Porque sí

Silvestre sinceramente situado en el sitio más sinuoso de las sierras, sintió que su situación lo sincretizaba en algo simiesco. Más sicalíptico y sibilino que un sicofante, silabeó la significancia simbólica de cada sílaba sintiendo en la sien algo tan significativo como un silogismo o un sicalíptico signo.

Silenciosamente Silvio singularizaba los sitios sin simpatía y silbaba como una sílfide de sílex que sin silicosis ni simonía tomaba sidra en un silo luego de la siega de la siembra.

Simpática, Silvana simulaba cierta simetría entre un siervo sietemesino y la siesta sigilosa que casi siempre, simbióticamente, hacía en el sillón.

Simón, el siderúrgico, sindicalista sincopado fue al simposio simplemente por la sinergia sincronizada sin simulaciones.

Si sintiera el síndrome del sinsabor, sinceramente sería una sinecura con un sinfín de sinfonías singulares y sincrónicas.

Si siquiera silbara el siroco o el simún, simplemente sintetizarían el sino que siguen las sinalefas, sinagogas, lo sínodos y las sirenas cuando sienten un sincope.

Haciendo un símil con la sisa, la sismología es un sistema siniestro con un sinnúmero de situaciones similares, sistemáticas y siseantes.

Siamés y sibarita, aquel sicario siciliano situó su sidecar contra el sicomoro y sintió sigilosamente siete silbos similares de sinceros silicosos y siguió cinco siluetas sintéticas, es decir sin siliconas.

Silva en la sillería simbolizaba la simetría. Seria simplista situar la sinapsis en sitios sin sillas. Por eso, si acaso se sintiera sintomatológicamente similar a la sinestesia de la sinología, sería sine qua non sicoanalizar la sinopsis sinovial de su sinrazón.

Silvana, Silva, Simón y Silvia sin quererlo sintieron signos de sincronías y silbando siguieron sus síntomas y así, porque sí, se encontraron en la grandes medierías Si-Si. *

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