar a Saddam?
Segundo problema: ¿Qué ocurriría si simultánea o consecutivamente los chiítas del sur deciden reunirse con sus hermanos iraníes para lograr el sueño milenario de Darío, «El Persa»: que el Golfo Pérsico se transforme en un «mare nostrum» iraní.
Si bien estas son sólo conjeturas, no son conjeturas descabelladas, por lo que sólo cabe esperar sin perder de vista lo esencial, esto es: lo que está en juego en la región no es un problema de ética sino una pulseada más por el poder global. *
(*) Contraalmirante en situación de retiro.
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