Un padre brasileño busca a "uruguayo" por la muerte de tres jóvenes en Rio
Al chocar una columna, el auto dio una vuelta en el aire y al caer aplastó a tres de los cinco ocupantes. Fabricio Diniz, de 20 años, Mariana y Juliana, ambas de 18, murieron en el lugar. El conductor salió ileso. La Justicia brasileña decretó su prisión preventiva en setiembre pasado. Pero Marcelo Kijak fugó. Es ciudadano uruguayo, por cuanto su madre es oriunda oriental, lo que permite la doble nacionalidad del hijo. El padre de uno de los muertos en el accidente viajó a Uruguay para alertar a los vecinos, de quien puede estar viviendo entre nosotros.
Tragedia como las uruguayas
Fabricio Pinto Da Costa Diniz hubiera cumplido 20 años el 11 de agosto pasado, en su ciudad natal, Rio de Janeiro. Pero corrían los primeros días de marzo de 2003, la frescura dejaba atrás el agobiante calor en la otrora capital brasileña, y miles de jóvenes se aprestaban a disfrutarla. Fabricio, había conocido a una chica interesante que sólo ponía una condición para salir: que consiguiera dos amigos para otras chicas que le acompañarían. Fabricio llamó a un amigo, combinaron hacer la salida con otro, que pondría el auto. Este último apenas era conocido de Fabricio, pero poco importaba. Ambos pasaron a buscar primero a las chicas y sobre el final del recorrido, tenían previsto levantar al restante.
«A las 9, 9 y media de la noche del día 10 de marzo, a la salida del shopping, este conductor parte a mucha velocidad. Novecientos metros después, haciendo zigzag según los testigos, choca contra un poste. El varón y las dos chicas que estaban en el asiento de atrás fallecieron instantáneamente. El varón, era mi hijo».
Así lo cuenta Fernando Alberto da Costa Diniz, quien se encuentra en Montevideo cumpliendo un dictado de su conciencia y su corazón, buscando aplacar dolor a fuerza de justicia.
Es que la historia, más allá del accidente, entra de lleno a Uruguay, tanto por las especiales circunstancias de este caso, como por el fenómeno que azota tanto a brasileños como a nosotros mismos.
Padre busca un fugitivo
El padre del joven muerto fue a la Delegación de Policía a buscar las razones del derrumbe de su mundo. Pidió conocer la documentación del coche: desconocía el auto, al hombre que había conducido «como un loco», según los testigos, y a las chicas, aunque a estas últimas no prestaba interés. Quería saber quién había sido responsable del accidente. Aunque el nombre no le decía nada, descubrió que el automóvil tenía los papeles «vencidos» para la administración brasileña, desde hacía más de tres años, algo inusual bajo los controles estatales cariocas. Segundo dato curioso: la «cartera de motorista» (libreta de conducir) hallada en la guantera del auto, era de Uruguay. Allí leyó el nombre de Marcelo Henrique Negrao Kijak, chofer del auto en que había fallecido su hijo. Había salido prácticamente ileso del accidente. Atendido en un hospital de la zona fue derivado a su domicilio. En la investigación policial no figuraban análisis de alcoholemia, de drogas, ni evaluación hospitalaria alguna. Horas después descubría que el padre del chofer había sido médico de ese hospital, hasta poco tiempo atrás.
A ello se suma un nuevo dato: el responsable del accidente se apresta a viajar a Uruguay, ya que su madre es oriental: la doble nacionalidad daría tiempo para la huida y cerraría puertas para la repatriación eventual.
«Pedí al Ministerio Público que cerraran las fronteras mientras se investigaban mis datos de que parte de la familia estaba preparando la mudanza a Uruguay», explica el padre de la víctima.
La Justicia brasileña envió así, el 22 de julio, un mandato de intimación al chofer del accidente para que se presentara a declarar.
«Al Juzgado va su padre, Ruben Kijak Orestein, y declara que su hijo no está momentáneamente en Rio de Janeiro: está de vacaciones en Bahía. Que en ningún momento tuvo intenciones de salir de Brasil».
El delegado de Policía comunica a Ruben Kijak que da al hijo una semana de plazo para presentarse a declarar. El 31 de julio, Marcelo Kijak no comparece. Al día siguiente la Policía lo va a buscar.
El parte del patrullero encargado de detenerlo, dice: «(…) el referido ya no reside en el domicilio declarado, sin saberse allí ninguna información. Lo único que se sabe es que la mudanza se efectuó hace unos 15 días…»
Informado el Ministerio Público, el juez de Derecho Tutela declara: (…) «requerir la prisión preventiva del individuo», y abre el proceso «en rebeldía». Es el 13 de octubre. El padre de la víctima conoce las limitaciones de la Policía para dar captura a alguien en su país, máxime cuando cree que el chofer acusado abandonó Brasil. Fuentes de la 16ª Delegación de Policía carioca (la que intervino en el hecho), coincidieron en que la documentación uruguaya abría una puerta de escape de más difícil control aún. Otro contacto, a nivel del Consulado de Uruguay en Rio de Janeiro le comunica bajo cuerdas: «Os pasarinhos están por fugir da gayola», («los pájaros están por volarse de la jaula»). Fernando Diniz viaja a Uruguay.
Hasta el viernes
Después de contactos a todo nivel con autoridades, policías, prensa y con todo aquel que pudiere ayudarle en su causa, el ingeniero Fernando Diniz volverá a Rio de Janeiro. Estuvo en el Hotel Tres Cruces, donde aguardó información sobre el fugitivo.
Diniz acopió desde su país nutrida documentación y todo cuanto pudiera ayudar a la Policía, «y a quien me quiera ayudar» para la captura del perseguido.
«Estoy haciendo lo que dicta el corazón. Si mañana me dicen que está en el Himalaya, lo iré a buscar. No quiero tocar ni uno solo de sus cabellos, pero sí decirle que fue un cobarde, un irresponsable, y que no sólo ha matado a tres jóvenes: mató a tres familias que solamente queremos justicia». *
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