LA NUEVA CORRIENTE TURISTICA NOS UBICA COMO ENCLAVE DE PASO

Se multiplican los turistas de Europa y EEUU que vienen como mochileros

Conforman el núcleo de jóvenes que han decidido ver el mundo por sí mismos, más allá de televisión e Internet. Aunque los mochileros son casi tan antiguos como la rueda, lo cierto es que Uruguay jamás tuvo una afluencia masiva de estos jóvenes desde Europa o Norteamérica.

Dos circunstancias acercaron Uruguay a las rutas de estos aventureros, en ambos casos por hechos desvinculados básicamente de la promoción oficial o privada.

El primero de estos hechos fue el nuevo derrotero que los jóvenes europeos desean mayoritariamente recorrer de América del Sur. La premisa sitúa ahora lo «antropológico», antes incluso que lo divertido: mientras los pasajes aéreos a Perú están agotados con larga antelación, el transporte aéreo a Río de Janeiro está parcialmente ocioso. La focalización de Perú, Bolivia, e incluso Colombia, como inicios de estos viajes, es aceptada por las empresas internacionales… y fomentada para sus agencias.

Los periplos juveniles de aventura, comienzan así en latitudes peruanas, desde donde Argentina y Chile, Bolivia en menor grado, son alcanzados por vía terrestre. El territorio norte de los dos primeros, y la zona del Titicaca en el tercero, implican semanas y aun meses de recorrido, para quienes descubren otra forma de cultura y naturaleza absolutamente inconcebibles. Tras este más que intenso inicio de vacaciones, Buenos Aires es epicentro obligado para la mayoría. Después del contacto con la gran ciudad, los viajeros se dividen: buena parte se dirige al sur patagónico, los demás emprenden camino a Brasil. En medio del viaje, Uruguay es una opción curiosa, una escala interesante.

Como segunda razón de peso para el viaje a Uruguay, lo económico que hoy resulta para quienes tienen monedas fuertes, comparativamente con Argentina y Brasil, suele extender esta escala prevista en un día o dos, a algo más de tiempo.

Uruguay: máximo de hostales

Conocida desde hace cincuenta años en nuestro país, la otrora Asociación de Alberguistas, hoy Hostelling Internacional Uruguay, cuenta con veintiocho centros para alojamiento, en los diecinueve departamentos. De atenernos a nuestra población, tenemos el mayor número de hostales de la organización en América Latina.

«Aunque también es cierto que los hostales cambiaron muchísimo en estos años», afirma Carlos Márquez, encargado de alojamiento del Hostelling Internacional Uruguay. Recuerda que originalmente las normas horarias y de servicio eran bastante espartanas. «Actualmente, además de contar con servicios y tecnologías propias de la globalización, disponemos de una flexibilidad tal que incluso no es necesario ser asociado para alojarse en los albergues», detalla.

Enfatiza que los albergues han mejorado sustancialmente, «en toda una serie de aspectos. Ahora, cuando la gente sale de su casa, quiere alojarse donde tenga lo mínimo de lo que dispone en su hogar. Son otros tiempos».

Apunta, no obstante, que los jóvenes extranjeros de viaje prefieren el hostal a otras formas de hotelería, «en tanto es un polo de concentración de personas con sus mismos intereses e inquietudes, consultas y dudas, algo que eventualmente ni un hotel de categoría podría ofrecerles».

Seis dólares cuesta una noche de alojamiento con desayuno incluido, a lo que se suma el uso de la cocina. Por veinte pesos la hora se puede alquilar una bicicleta (con un pormenorizado mapa de recorridos eventuales), y por mil pesos hacer una excursión a Punta del Este. Lavar un montón de ropa cuesta cincuenta pesos, y una sola prenda, diez.

El albergue de Montevideo (Canelones 935, casi Convención) es tan céntrico que algunas veces los viajeros creen haberse equivocado de camino cuando a tres cuadras encuentran 18 de Julio, la «principal avenida», según sus mapas. «Es que los días de semana realmente hay poca gente: es una de las críticas a la ciudad, que es demasiado quieta después que cae la tarde. ¿Otras críticas? En realidad pocas, más bien elogios por lo amable de la gente, la tranquilidad…

Las cuarenta camas del albergue Montevideo reciben, además de extranjeros, gran cantidad de jóvenes del interior: 65 pesos cuesta una cama, con lo cual no es extraño que grupos de escolares o promesas del fútbol colmen las instalaciones. Sin embargo, la proliferación de extranjeros es lo que constituye la noticia positiva para este fin de año: si hace un lustro un asiático era toda una curiosidad en el albergue, este año casi 200, 114 de ellos japoneses, se alojaron en la calle Canelones.

Más de 300 británicos, la mitad de suizos y otros tantos australianos (incluyendo hijos de uruguayos emigrantes que nunca habían venido al país), convergieron en el centro. «La mayoría, sin embargo, siguen siendo los alemanes: es que allí se fundó la red mundial de hostales. Ellos conocen el sistema de Shirmann-Munker; les resulta de lo más práctico y seguro, y lo usan más que nadie a la hora de viajar por el mundo». *

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