Dimes & Diretes
Papa caliente.
Y no me refiero a un pontífice con bronca o excitado sexualmente, que seguramente los hubo y los habrá, sino al resultado del plebiscito del domingo 7.
Están los que como Sanguinetti llegan a hacer tales piruetas y contorsiones con la paliza recibida que parecen que están de ácido. Que se tomaron un LSD, digo.
El Sangui, autodefinido como «El 7mo. de Caballería», luego de confirmarse la pérdida de gran parte de su electorado y de demostrarse la total indiferencia hacia sus planteos de un alto porcentaje de los colorados, realiza cejudos y laberínticos análisis para concluir que se siente «fortalecido» después del 7 de diciembre. Maravilloso abuso del lenguaje, sólo comparable al realizado por él mismo cuando declaró que el hecho de presentarse a las elecciones del 84 sin las candidaturas de Seregni y Wilson, lo había «perjudicado».
Agotado el efecto del LSD se fuma un porrito y continuando las conclusiones sobre el plebiscito, asegura que «el Frente no va a ganar en la primera vuelta». Cómo llega a esta aseveración pitonísica, no se sabe.
Pero en realidad el manejo más interesante del lenguaje lo hace después, cuando con total desparpajo dice que no considera que hubo un voto castigo hacía él, sino que fue contra el gobierno.
Lacalle dice que los que más se perjudicaron con el plebiscito fue el gobierno y el Partido Colorado.
Desde la platea el público que mira cómo estos viejos clowns repiten incansablemente sus viejas rutinas, sale de su aburrimiento y se pregunta: «¿Y quién carajo gobernó estos últimos años?»
Y para terminar confieso que me dio cierta patética ternura ver cómo Hierro se atrevió a decir la verdad sin consultar al dueño de ella: «El Partido Colorado está en crisis y debe renovar sus líderes», y terminó pidiendo perdón por sus «desafortunadas» palabras ya que él, dijo, también forma parte de esa vieja dirigencia.
Parafraseando al poeta: debemos rescatar la verdad del pantano engañoso de las bocas. *
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