Chávez y su elixir bolivariano

Allí estaban el cuerpo exánime de la economía argentina, el fenecido cuerpo de Ecuador y varias otras naciones latinoamericanas que fueron asesinadas y sepultadas hace tiempo por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), las panaceas del libre Mercado que no se molestan en conocer la realidad de los países a los cuales hacen sus recomendaciones (en especial el FMI). Su campo epistemológico es cerrado y parte del principio de que si la realidad se resiste a sus propuestas, tanto peor para ella. Esta hipóstasis de la realidad por la doctrina evoca una estrategia de poder según la cual las respuestas están antes que las preguntas, porque el mercado como locus histórico es en realidad axiomática, y los axiomas no se discuten. Al FMI le da lo mismo la situación de Brasil que de Guinea, de Rusia que de Etiopía; hace ideología disfrazada de economía, que funciona más como discurso de poder. Según J. Stiglitz, ex economista del Banco Mundial, «el FMI adopta el mismo enfoque ante cualquier circunstancia».

 

Nubarrones al sur de EEUU

Con sus piernas rígidas envueltas en vendas raídas, los zombies gobernantes latinoamericanos marcharon a Miami a comprometerse a recibir su próxima dosis de veneno de Libre Mercado. Todos menos Venezuela, la única y solitaria nación que dijo «no, gracias» al tratado de las economías muertas en vida.

Víctor Alvarez, delegado de Venezuela que se salvó dela zombificación por su sentido del humor, declaró que mientras la Administración Bush pregonaba tratados libres e igualitarios a sus compatriotas marrones del sur de la frontera, EEUU se las tuvo que ver con una de las mayores penalidades impuestas por la Organización Mundial del Comercio (OMC) por elevar las tarifas de los productos del acero. Alvarez se habría reído con ganas en Miami si las barreras comerciales ilegales impuestas por EEUU hubieran permitido seguir operando a dos plantas de acero en Venezuela. Y se refirió a datos conocidos:

En 10 años de libre mercado para todos – un sálvese quien pueda – la industrialización en Venezuela cayó, de 18 por ciento del producto bruto interno, al 13 por ciento, y le fue mejor. Otras economías latinoamericanas implosionaron. El NAFTA creó empleo solamente en una franja fétida a lo largo de Río Grande, i.e., los negocios de ‘maquiladoras’ que mantuvieron sus sueldos de miseria a ambos lados de la frontera Méjico-Estados Unidos.

«El Tratado de Libre Comercio de las Américas es un sendero al infierno», dijo Chávez en el sentido teolófico más profundo. «Yo he visto niños acribillados», dijo el presidente, «no por un ejército invasor sino por los soldados de nuestras naciones». Se refería al 27 de febrero de 1989. «Mientras el Hemisferio norte celebraba la caída del Muro de Berlín», afirmó, «se estaba construyendo en de la Globalización».

Para el presidente de Venezuela el ALCA no solamente abarca productos vendidos entre países sino que es un gobierno multiestatal en formación, con cortes supremas y ejecutivos no electos, con el poder de bendecir o condenar las leyes de cualquier nación que impida la inversion, y aún la polución extranjera.

El ALCA es revolucionario en el sentido de que los gobiernos son destituidos, y la manera más fácil de hacerlo es, por supuesto, convencer a los gobiernos de que se autodestituyan. De ahí el proceso de zombificación.

Néstor Kirchner instaló el tema de una burguesía nacional en un acto con los banqueros argentinos el 29 de setiembre pasado, durante la firma de un préstamo al gobierno por unos 150 millones de dólares para financiar obras públicas.

«Es fundamental que el capital nacional participe de un proceso de reconstrucción de la sociedad. Es imposible un proyecto de país si no consolidamos una burguesía nacional». El economista egipcio Samir Amin, consultado acerca del «proyecto» de Kirchner, señaló que no creía en la realidad de esa perspectiva. «No hay más burguesía nacional», exclamó, «el capitalismo es polarizante por naturaleza». Dijo que el último proyecto de burguesía nacional en Argentina fue el de Perón, y que quizás hoy en los únicos países donde puede existir una burguesía nacional es en Rusia y China.

 

La alternativa

Chávez propone el ALBA: Alternativa Bolivariana para América, que crearía un «fondo de compensación», por medio del cual las naciones más ricas de América financiarían el desarrollo de las más pobres.

Si esto se asemeja al sueño de un oleoducto andino, recordemos que la Unión Europea creó una distribución similar para levantar las economías de sus naciones más pobres. Y tenemos un ejemplo bien palpable en la prosperidad de Irlanda. Si la propuesta de Chávez parece al principio tener una oportunidad multiplicadora en el NAFTA, bueno, recordemos la Alianza para el Progreso, de John Kennedy. En aquellos años cuando esa Alianza era capital prometedor para el desarrollo de América del Sur, un grupo extraño de revolucionarios armados en Chicago, bajo la orden de Milton Friedman, planeó destruir la visión de Kennedy. Y tuvo éxito.

Por tres décadas, estos muchachos de Chicago y su grupo neoliberal han llevado el péndulo de la historia al extremo, y han anunciado que llegó a su fin, en el consenso de libre mercado.

Pero cuando el péndulo se balancee para este lado, el presidente Chávez estará en Caracas esperando revivir la economía muerta con su elixir bolivariano. *

(*) Periodista. Especial para LA REPUBLICA

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