Fasano

Como tampoco soy de eludir los temas, voy a dedicar mi primera columna a hablar de Fasano. Y ya con algún año a cuestas, empiezo desde el fondo del tiempo.

Era la dictadura y todo estaba ahogado. Alguna vez he contado a jóvenes  y parece ahora increíble  que era tan espesa la presencia del autoritarismo que, en la vida social, durante años, el tema político se había amputado totalmente de las conversaciones en todos los círculos de amigos. Se podía estudiar años, por ejemplo, con compañeros de estudio a los que se apreciaba, con los cuales se compartía todo lo que en esa etapa de la vida se comparte, pero jamás había una referencia política. Hay un momento del miedo en que éste es tanto que los ciudadanos no se dan cuenta que lo llevan puesto. Las historias de tortura, muerte y exilio estaban allí sin que siquiera se las nombrara. Y hubo que acometer la tarea política, entonces, de romper ese cerco. Ahí fue que empezamos a aprender a pelear contra un sistema-establecido-de-privilegios, contra un «establishment». A instruirnos sobre sus dobleces, hipocresías, compra de conciencias, silencios, maniobras, trampas, gambitos, trastiendas, hilos de titiriteros, etc.

 

Periodismo y poderes fácticos: antes

Funcionaba bajo la dictadura un servicio que todas las noches llamaba y amenazaba. Una voz ronca de suboficial (me imagino) decía a diferentes horas de la madrugada, por ejemplo: «comunista hijo de puta, te vamos a arrancar los huevos». Uno se acostumbra a todo. Las primeras veces uno se queda pensando un poco, porque es de noche y porque el país vivía también la noche de sus garantías. Al año de atender al rutinario caballero insultante uno ni se da cuenta que ha llamado. Es decir, uno los convierte en unos inútiles.

Nos reunimos un par de veces los amenazados. Estaba «Pepe» D’Elía (que vivía por allí por la Ciudad de la Costa y podía ser boleta fácil camino a su casa, pues le temíamos a lo que pareciera ser un accidente), «Perico» Pérez Aguirre (boleta más fácil, todavía, porque se iba todos los días en su modesta motoneta hasta «La Huella»), José Germán Araújo, Carlos Pita, entonces en la Copona del Partido Nacional, y yo. Nos reunimos al ñudo porque lo único que se podía combinar es avisar a los otros si pasaba algo, para hacer correr la noticia y sacarla al exterior. Pero, pienso ahora, si pasaba algo posiblemente al que le pasara no podría avisar y si pasaba algo los demás se iban a enterar de todos modos. Pero así eran aquellos tiempos intempéricos.

Desde entonces la intemperie me asusta bien poco. Ahora son tiempos de colapso de orden establecido, de agonía del sistema-establecido-de-privilegios. La intemperie es asumir eso. Ya no es importante que el sistema oligopólico de canales de televisión montevideano lo tenga a uno en el index de lo prohibido. Están totalmente deslegitimados ante la sociedad, les queda poco y se caen económicamente. La intemperie es saber que uno puede desafiar a la polibanda (cuyo dinero nunca se encontró), al narcolavado (el que será inexorablemente investigado), al sistema mediático de comunicación al servicio del «establishment» (los canales privados montevideanos, Búsqueda, Cotelo, El País, El Observador que intentan tener a la opinión pública en el «corralito mediático» de la desinformación), todos a la vez, y uno puede sobrevivir. Lo aprendí enfrentado a la dictadura desde Jaque. Cuando todo se hacía con un tenedor de plástico y, por añadidura, roto. Aquello me alienta en mis luchas contra el sistema-establecido-de-privilegios de hoy, por cerrada y planificada que resulte su área mediática. Es un sistema informativo desinformador que sigue puntualmente un libreto opresor.

Es en mis combates actuales contra el monstruo que empecé a revalorizar, entonces, las viejas luchas. Cuando se inventaron los intersticios y los nichos por donde colarse y doblegar el sistema desinformador y opresor de la dictadura.

 

Periodismo y poderes fácticos: ahora

No voy a opinar, obviamente, sobre el conflicto de LA REPUBLICA. No me corresponde hacerlo ni directa ni indirectamente. Obviamente tengo amigos muy queridos entre los periodistas de LA REPUBLICA. Sí voy a decir lo que sigue desde mi exclusivo punto de vista de luchador contra un «establishment» que nos oprime y lleva al país al precipicio.

Los días estos pasados en que los únicos diarios eran El País y El Observador parecíamos una sociedad de sirvientes. Constituíamos un paradigma de sociedad domesticada. Éramos una vergüenza de colectivo. Yo tengo discrepancias con LA REPUBLICA, pero caramba ¡cuán imprescindible es «otra» voz, que la de los pajes obsecuentes del «establishment»! La prensa escrita alimenta todos los días la agenda de 300 radios en el país. ¡Que horrible país ese del soliloquio amordazado y tergiversante de El País y El Observador, reproducido y multiplicado por 300! Tomates repetidos hasta el mar, dijera Neruda.

Fasano ha cometido, claro, algunos pecados que el «establishment» no le perdona. Les coló una radio y resulta que es la más escuchada.

