Autodetectar síntomas del cáncer de piel es vital para enfrentarlo

El importante aumento de la incidencia del cáncer de piel en Uruguay y en el mundo, implica la necesidad de estar alerta a cualquiera de los síntomas, en tanto la detección temprana es la mejor arma contra la enfermedad. Al cáncer de piel estamos todos expuestos, por lo cual identificar algunas señales que hacen imperiosa la consulta al médico es de importancia.

Básicamente se reconocen tres tipos de cáncer de piel, con diferente forma de presentación clínica, diferente grado de agresividad y por lo tanto, diferente evolución y pronóstico.

Hay dos tipos de cáncer cutáneo que se originan en los queratinocitos, las células epidérmicas más numerosas y características: el Carcinoma Basocelular y el Carcinoma Espinocelular. El primero, es el más frecuente de todos los tumores del organismo, y obviamente también el más frecuente de los tumores de piel. También es el menos agresivo: su malignidad es exclusivamente local. Esto significa que sólo destruye localmente y muy excepcionalmente puede provocar lesiones a distancia o metástasis.

En general se ve en edades avanzadas de la vida, aunque esporádicamente se ve en edades más tempranas. Se localiza fundamentalmente en cara y tronco (dorso y anterior de tórax).

Se manifiesta de forma muy variada. Puede ser una lesión saliente, sobreelevada, que crece de manera incesante, pero muy lentamente, durante meses o años. Puede ser una pequeña herida o úlcera, que no cura, que persiste indefinidamente y crece en forma inexorable. Puede ser una lesión superficial de color rojo o rosado, con un borde ligeramente sobreelevado. Otras veces la lesión puede ser pigmentada y adquirir una tonalidad oscura.

Sea una lesión sobreelevada, plana, o ulcerada, de color de piel normal, rosada, o pigmentada, la persistencia en el tiempo, y el crecimiento progresivo, obligan a una consulta médica.

Efectuada la consulta el diagnóstico es en general sencillo, y con un tratamiento adecuado la curación es total en prácticamente todos los casos.

Lo importante es la consulta temprana, que permita un diagnóstico y tratamiento adecuados. para evitar mutilaciones locales severas.

El segundo en frecuencia

El Carcinoma Espinocelular, el segundo en frecuencia de los cánceres de piel, representa el 20% de los tumores malignos cutáneos.

Si bien menos frecuente, es claramente más agresivo que el anterior. Se manifiesta como una lesión saliente, sobreelevada, color piel normal. A veces adopta un aspecto verrucoso, otras veces se ulcera. Crece en general rápido, es muy destructivo localmente y tiene capacidad de propagarse hacia los ganglios linfáticos cercanos. Otro hecho distintivo del carcinoma Espinocelular es que se desarrolla habitualmente en el contexto de una piel con manifestaciones de daño solar, y muchas veces sobre una lesión previa, preexistente, denominada queratosis solar. Las queratosis solares son así consideradas lesiones premalignas. Son lesiones pequeñas, rosadas, rugosas o ásperas al tacto, cubiertas por una pequeña escama que a veces se desprende. En general múltiples, al ser inducidas por la radiación solar se localizan en áreas expuestas: cara, dorso de manos. Son más frecuentes en individuos de piel blanca, pelo rubio o pelirrojo. En ocasiones se desarrolla sobre una úlcera crónica, o sobre cicatrices de quemaduras.

La consulta temprana frente a una lesión que crece más o menos rápido, de aspecto verrugoso, o que se ulcera, es esencial para posibilitar un diagnóstico precoz.

El tratamiento adecuado en las fases tempranas del tumor conlleva un muy alto porcentaje de curación. Por el contrario en las etapas avanzadas el pronóstico es malo, incluso con compromiso de vida.

Más agresivo, menos frecuente

El melanoma maligno es el menos frecuente, pero el más agresivo de los tumores de la piel. Y uno de los más malignos del organismo. Su incidencia se ha triplicado en las últimas décadas, con un índice de crecimiento mayor que cualquier otro tumor.

Afecta a individuos de cualquier edad, predominando en la cuarta y quinta décadas de la vida. Habitualmente se manifiesta como una lesión pigmentada.

La posibilidad de un melanoma debe considerarse cuando aparece una lesión pigmentada nueva, sobre piel previamente sana, o cuando un lunar preexistente sufre cambios o modificaciones en su color, tamaño, forma o superficie. Se puede manifestar como una mancha oscura, con sectores negros, otros castaños o marrones, rosados o rojos. Otras veces es una lesión saliente sobreelevada, que puede ulcerarse. Es muy agresivo, pudiendo dar metástasis regionales, ganglionares y viscerales. Existe evidencia que vincula el Melanoma con la radiación solar. Se ha establecido que las exposiciones intensas, esporádicas, con episodios de quemadura solar, sobre todo en los primeros años de la vida, predispone al desarrollo de Melanoma.

E l Melanoma es más frecuente en los individuos de ojos claros, pelo rubio o pelirrojo, piel blanca, «pecosos». Otro marcador de riesgo es la presencia de un número elevado de lunares.

Existe un tipo especial de lunares grandes, irregulares, de varias tonalidades y muy numerosos, que constituyen un muy importante marcador de riesgo de melanoma. Eventualmente pueden ser además, precursores del tumor.

Estas situaciones que indican cierta susceptibilidad, o configuran factores de riesgo, deben ser cuidadosamente controladas.

La fotoprotección y los controles periódicos son esenciales para la prevención y detección precoz del Melanoma.

El diagnóstico temprano y un tratamiento rápido es la única oportunidad de curación.

«Aún hoy, pese a los esfuerzos orientados hacia la prevención y a los avances en el diagnóstico del tumor, el número de muertes por melanoma sigue siendo alto. Bajar estos índices constituye un dramático desafío que la comunidad debe enfrentar responsablemente», sentenció el doctor Macedo, en nombre de los dermatólogos del país. *

Dr. Néstor A. Macedo.

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