Los trastornos se originan en la más temprana infancia

Dar libertad para comer es la solución para muchos desórdenes alimenticios

El siquiatra infantil Alberto Weigle es catedrático en la Facultad de Medicina y entiende que los trastornos alimenticios se inician muchas veces con las primeras papillas que el bebé ingiere. Sostuvo el médico, en una conferencia dictada en el centro de estudios Agora, que la introducción de la cuchara en la boca del pequeño es una violación, «representa un acto violatorio en nombre de la salud. Los niños sufren y los padres también, se desata una batalla cuatro veces al día».

Además, el sicoterapeuta señaló que la presión y control que los adultos ejercen sobre sus hijos para que coman puede llegar a desencadenar serios problemas. «Es común que las madres concurran a la consulta con su niño diciendo que no come nada. A estas señoras yo les digo que lo dejen comer cuando quiera, el niño cuando tenga hambre va a pedir alimentos. La cura es muy fácil, esto siempre da buenos resultados», aseguró el médico. Y en seguida diferenció libertad de libertinaje, entonces afirmó que hay que generar libertad para comer pero con ciertas reglas como por ejemplo que se coma lo que hay (y no se preparen comidas especiales para seducir al pequeño) y que se respete la hora de la comida ya que tanto el almuerzo como la cena significan un encuentro o reunión familiar. Weigle afirmó que la falta de apetito se da en niños de clase media u obrera y añadió que los chicos pobres siempre tienen hambre.

«No hay que obligar a deglutir nada, ni dar una sola cucharada de más. Esto debería estar contemplado entre los Derechos del Niño».

 

Un microdelirio

A continuación el médico se refirió a la anorexia, patología que frecuentemente se presenta en su consultorio. Y comenzó por relatar los casos de niñas que bajan de peso hasta poner en peligro su vida.

Ante esta situación volvió a sostener que no se puede obligar a comer, pues de hacerlo se incurriría en un error.

«En la anorexia mental hay presente un microdelirio. La persona inhibe por causas sicológicas el deseo de alimentarse, pero siente hambre, mucha hambre», explicó el catedrático, al tiempo que manifestó que en torno a estos casos siempre se encuentran trastornos sociales, familiares o individuales. En este punto agregó que cuando llega un niño a la consulta con determinado desorden, es necesario abordar el caso como una situación en donde está incluido un chico y trabajar con los padres junto al niño.

Volviendo a la anorexia, Weigle se preguntó qué hacer con la anoréxica cuya vida está en riesgo y consideró arriesgado esperar para resolver el delirio. «Yo interno a la paciente y hago un contrato con ella». El acuerdo al que se refirió el profesional consiste en dar a conocer el peso a la niña  que será pesada cada dos días  y asegurarle que nadie la obligará a comer, pero si la jovencita baja de peso se le colocará una sonda para alimentarla. «Le digo que la dejo en libertad para comer lo que quiera y cuando quiera y que si alguien la obliga me avise. También le advierto que no vamos a permitir que se muera. Con este procedimiento no murió ninguna», contó el siquiatra. Para él su método logra crear una alianza entre la paciente y el profesional que hace sentir a la chica que su libertad y su vida son defendidas, pues estas personas se consideran fuertemente atacadas.

«La niña está muy delgada y sin embargo se mira al espejo y se ve gorda, es necesario trabajar ese delirio. Su imagen produce angustia y hay que valorar la situación de todo el ambiente familiar y ver cómo fue manejado el tema de la comida dentro de su familia». El médico reafirmó que las anorexias «duras» (graves) no se curan totalmente, solo mejoran, «queda allí un espíritu anoréxico, pero no entran en situación de internación».

Luego se refirió a otra forma de anorexia denominada «epidémica», que surgió en los últimos años y que actualmente descendió.

«Es el fenómeno ‘Barbie’ (en referencia a las muñecas flacas que llevan ese nombre), pero afortunadamente esa tendencia está cambiando. Aparece como consecuencia de la influencia de la sociedad en cómo hay que ser.

Ese modelo estirado no existe, no hay mujeres así. Para ser como una Barbie tendrían que medir tres metros». El profesional explicó que esta enfermedad se origina en la más temprana infancia y que generalmente no llega a requerir internación porque la niña sufre una crisis de bulimia  comer en forma excesiva y provocarse después vómitos o ingerir laxantes  puesto que siente hambre. *

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