LA CRISIS OBLIGO A LA INTENDENCIA DE COLONIA A DAR UNA MANO A LOS SECTORES MAS POBRES

Casi dos mil platos de comida

El hambre se hace sentir en Colonia y cada día son más las personas que deben recurrir a la asistencia alimenticia para sobrevivir, en un país que no sólo los deja sin trabajo sino que además los condena a la inanición y amenaza con que la desnutrición haga estragos en el desarrollo físico e intelectual de sus hijos.

La ayuda de la Intendencia comenzó como una asistencia temporal para los meses de mayor agudización de la crisis que el país vivió en 2001 pero aún continúa y «vamos a seguir porque si dejamos de brindar este servicio de asistencia alimentaría, hay mucha gente que se queda sin un plato de comida» dijo a LA REPUBLICA el director de Acción Social de la Intendencia Walter Zimmer.

Desde ese año que se comenzó con el funcionamiento de una olla popular en el barrio El General de Colonia «no pudimos parar más» dijo Zimmer y hoy suman 1.860 porciones diarias de comida que se brindan en todo el departamento. De ellas 130 se consumen en el comedor de Rosario, 500 en Juan Lacaze, 650 en Colonia entre los comedores de los barrios Real de San Carlos y El General, 320 en Carmelo y 260 en Nueva Palmira «terminamos con dos campañas de Invierno Solidario que se hicieron este año en Nueva Helvecia y Ombúes de Lavalle con 120 y 170 porciones diarias de comida» explicó Zimmer. «Atendidos por voluntarios que todos los días cocinan en forma honoraria, los comedores de la Intendencia de Colonia funcionan con los recursos propios de la comuna. INDA no nos da nada, sólo aporta alimentos secos en forma esporádica en el comedor de Rosario», dijo.

Según el jerarca la comuna de Colonia no estaba acostumbrada a prestar esta asistencia alimentaria pero se puso en campaña de atenderla «una vez que nació la crisis reciente que vivimos».

LA REPUBLICA habló con muchos de quienes deben ir a los comedores, la gran mayoría desocupados y con familia a cargo.

«Mirá esa muchacha, hace limpiezas pero no le alcanza para mantener a los dos gurises chicos y encima el marido la abandonó», dijo uno de los consultados mientras señalaba a una joven de 18 años. «Ese otro señor lo echaron del empleo porque no podían mantenerlo más en la firma para la que trabajaba, tiene 4 muchachos y las changas que hace no le alcanzan», dijo señalando a un hombre cincuentón que se iba con una olla llena de comida en su bicicleta.

Zimmer comentó que si hubo alguna mejora en la economía en estos últimos tiempos, los beneficios aún no llegaron a esta gente. *

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