UN PERIODISTA MEXICANO FUE ENGAÑADO POR SU MEDIA NARANJA URUGUAYA QUE CONOCIO A TRAVES DE LA COMPUTADORA

Amor en tiempos de Internet

José Lira Reyes, cómodamente instalado en su departamento de México D.F., navegaba por Internet cuando descubrió que al sur del Sur, es decir en Uruguay, lo aguardaba su media naranja. Al menos eso pensó el hombre cuando comenzó a chatear a la madrugada, robándole horas al sueño, con una muchacha uruguaya, de nombre María Noelia.

«Conocí a esta mujer por Internet en enero de 2000 y sostuvimos una relación amorosa a distancia durante más de tres años, tiempo en el cual le pagué cinco viajes a México: en diciembre de 2000, abril y diciembre de 2001, y en setiembre y diciembre de 2002″, explicó Lira, quien visitó en tres ocasiones Uruguay. La primera en octubre de 2001, posteriormente en mayo de 2002 y en octubre pasado.

El hombre, que se desempeña como periodista y reportero gráfico en tierras aztecas, decidió enviarle 300 dólares quincenales a María Noelia a una cuenta de ahorros (Nº 1510…. ) del Banco de la República Oriental del Uruguay.

«Ella me decía que los 150 dólares de sueldo que recibía, debido a la crisis devaluatoria que los afectó a ustedes, no le alcanzaba para nada. Por eso decidí ayudarla. Yo acepté, su madre estaba enferma y además teníamos planes con María Noelia de vivir juntos a la brevedad en México», narró el hombre a LA REPUBLICA.

Amor a la mexicana

Las promesas de un final feliz, con perdices incluidas, llevaron a José a depositar en la cuenta del BROU, otros diez mil dólares que, según la fémina, serían destinados a la reconstrucción de una vieja casona, herencia de su padre.

«Del total de esa cantidad, 2.500 fueron para pagar, según Noelia, deudas que dejó su padre a varios acreedores, quienes amenazaban con embargar la casa. Otros 1.800 dólares sirvieron, supuestamente, para escriturar la propiedad y el resto para cubrir los gastos de material y albañilería. Además, en mi último viaje a Montevideo desembolsé con mis tarjetas de crédito 500 dólares más para comprar la cerámica del living y la cocina de la casa de Sayago. También la apoyé económicamente cuando ingresó a la ORT para cursar, según ella, un diplomado en secretariado ejecutivo», sostuvo el hombre.

Hasta ese momento todo marchaba viento en popa. Lira Reyes se tomó unas vacaciones para viajar a Uruguay y encontrarse con su amada. El viaje coincidía con el cumpleaños de María Noelia, por lo que todo indicaba un encuentro perfecto.

«Para mi sorpresa, encontré a una Noelia recién operada de una cirugía estética en el rostro que le había cambiado la nariz, aunque meses atrás me dijo que por sus repetidos resfriados le habían recomendado hacerse una operación muy sencilla. Los cinco días que permanecí con ella, me encontré con una persona fría que ventajosamente me ocultó los detalles y el verdadero avance de la remodelación de su casa, así como los supuestos recibos de pago a los albañiles», afirmó el denunciante.

Ante esta situación, el hombre evalúa iniciar acciones penales contra su ex amada, ante lo que considera, lisa y llanamente, una estafa.

La historia de José Lira Reyes pone sobre el tapete una situación que parece ser moneda corriente entre aquellos que deciden a través de Internet encontrar a su media naranja. La red de redes es, de hecho, un mundo virtual. La incomunicación y la soledad es el disparador para que muchos miles de cibernautas se lancen a través de los pixels en busca del amor. No todas las historias terminan como la de José, pero conviene estar atento. *

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