Después de la Cumbre, el abismo

Pobre Jorge. Pocos mandatarios han tenido que sufrir tal cúmulo de contratiempos y sortear tantos obstáculos como el pobre Jorge. Porque mire que le ha ido mal, ¿eh? Uno no puede olvidar el tango de Cadícamo que dice «La mala racha le jugó una carta brava, se le dio vuelta la taba, la vejez lo derrotó…» Con esto no quiero decir que el pobre Jorge haya sido derrotado por la vejez, vale aclararlo, porque en realidad siempre fue medio así.

La aftosa, la devaluación brasileña, el crac argentino, la crisis bancaria, la derogación de la Ley de Ancap, el desaire de Lula y Kirchner (a los abrazos con Arana, ahí, a la vista de todos, en el balcón del Municipio, y a las risas con Vázquez; y el pobre Jorge, solito). Realmente es muy fuerte todo lo que tienen que soportar el gobierno y la dirigencia política conservadora.

Así y todo, el gobierno saca fuerzas de flaqueza, y para las fiestas nos regala una bocanada de optimismo, un hálito de esperanza. ¡Qué maravilla! Fíjese cómo, a pesar de los pesares (a pesar de una oposición política destructiva, de un movimiento sindical radicalizado, del triunfo rosado en el referéndum, de la visita de Lula y Kirchner a Tabaré Vázquez), a pesar de todos esos contratiempos, el gobierno cierra el año con un optimismo contagioso.

Si hasta los atrapados en el corralito se pusieron a brindar con champán porque están seguros de recuperar sus ahorros luego de los espectaculares anuncios del sonriente equipo económico reunido en ACDE; si hasta a uno  escéptico empedernido  le viene como una especie de regocijo y una luz de esperanza al ver la algarabía pintada en los rostros de Davrieux, Jorge, De Brun y Alfie (y eso que para que estos dos últimos rostros impasibles sonrían, sólo un cóctel de Buster Keaton, Chaplin, Cantinflas y Mr. Bean; aunque no sé por qué sospecho que sus cómicos favoritos han de ser Jerry Lewis y Jim Carrey).

«La pujanza ordenada con que Uruguay salvó una de las peores cirsis de su historia se traducirá el año próximo en el retorno al crecimiento económico y la mejora en todos los indicadores principales, incluyendo la vital generación de nuevos empleos», sostiene El Observador en plena euforia progubernamental. No es para menos: el PBI crecerá cinco por ciento; el superávit primario será de 3,2 por ciento; la inflación oscilará entre siete y nueve por ciento; crecerán las exportaciones y la producción industrial en el entorno de 15 por ciento; se crearán 50 mil puestos de trabajo y  Â¡atenti!  el salario real aumentará entre uno y dos por ciento. ¡Estamos salvados!

Ta todo fenómeno, pero hay una pequeña duda que me carcome: ¿Cuál es la base de cálculo para ese aumento salarial? ¿Del salario de qué año están hablando? ¿Debemos suponer que los salarios se incrementarán en algo más del cincuenta por ciento? (Para compensar la pérdida originada por la devaluación y la inflación del año pasado, digo). ¿O será un uno o dos por ciento sobre el salario real actual?

Entonces, a uno le viene a la mente la imagen de una pelota que, arrojada desde un décimo piso, rebota contra el suelo y se eleva algunos metros, mientras alguien nos hace ver cómo se va hacia arriba… Porque entre usted y yo, la verdad que cuando se ha caído tan bajo, ¡es tan fácil levantar aunque sea un poquitito…! Por poco que se haga, algo se mejora.

En fin, el equipo económico exhibe un optimismo tan panglossiano que al final uno no sabe si son unos chantas o pretenden tomarnos el pelo; y al final concluye que son las dos cosas a la vez.

Pero en lo mejor de las sonrisas gubernamentales y en medio del triunfalismo económico  seguramente estimulado por los alcoholes servidos en el ágape acdiano , se conocieron las declaraciones del asesor presidencial. Probablemente molesto por no haber sido invitado a la cuchipanda, Ramela se las agarró con Kirchner y Bielsa, como si no fuera suficiente provocación la designación de un terrorista de Estado como agregado naval de la Embajada uruguaya en Buenos Aires.

Aunque algunos ven en ese nombramiento una compadrada propia de un aprendiz de malevo, yo estoy seguro de que el pobre Jorge fue mal interpretado.

Me consta que el pobre Jorge se jugó a que la presencia de Craigdallie en Argentina serviría para aportar datos sobre desapariciones; porque algo debe de saber sobre el asunto, ¿no? Pobre Jorge: nadie lo entiende.

Bueno, así están las cosas por culpa de un malentendido, y no nos queda otra que empuñar las armas. Este llamamiento lo hago convencido después de oír al senador Heber, quien me hizo ver que  aunque él no lo votó (¿habrá votado a Tabaré en el balotaje?)  el pobre Jorge es el presidente de todos y tenemos que defenderlo.

¡Orientales, la patria está en peligro! ¡A ocupar Martín García, ya! *

*Periodista

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