Además  pecado mortal sin perdón jamás  les coló un canal de televisión. Hasta ahora no entiendo cómo lo hizo. Porque los otros manejaban todos los hilos. Creo que aprovechó que TVC-Clarín está cansada de que los uruguayos  gobierno y particulares  la roben y la prepoteen. Pero no sé. Les encajó sí «otra» televisión. Radio y televisión sumados es más de lo que están dispuestos a soportar.

Como juegan sucio, le tiraron con el BPS como no le tiran a los medios del «establishment», conjuntos económicos reales, ellos sí. Cuidado. Porque, Peri mediante y miserabilidades del mismo tenor, el jorgismo terminará finalmente en la misma arbitrariedad del sanguinettismo, estilo contra el cual, paradójicamente, los ciudadanos eligieron a Batlle Ibáñez.

Fasano es un hombre formado ideológicamente con el discurso de los años 60. Yo no creo en eso. Practica un periodismo de país polarizado. Yo no creo en eso. Pero en éste país es el único que ha encontrado ingeniería para desafiar en el terreno audiovisual al «establishment». No es fácil. Su famosa casa tuvo que venderla apremiado por los acreedores. Está en Concordato. Ojo al gol, porque aprovechando sus problemas, y aún sus errores, lo están queriendo matar los portadores del status quo y algunos hipócritas que les sirven. Que son otros, obviamente, que quienes le enfrentan gremialmente.

Los del «establishment» tienen bien claro el peligro de Fasano. Recuerdo ahora cuando alguien del gobierno de Sanguinetti me fue a hablar  yo era Director de Posdata  a tratar de convencerme que era buena la teoría que proponía a un-fiscal-de-Corte-«fuerte» y que había que nombrar al Dr. Miguel Langón para ese cargo. Yo me estaba oponiendo desde las columnas de Posdata simplemente porque, sin desconocer la capacidad y el conocimiento de Langón, lo que escribía me parecía adscripto a la escuela jurídica antiliberal. Y porque no compartía la teoría de Sanguinetti de toda su vida de nombrar un fiscal de Corte «fuerte». Ya Sanguinetti, décadas antes había nombrado a Bayardo Bengoa y así nos fue. Como no convencieron ni al senador Mallo ni a mí, Langón no fue fiscal de Corte. Es una historia que algún día habré de contar. Y no sé, a la larga, si no me equivoqué porque la única cosa peor que un fiscal de Corte «fuerte» es un infeliz al servicio de Sanguinetti, que eso es lo que ha sido el fiscal de Corte que sobrevino cuando todos nos distrajimos, esto es, Oscar Darío Peri Valdez. Pero me importa ir a un detalle más particular de esa anécdota. Yo le digo en un momento a mi interlo
cutor sanguinettista que pretendía convencerme: «¿Pero cómo se les ocurre nombrar candidato al fiscal que se llevó preso a Fasano con el ridículo argumento de que su diario decía lo que decía toda la prensa paraguaya y universal, que Wasmosy era corrupto? Que le aplicó, por lo demás, para cometer esa barbaridad el artículo del código penal previsto para quien escupa o ataque físicamente a un mandatario extranjero».

Sorpresa fue para mí lo que me contestó mi interlocutor. «¿Pero no pensarás tú que a Fasano lo mandó preso Langón?». Yo repasé rápidamente el caso, pensé en la jueza que actuó, y pregunté, «¿pero, entonces, quién lo mandó preso?». «Sanguinetti», me contestó. «Lo que pasa, agregó, es que tú no entendés que en su segunda presidencia el hombre quiere sacarse algunos gustos». Se los sacó. Que él pague el precio luego el precio de sus excesos es tan inevitable como poco importante. Lo más importante es el precio que pagaron nuestras instituciones cuando el Poder Ejecutivo se metió a manipular la Justicia. De ese lío no se salió hasta ahora.

Así las cosas, conviene estar atentos a la correlación de fuerzas en esta democracia sin garantías.

Obsérvese, por ejemplo, cómo se planteó toda la campaña tergiversante de los grandes medios respecto del referéndum. Primero, un par de semanas tratando de pegar a Vázquez a la dictadura. Luego, instalar la idea de que un triunfo del SI era un partido preliminar que aseguraba la Presidencia de Vázquez en las elecciones del año que viene de modo de así desalentar a votantes blancos y colorados partidarios del SI y la papeleta rosada. Desplegadas a todo trapo estas dos falsedades  ni Vázquez fue hombre de la dictadura, obviamente, ni el SI era igual a Vázquez, evidentemente, ya que cientos de miles de colorados y blancos votamos por el SI  hubo un momento de repliegue en las encuestas de la opción del SI. Venciendo la saturación desinformante de los grandes medios de comunicación de a poco y porque hay otros medios de comunicación, sin embargo, se pudieron ir explicando claramente las cosas. Y la gente finalmente acompañó. Pero ¡qué poderoso es el «establishment» para instalar percepciones en la agenda política uruguaya! Cuán grande es el esfuerzo que se precisa, día a día, para derrotarlo. Y cuánto ayudaría al «establishment» liquidar a Fasano. Se están jugando cosas grandes porque cuando un sistema-establecido-de-privilegios está colapsando patea fuerte. Conviene no olvidarlo. *

(*) Candidato presidencial del Partido Colorado

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje